El sufrimiento en la espiritualidad

El sufrimiento de la humanidad no se restringe tan solo a los seres encarnados, llamados vivos, sino también a los seres desencarnados, criaturas que se encuentran igualmente vivas en la espiritualidad, pues el pasaje de un plano para otro no se hace en un salto, sino en un proceso que tiene, para el alma, una connotación de continuidad.

Este pensamiento está de acuerdo con el mensaje de André Luiz, en el libro En el Mundo Mayor, cuando afirma:“Es inútil suponer que la muerte física ofrezca solución pacífica a los espíritus en extremo desequilibrio, que entregan el cuerpo a los desarreglos pasionales. La locura, en que se debaten, no procede de simples modificaciones del cerebro: dimana de la disociación de centros periespiríticos, lo que exige largos periodos de reparación”.

Es el sufrimiento resultante de las faltas acumuladas en el periespíritu, durante la existencia física, y que no pudieron ser resarcidas, pasando a la espiritualidad…

Comprometidos por las faltas que cometieron durante la vida biológica, los espíritus están marcados por sufrimientos que los llevan al arrepentimiento, al remordimiento, a la angustia y a la aflicción, por haber causado alguna forma de agresividad a sus semejantes o a sí mismos.

Puede ocurrir que muchos espíritus todavía se mantengan con sus tendencias negativas, y continúen cometiendo acciones de desamor contra sus hermanos encarnados y desencarnados y, en consecuencia, aumentan sus cargas deletéreas periespirituales. Con todo, en el plano en que se encuentran, también pueden encontrar recursos para reparar o aminorar sus faltas, visto que los espíritus que manifiestan arrepentimiento y buena voluntad, gozan, igualmente del privilegio de contar con la misericordia infinita de Dios, y tendrán la oportunidad de perfeccionarse y ascender a situaciones más favorables de desarrollo.

En El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec, existe la pregunta: “Cuando un espíritu sufre, ¿qué clase de sufrimiento experimenta?”. Y la respuesta dice: “Angustias morales que le atormentan más dolorosamente que los sufrimientos físicos”. En el mismo libro, Allan Kardec haciendo comentarios sobre los sufrimientos del ser humano, dice que: “Lo mismo se da con el Espíritu. Los sufrimientos por los que pasa son siempre la consecuencia de la forma en que vivió en la Tierra. Cierto que ya no sufrirá más de gota ni de reumatismo; sin embargo, experimentará otros sufrimientos que no tienen nada que envidiar a los primeros”.

Y continuando en la obra citada, Allan Kardec habla sobre la metodología utilizada para la búsqueda del sufrimiento de los espíritus: “Preguntamos a millares de Espíritus que en la Tierra pertenecieron a toda las clases de la sociedad, que ocuparon todas las posiciones sociales; los estudiamos en todos los periodos de la vida espírita, a partir del momento en que abandonaron el cuerpo”. Y continua en el mismo párrafo: “notamos siempre que los sufrimientos tenían relación con el proceder que ellos tuvieron y cuyas consecuencias experimentaban; que a otra vida y fuente de inefable ventura para los que siguieron el buen camino”.

Hablando sobre la vida de los espíritus, el autor esclarece en el mismo libro: “Vimos que su sufrir resulta de los lazos que todavía lo atan a la materia; que cuanto más libre estuviera de la influencia de esta, por otra, cuanto más desmaterializado se halle, menos dolorosas sensaciones experimentará. Ahora, está en sus manos librarse de tal influencia desde la vida actual”.

En esas enseñanzas, el insigne maestro lionés, da, al ser humano, la llave para prevenir, para hacer la profilaxis de los sufrimientos espirituales, mientras se encuentra en la vida física, disponiendo del libre albedrío, de la facultad de decidir entre practicar el bien o el mal. En ese sentido recomienda en el Libro de los Espíritus: “Dome sus pasiones animales; no alimente odio, ni envidia, ni celos, ni orgullo; no se deje dominar por el egoísmo; purifíquese, nutriendo buenos sentimientos; practique el bien; no dé a las cosas de este mundo la importancia que no merecen; y, entonces, todavía revestido del involucro corporal, ya estará depurado, ya estará liberado del yugo de la materia y, cuando deje ese involucro, ya no sufrirá la influencia”.

Si el ser humano se motiva para vivir según esas recomendaciones, de purificarse, de tener buenos sentimientos, de practicar el bien, de dominar el egoísmo y las pasiones inferiores, habrá hecho prácticamente su reforma íntima, proporcionando al alma condiciones para ascender a planos más elevados de evolución, y ninguna perturbación menos digna podrá detenerlo, ya que se encuentra libre de cualquier sufrimiento moral. Una ley soberana preside el destino de los seres humanos, incluyendo, igualmente, a nuestros hermanos de la espiritualidad. Es la ley del amor que emana de Dios, hacia todas las criaturas.

Extraído del libro «Enfermedades del alma»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.