Divino sembrador

Jesús es el sublime sembrador de la tierra y la humanidad es la labranza de Dios en sus divinas manos.

Acordémonos, de esta forma, de la renuncia exigida a la semilla llamada a la producción y que se destina al granero, para que no vengamos a sucumbir en nuestras tareas.

Tirada al nido oscuro de la tierra en que debe florecer, sufre el extremo abandono, ahogada al peso del suelo que le aplasta el envoltorio.

Sola y oprimida, se desenrolla de las fuerzas inferiores que la reprimen, a fin de que sus principios germinativos consigan recibir la bendición del cielo.

Con todo, mal despunta, habitualmente padece el asalto de gusanos que le maculan su interior, cuando no experimenta la avalancha de barro por fuerzas de los temporales.

Aun así, oscura y modesta, la planta humilde cree instintivamente en la sabiduría de la naturaleza, que le plasmó la existencia, y crece para el brillo solar, vistiéndose de frondas tiernas y floreciendo en melodías de perfume y belleza para fructificar, más tarde, en los valiosos recursos que sustentan la vida.

Al frente, pues, del sembrador divino, no desanimes ante los pesares de la incomprensión y del aislamiento, de las tentaciones y de las pruebas aflictivas y rudas. Cree en el poder divino que te creó para la inmortal edad victoriosa. Y, en el silencio del trabajo incesante en el bien a que fuiste traído, levántate para la luz soberana, en la certeza de que a través de la integración con el amor puro que nos rige los destinos, llegarás, bajo la generosa protección del celeste agricultor, a la fructificación de la verdadera felicidad.

Emmanuel

Del libro “Paz y liberación”
Médium Francisco Cándido Xavier.
Traducido por R Bertolinni

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