Parientes muertos

No olvides que más allá de la muerte continúa viviendo y luchando el espíritu amado que partió…

Tus lágrimas son gotas de hiel en su copa de esperanza.

Tus aflicciones son espinos implantándose en su corazón.

Tu amargura destructiva es como nieve de angustia congelándole los sueños.

Tu tristeza es sombra oscureciéndole la nueva senda.

Por más que la separación te lacere el alma sensible, levántate y sigue para adelante, honrando su confianza con la fiel ejecución de las tareas que el mundo te reservó.

No vale la deserción del sufrimiento, porque la fuga es siempre la dilatación del laberinto que nos arroja a la falta de vigilancia, obligándonos a gastar largo tiempo en la recuperación del rumbo correcto.

Recuerda que la ley de renovación alcanza a todos, y ayuda a quien te antecedió en el gran viaje con el valor de tu renuncia y con la fortaleza de tu fe, sin desanimarse en el trabajo, nuestro invariable camino para el triunfo.

Convierte el dolor en lección y la salud en consuelo porque, de otros dominios vibratorios, los afectos inolvidables acompañan tus pasos, regocijándose con tus otras victorias solitarias, puertas adentro de tu mundo interior.

Todas las pruebas tienen por objetivo el perfeccionamiento del aprendiz y, de momento, no pasamos de meros aprendices en la tierra, acumulando el conocimiento y la virtud, en gradual y laboriosa ascensión para la vida eterna.

Dios, la suprema sabiduría y la suprema bondad, no crearía la inteligencia y el amor, la belleza y la vida, para lanzarla a las tinieblas.

Repara en torno de tus propios pasos. A cada noche en el mundo, se sigue el esplendor del amanecer.

El invierno áspero es sucedido por la primavera estuante del renacimiento y floración.
La oruga, que hoy se arrastra por el suelo, mañana librará en pleno espacio con alas multicolores de mariposa.

Nada perece. Todo se transforma en la dirección del infinito bien.

Comprendiendo, de esta forma, la verdad, atesorando sus bendiciones, aprendemos a encontrar en la muerte el gran portal de la vida y estaremos incorporando, en nuestro propio espíritu, la luz inextinguible de la gloriosa inmortalidad.

Emmanuel

Del libro “Paz y liberación”
Médium Francisco Cándido Xavier.

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