La asistencia de los guías

Hola queridos hermanos: Hoy quisiera hablaros de los Guías, de esos amigos que todos los espíritus, encarnados o desencarnados, tenemos.

En el Cosmos no hay ningún ser desheredado. Y todos, mientras vamos avanzando en el largo camino de la Vida, aunque no lo sepamos o queramos ignorarlo, tenemos junto a nosotros, la grata presencia de nuestros Guías, que nos ayudan, nos apoyan, nos envían sus sabios consejos y se esfuerzan al máximo para que no erremos el camino, no obstante nosotros usemos en todo momento de nuestro libre albedrío.

Sin la ayuda de los espíritus protectores, el camino sería más difícil, ¡mucho más difícil!. Imaginaos por un momento, a un niño que fuera a la escuela, pero que en las aulas no hubiera maestros, a ese niño le seria muy penoso aprender incluso las cosas más insignificantes. Igualmente sucedería, que sin el concurso de nuestros Guías y de su importante ayuda, nos resultaría más trabajoso progresar. Habéis tenido ocasión de observar, que en el momento que un espíritu abre los ojos al mundo espiritual y ve a sus Guías, se siente atraído poderosamente hacia ellos por muchas razones, hay veces que os dicen, que ven unos seres muy agradables, que parecen ser comprensivos, pero lo que en realidad siente el espíritu esclarecido, es la fuerte llamada del Amor espiritual. Es una llamada desconocida por él en aquel momento, pero la percibe en lo más hondo de su ser.

Uno se siente atraído hacia Ellos, una gran necesidad te empuja, creo que esto es una más de las muchas leyes que existen en el Universo, para ayudar al ser a evolucionar. Si el espíritu cerrara sus oídos a esta llamada, no encontraría con tanta rapidez el camino hacia el mundo espiritual, lo que equivale a decir, encontrarse a sí mismo, y meditar lo que han sido sus actos en la Tierra para hacerse un firme propósito de enmienda en vistas al porvenir.

Hermanos, esta es sólo mi modesta opinión, soy un espíritu que vi la Luz junto a vosotros y quizá esté hablando únicamente de mi experiencia, de lo que sentí y de como me comporté al ver frente a mí a estos seres tan queridos. Sé ahora, que mis Guías han estado ayudándome a través de los siglos. Queridos hermanos, aprovecho esta ocasión para daros las gracias de nuevo, por la ayuda recibida y pediros que nunca dejéis de llevar a cabo este trabajo de amor espiritual.

Adiós.

Igualada, 24-04-1993

María Dolors Figueras
Extraído del libro “El despertar del alma”

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