Recordando la navidad

El mayor de todos los conquistadores en la faz de la tierra conocida, de antemano, las dificultades del campo en que le cabía operar.

Sabía de qué entre las criaturas humanas no encontraría lugar para nacer, a la vista del egoísmo que les cerraba los corazones.

No obstante, las buscó, espontáneo, albergándose en la choza de los animales.

Sabía que los doctores de la ley lo escucharían indiferentes a las enseñanzas de la vida eterna de que se hacía portador. Con todo, les entregó, con confianza, la divina palabra.

No desconocía que contaba, simplemente, con hombres frágiles e iletrados para la divulgación de los principios redentores que vibraban en su plataforma sublime, y los abrazó tales como eran.

Reconocía que las tribunas de la gloria cultural de su tiempo se le mantenían cerradas, pero transmitió las buenas nuevas del reino de la luz a la multitud de necesitados, inscribiéndolas en el alma del pueblo.

No ignoraba que el mal agredía sus manos generosas por el bien que esparcía. Entretanto, no dejó de soportar la ingratitud y la crueldad sin dulzura y entendimiento.

Permanecía convencido, de que las nociones de la verdad y amor que llevaba levantarían contra él las jaurías de la persecución y del odio. Sin embargo, no desertó del apostolado, aceptando, sin quejarse, el suplicio de la cruz con la que ahogaban su voz.

Y por esto que la navidad no es solo la promesa de la fraternidad y de la paz que se renueva alegremente entre los hombres sino, encima de todo, es el reiterado mensaje del cristo que nos induce a servir siempre, comprendiendo que el mundo puede mostrar deficiencias e imperfecciones, tinieblas y llagas, que es nuestro deber amarlo y ayudarlo incluso así.

Emmanuel

Del libro “Paz y liberación”
Médium Francisco Cándido Xavier.
Traducido por R Bertolinni

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