Enseñemos humildad

En la propaganda espirita y en la extensión del evangelio, es necesario atender a la tarea básica que nos cabe cumplir.

Enseñaremos humildad con frases oportunas y bien hechas; entretanto, si el orgullo aún vive con nosotros, toda nuestra conceptuación primorosa es simple ruido al viento.

Predicaremos el impositivo de la fe, movilizando indicaciones de los grandes instructores. Sin embargo, si no revelamos confianza en Dios y en nosotros mismos, el prójimo necesitado encontrará en nuestro interior solo el sermón precioso y vacío.

Encareceremos la obligación de la caridad, como recurso exclusivo en la sustentación de la armonía entre las criaturas. No obstante, si el egoísmo se oculta en la ciudadela de nuestro espíritu, en vano recorreremos al socorro de la virtud, a la vez que la sinceridad no nos iluminará el camino.

Demostraremos con robusta argumentación el valor del trabajo como factor de progreso, con todo, si confiamos nuestra vida a la rebeldía y a la ociosidad, nuestras llamadas redundarán en pura inutilidad, porque el óxido de nuestra existencia contagiará quien nos escuche, generando perturbación e indisciplina.

Somos, así, en todas partes y en todas las situaciones, enfrentados por una obra esencial en cuya ejecución no conseguiremos huir sin daño grave. Esa obra reside en el perfeccionamiento de nuestra propia alma. Somos el problema neurálgico de la salvación terrestre.

Sin nuestra elevación personal, el hogar que nos acoge es incapaz de alzarse. Y sin la rehabilitación de nuestro templo doméstico, estará siempre incompleta la recuperación social que pretendemos efectuar con el Cristo.

Despertemos, de ese modo, para las exigencias de la Vida Eterna. Construyamos en nosotros la humildad y el amor, la fe y el servicio.

Al lucero del Evangelio, la Humanidad es la asamblea que estudia y examina, esperándonos el testimonio renovador.

Pidamos, pues, a cristo, la fuerza precisa para la superación de nuestras propias debilidades, en la convicción de que, perfeccionándonos con sinceridad a nosotros mismos, delante del mundo, Jesús, por la redención del mundo, hará brillantemente el resto.

Emmanuel

Del libro “Paz y liberación”
Médium Francisco Cándido Xavier.
Traducido por R Bertolinni

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