Capítulo I El plan B

Asamblea reducida en el auditorio del Centro Preparatorio para la Reencarnación, en una colonia refugio de las Almas, en las cercanías de la costra terrestre.

Decenas de Espíritus, a las vísperas de una nueva entrada en la carne, escuchaban las consideraciones finales de Augusto, noble dirigente de la institución:

-… Como sabemos, el retorno a las luchas humanas es indispensable en el nivel evolutivo en que nos encontramos. Experiencia penosa. Sometidos a limitaciones variadas, impuestas por la cárcel física, olvidados del pasado, lidiamos con dificultades para cumplir nuestros proyectos reencarnatórios, incluso porque hablan alto en nosotros viejas tendencias inferiores.

No obstante, fijan en la memoria la consciencia de que no estarán solos. Mentores los acompañarán, sustentándoles el ánimo, en el cumplimiento de sus deberes.

El cultivo de la oración les permitirá en todos los momentos, particularmente en los más difíciles, recibir asistencia y orientación por los conductos de la inspiración.

Internalicen la certeza de que el estudio y la vivencia de los principios evangélicos constituirán, el supremo recurso, para que guarden fidelidad los compromisos asumidos, y transiten con seguridad por los accidentados caminos humanos.

Que nuestro Maestro excelso nos inspire e ilumine siempre.

Terminada la exhortación, Roberto y Cristina intercambiaban impresiones con Carlos y

Fernando, que serían sus monitores durante la jornada que iban a comenzar.

Las religiones tradicionales hablan de ángeles de la guarda, seres especiales nombrados por el Creador para amparar a Sus criaturas, desde el nacimiento.

La Doctrina Espirita nos ofrece una visión más objetiva sobre el asunto, demostrando que esos protectores son Espíritus familiares.

A propósito, en El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec revela que hay familias carnales y familias espirituales.

Las primeras son formadas por Espíritus que se unen por consanguinidad, pero no siempre por afectividad. Pueden desarrollarla a lo largo del tiempo o seguir cada cual su propio rumbo.

Las segundas reúnen Espíritus afines que tienen experiencias milenarias en común, amparándose mutuamente. Los mentores espirituales, los guías, son miembros integrantes, situándose más desarrollados en sus potencialidades espirituales.

Roberto y Cristina desde hace siglos estrechaban lazos de afectividad que los identificaban como almas gemelas.

Oportuno considerar, amigo lector, que ese concepto no es al respecto de Espíritus creados juntos, sino aquellos que, en el círculo de las familias espirituales, mantienen una unión más íntima. Ambos habían fallado muchas veces en experiencias pasadas, recogiendo frustraciones, ampliando débitos, pero eran ahora suficientemente maduros como para asumir tareas en favor de su progreso y bienestar.

Decía Cristina:

– Lo que más me preocupa es el olvido. Se que es necesario, que funcionará en nuestro beneficio, pero temo reincidir en los mismos engaños.

Fernando, procurando apartar sus temores, explicó:

– Sin duda, el gran desafío de la jornada humana es observar el planeamiento reencarnatório. Como dijo Augusto, pesan sobre nosotros las tendencias del pasado, nuestra fragilidad. No obstante, ambos se dedicarán intensamente al aprendizaje relacionado con la Medicina. Experimentarán desde el principio la vocación para cuidar la salud humana, manifestándose en tendencias e impulsos que se inclinarán más precisamente en la juventud. El ideal iluminará sus caminos y los ayudará a superar las dificultades.
Sonriente, añadió:

– Y consideren ambos que, por misericordia divina, irán a encontrarse en las luchas humanas. Es un regalo poder ampararse mutuamente. Eso les permitirá enfrentar con seguridad los desafíos que tendrán por delante, sin desvíos, sin compromisos.

– Dios lo escuche, Fernando. Roberto será mi puerto seguro, pero temo lo que pueda acontecer hasta que nos encontremos.

Roberto le besó las manos, en un cariñoso gesto y, buscando calmar sus inquietudes, habló convencido:

– ¿Ahora, mi querida, que temores son esos? Contaremos con el apoyo del personal de la institución. Todo fue bien programado. ¡Va a funcionar!

– Temo disgustarte, amor. Guarda plena consciencia de nuestros deberes y del amor que nos une, bendición de Dios en nuestras vidas. No obstante, he visto compañeros que parten llenos de buenas intenciones, pero acaban por desviarse, poniendo a perder largos preparativos y frustrando las expectativas de nuestros mentores.

Carlos concordó.

– No es fácil, sin duda, mantener fidelidad al destino que trazamos, teniendo en vista nuestras fragilidades, pero consideremos que nadie crece sin enfrentar desafíos.

¡Confiemos en Dios!

Libro nº50 – 2010 El plan B. Romance. Editora: CEAC-Bauru. Buenas ideas.

Richard Simonetti

Extraído del libro “La fuerza de las ideas”
Traducido por R Bertolinni.

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