Es una obligación propagar la verdad

Queridos hermanos: Yo me permitiría haceros unas observaciones, siempre atenuadas, para que vosotros, si a bien os parece, las tengáis presentes en vuestras actuaciones: Lo que hayáis obtenido en estas comunicaciones, de ningún modo y en lugar alguno, regatearlo al conocimiento de los demás, pero en todo momento prudencial y metodizadamente según el dictado de vuestra conciencia.

Desechar esa antigua y errónea convicción de que se han de elegir a quienes predicar. Eso, hermanos, no es lógico ni acertado, porque en ese caso os puedo decir que, sin daros cuenta, podéis torcer el derrotero legal de la Verdad. Esa VERDAD exacta, sublime, imperecedera de ayer, de hoy y de mañana, que dejó asentada para las eternidades el Divino Maestro Jesús. Él jamás eligió adeptos a Su doctrina. Donde más eco pudieran tener sus palabras, allí las pronunciaba con más energía y con más convicción.

La Verdad hay que decirla a plena luz, donde todos la oigan, porque en los actuales tiempos tenéis menos adversidad e incomprensión que en los tiempos pasados. Así es que ser espontáneos y precisos en vuestras actuaciones, siempre de acuerdo con la doctrina que conocéis, valiéndoos de los medios que estén a vuestro alcance para una exposición convincente de la idea. Esas actuaciones, que estén solidificadas con la caridad; a su diestra el amor y a su izquierda la abnegación, para que esa «estrella» sea la guía de vuestros pasos.

No desmayéis porque os disparen las flechas del menosprecio y el veneno de la incredulidad. Siempre firmes aun sabiendo que no obtendréis resultados momentáneos, pero seguir, hermanos, porque tenéis que sembrar para que otras generaciones recojan. Y vosotros, cuando estéis en este plano, donde todo se retrata, y ojeéis en el libro de vuestra trayectoria terrena, veréis allí, con caracteres indelebles, todas vuestras actuaciones beneficiosas para la humanidad y entonces no tendréis de qué avergonzaros ni culparos de negligencias y, por consiguiente, no sentiréis las horribles torturas que produce el remordimiento del que, conociendo la Verdad, no ha cumplido con ella, sino que todo será para vosotros luz y felicidad espiritual.

Mirar con tenacidad al cielo y observar que todo cuanto brilla y se mueve en esas innumerables galaxias hay una voluntad sublime, inagotable e indefinible. Comprobar con la rigidez y exactitud que siguen las trayectorias, asignadas de antemano, por esa voluntad que todo lo llena y todo lo dirige, y una vez convencidos de tanta ciencia, tanto poder y tanta inmensidad, reconocer que hay que proceder también con exactitud, equilibrio y amor en todas vuestras actuaciones, eliminando con la razón todos los errores y defectos para que, iluminados con la antorcha de la virtud y las buenas obras, podáis escalar sin tropiezos la empinada avenida del progreso, que os conducirá a donde todo es amor, vida y luz.

Escala que empezamos y que no sabemos cuándo la terminaremos. Sólo me resta deciros una cosa: que todo lo que recibáis de nosotros lo saturéis con vuestra inteligencia, que no lo hagáis como oyendo una charla que agrade a vuestros sentimientos, sino con la convicción y el deseo de cumplir cuanto os aconsejamos, en la seguridad de que cumpliéndolo os acercaréis cada vez más a ese Foco inmenso y lumínico que a todos nos alumbra. La bendición del Padre esté con todos vosotros.

Vuestro Guía: Demeure.

Extraído del libro “Desde la otra vida”

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