Examina la propia aflicción

Examina la propia aflicción para que no se convierta tu inquietud en arrasadora tempestad emotiva.

Todas las aflicciones se caracterizan por tipos y nombres especiales.

La aflicción del egoísmo se llama egolatría.
La aflicción del vicio se llama delincuencia.
La aflicción de la agresividad se llama cólera.
La aflicción del crimen se llama remordimiento.
La aflicción del fanatismo se llama intolerancia.
La aflicción de la fuga se llama cobardía.
La aflicción de la envidia se llama de despecho.
La aflicción de la liviandad se llama insensatez.
La aflicción de la indisciplina se llama desorden.
La aflicción de la brutalidad se llama violencia.
La aflicción de la pereza se llama rebeldía.
La aflicción de la vanidad se llama locura.
La aflicción del relajamiento se llama evasiva.
La aflicción de la indiferencia se llama desánimo.
La aflicción de la inutilidad se llama queja.
La aflicción de la envidia se llama desespero.
La aflicción de la impaciencia se llama intemperancia.
La aflicción de la avaricia se llama miseria.
La aflicción de la injusticia se llama crueldad.

Cada criatura tiene la aflicción que le es propia.

La aflicción del reino doméstico y de la esfera profesional, del raciocinio y del sentimiento.

Los corazones unidos al sumo bien, con todo, saben que soportar las aflicciones menores del camino es evitar las aflicciones mayores de la vida y, por eso, solo ellos, anónimos héroes de la lucha cotidiana, la aflicción del relajamiento se llama evasiva.

Consiguen recibir y acumular en si mismos los talentos de amor y paz reservados por Jesús a los sufridores de la tierra, cuando pronunció en el monte la divina promesa:

“Bienaventurados los afligidos”.

Emmanuel

Del libro “Paz y liberación”
Medium Francisco Cándido Xavier.
Traducido por R Bertolinni

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