Familia

Concepto – agrupamiento de raza, de caracteres y géneros semejantes, resultado de agregaciones afines, la familia genéricamente representa el clan social o de sintonía por identidad que reúne especímenes dentro de la misma clasificación.

Jurídicamente, pues, la familia se deriva de la unión de dos seres que se eligen para una vida en común, a través de un contrato, dando origen a la generación de la misma especie.

Pequeña república fundamental para el equilibrio de la gran república humana representada por la nación.

La familia tiene sus propias leyes, que consustancian las reglas del buen comportamiento dentro del impositivo ético, recíproco entre sus miembros, favorable a la perfecta armonía que debe vigilar bajo el mismo techo en que se agasajan los que se unen.

Animal social, naturalmente monógamo, el hombre, en su generalidad, solamente se realiza cuando comparte necesidades y aspiraciones en la coyuntura elevada del hogar.
El hogar, no obstante, no puede ser configurado como la edificación material, capaz de ofrecer seguridad y paz a los que ahí se resguardan.

La casa es el cemento, los ladrillos, el techo, los cimientos y los muebles, mientras el hogar son renuncia y la dedicación, el silencio y el cuidado que se permiten a aquellos que se vinculan por la elección afectiva o a través del impositivo consanguíneo, consecuente de la unión.

La familia, debido a eso, es el grupo de espíritus normalmente necesitados, desajustados, en compromiso inaplazable para la reparación, gracias a la contingencia reencarnatória.

Así, familias espirituales frecuentemente se reúnen en la Tierra en domicilios físicos diferentes, para las realizaciones ennoblecedores con que siempre vienen a brazos los constructores del Mundo.

Retornan en el mismo grupo consanguíneo los espíritus afines, a cuya oportunidad a veces prefieren renunciar, de modo para conceder a los desafectos y rebeldes del pasado la oportunidad de la necesaria evolución, de la cual disfrutarán después de las renuncias a las esperadas uniones en el Mundo Espiritual…

Modernamente, ante la precipitación de los conceptos que generalizan en la vulgaridad los valores éticos, se tiene la impresión de que vuela una ruda amenaza sobre la estabilidad de la familia.

Más que nunca, pues, el conjunto doméstico se debe imponer para la sobrevivencia a beneficio de la soberanía de la propia Humanidad. La familia es más que el resultado genético… Son los ideales, los sueños, los anhelos, las luchas y arduas tareas, los sufrimientos y las aspiraciones, las tradiciones morales elevadas que se cimentan en los vínculos de la concepción divina, en el mismo grupo doméstico donde crecen las nobles expresiones de la elevación espiritual en la Tierra. Cuando la familia corre peligro, por esta o aquella razón, sin duda la sociedad está a un paso del fracaso…

Histórico – Gracias al instinto gregario, el hombre, por exigencia de la preservación de la vida, se vio conducido a la necesidad de la cooperación recíproca, a fin de sobrevivir frente a las ásperas circunstancias en los lugares donde fue colocado para evolucionar.

La unión en las necesidades, inspiró las soluciones para los múltiples problemas resultados de la aparente desunión, que lo hacía sufrir, al luchar contra los múltiples factores negativos que había por bien superar.

Formando los primitivos agrupamientos en semi-barbarie, nacieron los comienzos de las elecciones afectivas, de la defensa de los dependientes y sumisos, surgiendo los relámpagos de la aglutinación familiar.

De los tiempos primitivos a los de la Civilización de la Antigüedad Oriental, los valores culturales impusieron lentamente las reglas de comportamiento con relación a los padres, representativos de los legisladores, personificados en los ancianos; de estos para los hijos, por la fragilidad y dependencia que siempre inspiran; entre hermanos, por la convivencia pacífica indispensable para la fortaleza de la especie; o recíprocamente entre los más cercanos, aunque no subordinados al mismo techo, en una extensión del propio clan, ensayando los pasos en la dirección de la familia extendida…

Grecia, aturdida por la hegemonía militar espartana, no consideró debidamente la unión familiar, lo que motivó a su destrucción, salvada Atenas que, no obstante, amando el arte y la belleza, reservaba al Estado los deberes pertenecientes a la familia, facultándola a sobrevivir por tiempo mayor, pero no intentando alcanzar el programa estético y superior a que se propusieron sus excelentes filósofos.

La Roma le cabía esa indeclinable tarea, al principio reservada al patriciado, y después, a través de leyes coordenadas por el Senado, que alcanzaron las clases agrícolas, militares, artísticas y la plebe, facultando derechos y deberes que, aunque las hediondas e infelices guerras, se fueron fijando en el sustrato social y estableciendo los convenios que el amor sancionó y fijó como técnica segura de dignificación del propio hombre, en el Conjunto de la familia.

La Edad Media, caracterizada por la supremacía de la ignorancia, desfiguró la familia con el impositivo de ser donados los hijos a la Iglesia y al señor feudal dominador, debilitando por siglos la marcha del espíritu humano.

A los enciclopedistas fue reservada la grandiosa misión de, estableciendo los códigos de los derechos humanos, reestructuraron la familia en bases de respeto para la felicidad de las criaturas. Sin embargo, la dialéctica materialista y los modernos conceptos sensualistas, proscribiendo el matrimonio y prescribiendo el amor libre, vuelven a investir contra la organización familiar por medio de métodos aberrantes, transitorios, y cierto, pero que no conseguirán, en absoluto, ningún triunfo significativo.

Son de la naturaleza humana la fidelidad, la cooperación y la fraternidad como pálidas manifestaciones del amor en una extensión eficaz. Tales valores se protegen, sin duda, en el hogar, en el seno de la familia, donde se reúnen fuerzas morales y se caldean sentimientos en la forja de la convivencia doméstica. A pesar de la poliandria haber generado el matriarcado y la promiscuidad sexual femenina, la poligamia, eligiendo el patriarcado, no fue de menos infelices consecuencias.

Según el eminente jurista suizo Bachofen, que procedió las investigaciones historias inigualables sobre el problema de la poliandria, la mujer se sentía repugnada y vencida por la vulgaridad y abuso sexual, de cuya actitud surgiría el régimen monogámico, que ahora es aceptado por casi todos los pueblos de la Tierra.

Conclusión – La familia, sin embargo, para lograr la finalidad a que se destina, debe comenzar desde los primeros arrobos de la búsqueda afectiva, en que las realizaciones morales deben sublevar a las sensaciones sexuales de breve durabilidad.

Cuando los jóvenes deciden unirse, impelidos por las imposiciones carnales, la futura familia ya padece una amenaza grave, ya que, en ninguna estructura se fundamenta para resistir a los naturales embates que la unión a dos arrastra, en el plano del ajustamiento emocional y social, complicándose, naturalmente, cuando surge la descendencia.

Se habla sobre la necesidad de los exámenes prenupciales, sin duda necesarios, pero lamentable descaso por la preparación psicológica de los futuros prometidos, con relación a los encargos y a las responsabilidades esponsalicias y familiares.

La Doctrina Espirita, actualizando la lección evangélica, enseña en la familia esclarecida espiritualmente la Humanidad dichosa del futuro prometedor. Sustentándola en las enseñanzas del Cristo y en las Lecciones de la recta conducta, a pesar de la locura generalizada que irrumpe en todas las circunstancias, es el deber mínimo de que nadie se puede eximir.

Joanna de Ângelis

Estudio y meditación:

“¿Es contrario a la ley de la Naturaleza el matrimonio, esto es, la unión permanente de dos seres?

“Es un progreso de la marcha de la Humanidad”

(El libro de los Espíritus, Allan Kardec, pregunta 695)

“(…) No son los de la consanguinidad los verdaderos lazos de familia y si los de la simpatía y de la comunión de ideales, los cuales unen los Espíritus antes, durante y después de sus encarnaciones. Se sigue que dos seres nacidos de padres diferentes pueden ser más hermanos por el Espíritu, que si lo fuesen por la sangre (…)”

(El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec, capítulo 14º, ítem 8.)

Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “S.O.S Familia”

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