Casamiento y Familia

Delante de las contestaciones que aumentan, en la actualidad, predicando la reforma de los hábitos y costumbres, surgen los demoledores de mitos y de Instituciones, señalando necesidades de una nueva orden que parece asentar las bases en la anarquía.

La onda crece y el delirio domina, avasallador amenazando a los más nobles patrimonios de la cultura, de la ética y de la civilización, conquistados bajo obligaciones pesadas, en el largo proceso histórico de la evolución del hombre.

Los aficionados de la revolución destructora afirman que valores ahora considerados, son falsos, cuando no fallidos, que los mismos vienen comprimiendo al individuo, a la sociedad y a las masas, que permanecen uncidos al servilismo y a la hipocresía, generando fenómenos alucinatorios y manteniendo, en la miseria de varios matices, gran parte de la humanidad.

Entre las instituciones que, para ellos, se presentan sobrepasados, destacan el matrimonio y la familia, proponiendo la promiscuidad sexual, que disfrazan con el nombre “amor libre”, y la independencia del joven, inmaduro e inconsecuente, bajo la justificativa de libertad personal, que no puede ni debe ser asfixiada bajo los impositivos del orden, de la disciplina, de la educación…

Excediéndose, en la arbitrariedad de las propuestas ideológicas aun no confirmadas por la experiencia social ni por la convivencia en la comunidad, afirman que el niño y el joven no son dependientes como parecen, pudiendo defenderse y realizarse, sin la necesidad de la estructura familiar, lo que libera a los padres negligentes de mantener los vínculos conyugales, separándose tan pronto enfrentan insatisfacciones y desajustes, sin que se preocupen con la descendencia.

– No es necesario que analicemos los problemas existenciales de estos días, ni que hagamos una valoración de los comportamientos alienados, que parecen resultar de la insatisfacción, de la rebeldía y del desequilibrio, que se propagan en larga escala.

No podemos, sin embargo, en una visión apresada, mediante examen superficial, acusar al matrimonio de los fracasos de las uniones carnales, sin la madurez emocional de las parejas, ni el instituto de la familia, aun víctima de tal situación.

La monogamia es conquista de alto valor moral de la criatura humana, que se dignifica por el amor y respeto al ser elegido, con él compartiendo alegrías y dificultades, bienestar y sufrimientos, dando margen a las expresiones de afectos profundos, que se manifiesta sin la dependencia de los condimentos sexuales, ni de los impulsos más primarios de la posesión, del deseo insano.

Utilizándose de la razón, el hombre comprende que la vida biológica es una experiencia muy rápida, que aún no alcanzó biotipos de perfección, gracias a lo que, es frágil, susceptible de dolores, enfermedades, limitaciones, siendo, los estadios de la infancia como el de la juventud, preparatorios para los periodos del adulto y de la vejez. Así, el desgaste y el abuso de ahora se tornan carencia e infortunio más tarde, en la maquinaria que debe ser preservada y conducida con moderación.

Profundizando el concepto sobre la vida, se le constata la anterioridad a la cuna y a la continuidad después del túmulo, en una realidad de interacción espiritual con objetivos definidos e inamovibles, que son los mecanismos inalienables del progreso, en cuyo contexto todo se encuentra bajo impositivos divinos escrito en las leyes universales. De ese modo, baratear, por la vulgaridad, la vida y tirarla a situaciones vejatorias, destructivas, constituye un crimen, incluso cuando no es catalogado por las leyes de la justicia, registradas en los transitorios códigos humanos.

El matrimonio es una experiencia emocional que propicia la comunión afectiva, de la cual resulta la prole bajo la responsabilidad de los cónyuges, que se nutren de estímulos vitales, intercambiando hormonas preservadoras del bienestar físico y psicológico.

No es, ni podría ser, una incursión a los padres de la felicidad, hecha de sueños y de ilusiones.

Representa una tentativa, en el área de la educación del sexo, ejercitando la fraternidad y el entendimiento, que capacitan a las criaturas para más largas incursiones en el área del relacionamiento social. Al mismo tiempo, la familia constituye la célula experimental, en la cual se forjan valores elevados y se preparan los individuos para una convivencia saludable en el órgano universal, donde todos nos encontramos fijados.

El único error, en el momento, es del hombre, que perturba, e insumiso, desea subvertir el orden establecido, a su talante, en vanas tentativas de cambiar la línea del equilibrio, dando margen a las alienaciones en que se sumerge.

Ciertamente, muchos factores sociológicos, psicológicos, religiosos y económicos contribuyeron para este fenómeno. No obstante, son injustificables los comportamientos que invisten contra las instituciones objetivando demolerlas, al revés de ayudar de forma edificante en favor de la renovación de lo que puede ser recuperado, bien como de la transformación de aquello que se encuentra sobrepasado.

El proceso de la evolución es inevitable. Sin embargo, la agresión, por la violencia, contra las conquistas que deben ser alteradas, genera daños más graves que aquellos que buscan corregir.

El hogar, estructurado en el amor y en el respeto a los derechos de sus miembros, es el muelle que propulsa el progreso general y la felicidad de cada uno, como de todos en su conjunto. Para ese deseo, son fijados compromisos de unión antes de la cuna, estableciéndose directrices para la familia, cuyos miembros se vuelven a reunir con finalidades específicas de recuperación espiritual y de crecimiento intelecto-moral, en el rumbo de la perfección relativa que todos alcanzarán.

Esta es la finalidad primera de la reencarnación. La precipitación y el desgobierno de las emociones responden por la ruptura de la responsabilidad asumida, llevando muchos individuos al naufragio conyugal y a la falencia familiar por exclusiva responsabilidad de ellos mismos. Mientras haya el sentimiento de amor en el corazón del hombre, y él siempre existirá, por ser manifestación de Dios ínsita en la vida, el matrimonio permanecerá, y la familia continuará siendo la célula fundamental de la sociedad.

Esforzarse para la preservación de los valores morales, establecidos por la necesidad del progreso espiritual, es de todos que, unidos, contribuirán para una vida mejor y una humanidad más feliz, en la cual el bien será respuesta primera de todas las aspiraciones.
Benedita Fernandes

Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “S.O.S Familia”
Traducido por R Bertolinni

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