Excelente camino

“Mas yo os muestro un camino aún más excelente”. Pablo. I Corintios, 12:31.

¡El excelente camino al que se refiere el Apóstol es el del Amor!… Sin duda, el don de la caridad es superior a todos los demás que, en suma, apenas existen en función del bien. Es posible que, en el inicio del Cristianismo, los núcleos nacientes sufriesen con las disputas intestinas de sus miembros, que tal vez hayan llegado a competir por la primacía de los dones espirituales…

Había, sí, una discusión acerca de quién sería el mayor en el Reino de los Cielos. La madre de los hijos de Zebedeo llegó a solicitar al Señor que sus dos hijos se sentasen, uno a su derecha y otro a su izquierda…

En su Carta a los Corintios, Pablo coloca el amor por encima del don de profetizar, de la lengua de los hombres y de los ángeles y de toda la ciencia… Él enfatiza el valor espiritual del hombre, de su valor intrínseco, sin depender de este o de aquel don que, en último análisis, son neutros, como neutro es, por ejemplo, el sentido del habla.

La mediúmnidad puede ser usada para objetivos superfluos, tal y como observamos en el campo de la curiosidad enfermiza o de la especulación sin provecho. ¿¡Cuántos médiums son instrumentos pasivos de las sombras!?, ¿¡cuántos forman, con los desencarnados, verdaderas cuadrillas en el comercio de la fe!?

Pablo, ciertamente inspirado por Jesús, a través de sus intérpretes junto a los hombres, destacó la excelencia del amor, como si quisiese decir que era preferible cualquier actitud de amor en la práctica de la solidaridad a la mediúmnidad ostensiva e inútil… O sea, tornando nuestro razonamiento más claro: es preferible que el hombre no ejerza la mediúmnidad, pero que ejerza la caridad, porque, sin duda, no hay facultad más sublime que la de ser intermediario del bien entre las personas. Además, la mediúmnidad, sea ella cual fuere, solo existe, repetimos, ¡en función del bien que puede hacer! La mano que auxilia con los parcos recursos que extiende de sí misma al necesitado, es más pródiga que aquella que no hace otra cosa más que canalizar donativos provenientes de otros…

Las sabias indicaciones y advertencias del Apóstol Pablo a los Corintios pacificaron los ánimos de los que se exaltaban, creyéndose privilegiados por sus dones de profetizar que, si realmente eran y son importantes, nunca excedieron o excederán el valor de una sola virtud puesta en práctica por quien quiera que sea. ¡Fueron los arrobos de amor los que hicieron que el Evangelio triunfase sobre las persecuciones sufridas a lo largo de los siglos! ¡Gracias a la ejemplificación de los profetas, más que a las revelaciones de las profecías, la Buena Nueva se fue imponiendo en las almas!…

Si el Espiritismo mucho debe a la mediúmnidad, debe mucho más a la caridad, que es el “espíritu” de la Doctrina. Así, pues, antes de aspirar a la mediúmnidad, deben los médiums ansiar la bondad que los habrá de convertir en apóstoles. Mediúmnidad sin bondad es flor sin perfume, día sin sol, fiesta sin alegría. Infelizmente, son innumerables los médiums que, de la casa espírita, solo conocen la sala de reuniones mediúmnicas… No participan en otras actividades ajenas a su interés personal, no saben, inclusive, de las dificultades económicas de la institución, no se envuelven en las tareas asistenciales… Siempre están cuestionando, discordando, polemizando… ¡Quieren, si fuera posible, ser médiums sin ser espíritas o, por otra, ser espíritas sin ser cristianos!

La mediúmnidad, reafirmamos lo que dijimos antes, no exime al médium del sudor que debe verter objetivando su propio progreso. No es un pasaporte para el Cielo: es una credencial de trabajo. La mediúmnidad no justifica, en el médium, sus equivocaciones, sus achaques, sus crisis de egocentrismo, ni las acciones absurdas que cometa…

Que los espíritas reflexionen, pues, si prefieren el camino de la mediúmnidad, que, generalmente, consume tantas energías y tanto tiempo o el camino de la caridad, donde, sin duda, habrán de producir los más positivos fenómenos para la consolidación de la fe en los corazones; que interpreten, directamente, sin necesidad de ningún intermediario, la voluntad de Dios, a través de las buenas obras que les nazcan de las manos empeñadas en servir… ¡He ahí el camino excelente, el camino que Pablo también se preocupó en trillar, más que cualquier otro!

El Sermón de la Montaña fue seguido por el episodio de la multiplicación de los panes con que Jesús atendió el hambre del pueblo – teoría y práctica que se aliaron, sublimes, para que la Luz brillase para siempre.

(Comunicación recibida por el médium Carlos A. Baccelli, en Uberaba, transcripta de Mediumnidad y apostolado, DIDIER, Votupuranga, SP, Brasil).

Odilón Fernades

Anuario Espirita 2013

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