El cangrejo

El predicador anunció:

– Mis queridos compañeros de ideal, tengo tres noticias. La primea es mala. Es al respecto de algo que todos ya notaron: nuestro templo está en pésimas condiciones. Necesita de una reforma.

– ¡Oh!…

– La segunda es buena: ¡tenemos el dinero!

– ¡Ah!…

– La tercera puede ser buena o mala. Depende de cada uno. ¡El dinero está en el bolsillo de ustedes!

– ¡Ui!…

Esa pintoresca historia se ajusta con perfección en los trabajos espiritas: Hay dinero para mantener y dinamizar los Centros Espiritas, en reformas y ampliación de servicios. Solo hay un problemilla: Está en el bolsillo de los espiritas. Importante, a propósito, considerar la máxima de Kardec:

Fuera de la caridad no hay salvación.

Los Centros bien orientados se transforman en células actuantes y emprendedoras. Más allá de la actividad doctrinaria, hay la asistencia y promoción de familias carentes, en guarderías, hospitales, escuelas, albergues, hogares de infancia y de tercera edad…

Está implícita en los textos doctrinarios permanente convocación a las actividades voluntarias en favor del bien común. Es necesario estar muy distraído o indiferente para no percibir esto.

***

Infelizmente, partiendo del principio de que el Espiritismo es la doctrina de la conciencia libre, esas iniciativas quedan al libre albedrío de las personas que, incluso cuando se concientizan, tienden a establecer cotas mínimas de participación y contribución. Eso ocurre particularmente con relación al dinero, al llamado vil metal, cuando usado en intereses personales, pero que podría ser transformado en metal noble para atender a las carencias humanas. En muchos Centros ese asunto es tabú. Se alega que hablar de dinero daría la impresión de que estamos cobrando por beneficios prestados a aquellos que buscan ayuda espiritual. Ponen cuotas algunos directores para gastos básicos- conserje, agua, luz, teléfono, limpieza…

Cuando se piensa de cualquier novedad, envolviendo un servicio asistencial, la pintura inaplazable, la ampliación necesaria, el gasto inesperado, dan vueltas a la cabeza, pensando en almuerzos, bazares, mercadillos, sorteos, campañas de periódicos, libros, vidrio, botellas, aluminio, plástico, y todo lo demás que pueda rendir algunos intercambios.

Es loable, pero sería mucho más práctico y productivo si todos se dispusiesen a contribuir regularmente, considerando que integran una sociedad espirita que, como ocurre con todas ellas, debe exigir de sus participantes el cumplimiento de determinados deberes estatuarios, comenzando por lo elemental – efectuar una contribución mensual.

***

Otra cuestión espinosa: el valor de la contribución. Generalmente las personas ofrecen sobras. Justamente por eso muchos no contribuyen. Y, que, según sus programas, hay siempre compromisos inaplazables que absorben las disponibilidades.

– Estoy reformando mi casa…

– Viajaré de vacaciones…

– Cambié de coche…

– Amplié mis negocios…

– Hice una inversión…

– Mi hijo entró en la facultad…

– Hay gente enferma en casa…

Oportuno recordar el pasaje evangélico de la viuda pobre, en Lucas, 21:1-4:

Y mirando, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de la limosna. Y vio también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos pequeñas monedas.

Y dijo:

En verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos; porque todos éstos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.

La observación del Maestro es de meridiana claridad. Mientras nuestras contribuciones giran en torno a las sobras, poco haremos, dado que en la contabilidad de los intereses particulares siempre falta lo necesario. Incluso generosos pagos son registrados como reserva técnica para atender a problemas eventuales.

Resultado – nunca sobra nada.

La experiencia demuestra que, cuando superamos esa tendencia y nos disponemos a contribuir generosamente, somos recompensados con bendiciones que el dinero no puede comprar.

Me acuerdo de un amigo, comprometido con la usura. Para desespero suyo, gastaba mucho con problemas de salud, personales y familiares.

Nunca tenía disponibilidad para ofrecer, siempre temeroso de faltarle recursos para atender a los males que se sucedían. Un día tuvo el valor, se libró del cangrejo (las personas muy apegadas parecen tener el crustáceo en el bolsillo, guardando su dinero) Tímidamente en principio, comenzó a usar sus haberes para atender a las carencias ajenas.

Para su sorpresa, cuanto más ofrecía, menos gastaba con médicos y medicamentos.

Un buen intercambio.

Podríamos, en favor de esa tesis, recordar que:

Quien da a los pobres presta a Dios.

Considerando que, en última instancia, todo pertenece a Dios, somos solamente depositarios del dinero que amonedamos.

La administración justa y perfecta será siempre aquella que nos lleva a atender a los hijos de Dios con su propio dinero, transitoriamente confiado a nuestro cargo. Vale recordar, a ese propósito, el célebre cuento de Tagore, en que un aldeano buscado por el Señor de la Vida, le dio apenas un grano de trigo que llevaba en su alforja. Después, en casa, constató que en el lugar del grano donado había una gema preciosa.

Y lamentó el escaso donador:

– ¡Tonto que fui! ¡Debería haber entregado todo el trigo al Señor de la Vida!

***

El valor de la contribución y su regularidad, son un asunto resuelto por las iglesias evangélicas. Con base en textos bíblicos, establecen el diezmo, la décima parte del rendimiento de los fieles, entregado mensualmente a la iglesia.

Una trabajadora doméstica ganaba cerca de dos salarios mínimos. Antes de cualquier iniciativa, retiraba los sagrados diez por ciento para la iglesia que frecuentaba, aunque le hiciesen falta. Viuda, tenía cuatro hijos pequeños. No obstante, contribuía religiosamente, considerando que sería un robo quedarse con el dinero de Dios.

Podemos cuestionar tamaño rigor, no obstante, la lección de Jesús, pero es innegable que da resultado.

Los que profesan esas religiones, llevan en serio la necesidad de contribuir, y con eso, las iglesias brotan en todos los barrios y el movimiento crece rápidamente.

De motu proprio, deberíamos fijar un porcentaje sobre rendimientos destinada a las obras espiritas, superando un problema que es frecuente en los Centros Espiritas:

El dinero para la necesaria reforma, la pintura, la instalación de servicio asistencial, la publicación del periódico, la biblioteca, la librería espirita, y mucho más, permanece secuestrado por el cangrejo en nuestro bolsillo.

Libro nº48 -2009 Por una vida mejor. Autoayuda y orientación para los Centros Espiritas. Editora: CEAC-Bauru.

Richard Simonetti

Extraído del libro “La fuerza de las ideas”
Traducido por R Bertolinni.

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