Ensalzando El libro de los médiums

Allan Kardec, el misionario de la Era Nueva, había anunciado en la Revista Espirita de 1861, que entre los días 5 al 10 de enero del nuevo año, sería presentado al conocimiento publica El libro de los Médiums, por los editores Srs. Didier & Cia, lo que vendría a concretizarse, luego después, en el día 15.

La obra monumental era aguardada con gran curiosidad e interés, dado que ya venía siendo anunciada desde algún tiempo. En razón del éxito clamoroso de la publicación de El libro de los Espíritus, cuatro años antes, el ilustre maestro se preocupaba con la complejidad de la fenomenología mediúmnica, sus desafíos, las diferentes expresiones de la mediúmnidad, la interferencia de los Espíritus frívolos y obsesores en las practicas espiritas y, para minimizar o evitar las consecuencias, pudiendo ser algunas desastrosas, publicó anteriormente una Instrucción Práctica, ofreciendo un guía de seguridad para las experimentaciones. Especialmente cuidaba de ofrecer una ruta esclarecedora que sirviese de una directriz segura de conductas experimentales para los médiums.

Agotándose con gran rapidez, el noble codificador reconoció que una nueva edición de la obra iría a exigir un trabajo cuidadoso de mejora y de lapidación, siendo necesaria una ampliación de contenidos con nuevas observaciones resultantes de los estudios con fervor, habiendo conseguido hacerlo en la que estaba siendo presentado. Tenía celo de retirar algunas informaciones que ya se encontraban en el Libro de los Espíritus, especializando el vocabulario y profundando las cuestiones pertinentes a los médiums, aquellos que se dedican a las experimentaciones y a la inmensa gama de fenómenos por él observados.

Convencido de la seriedad del Espiritismo, y después de la amplia divulgación de su filosofía, se tornó indispensable la contribución de un tratado de alta magnitud con carácter científico para prevenir los incautos y bien conducir los pesquisidores serios. Iniciando el notable libro por las nociones preliminares (*), después de la bien cuidada introducción, recurrió a las cualidades de educador para presentar con lógica la palpitante cuestión “¿hay espíritus?, y, a través de un análisis bien realizado, demostrar filosóficamente la existencia del alma y la de Dios, consecuencia una de la otra, constituyendo la base de todo el edificio, que es la propia

Doctrina Espirita. Bien se le entiende esa preocupación, ya que solamente será posible la creencia en los Espíritus y en sus comunicaciones, acreditándose en esos fundamentos esenciales, sin los cuales ninguna técnica o demostración podrá conducir al observador la aceptación de la fenomenología concluyente de la inmortalidad. Al seguir, el sabio investigador que fue Kardec, penetró el bisturí de sus análisis en las cuestiones de lo maravilloso y de lo sobrenatural, demostrando de manera racional que para producir los movimientos y ruidos, el levantamiento de las mesas, por ejemplo, los Espíritus necesitarán de instrumentos que les ofrezcan los recursos para su ejecución, que son los médiums. De esa manera, se tornan fenómenos naturales, habiendo nada, por tanto, que se deba considerar como de naturaleza milagrosa, violentando las leyes naturales.

De inmediato, propone los recursos, el método exigido en la condición de ciencia y de filosofía que es el Espiritismo, para que pudiese someterse a un estudio serio y persuadirse de que él no puede, como ninguna otra ciencia, se puede aprender jugando. No es necesario informarse que el Libro de los Médiums tiene sus fundamentos en el Libro de los Espíritus, siendo, por tanto, una extensión muy bien elaborado de cuestiones que son presentadas en síntesis y que se tornaran inevitables para más profundas elucubraciones, lo que entonces es cuidadosamente tratado en la obra magistral. La cuestión pertinente a los médiums y a los experimentadores es fundamental, a fin de que ambos se equipen con los recursos valiosos para la buena conducción de los fenómenos.

Prevenir, orientar y ofrecer seguridad a los incautos, así como a los estudios serios del Espiritismo, siempre fue la preocupación de Allan Kardec, por entender la grandiosidad de la Doctrina que tiene a ver con todos los ramos del conocimiento humano. Dedicando gran parte a la evaluación y a las reflexiones en torno a las manifestaciones espiritas, las clasificó de físicas e inteligentes, deteniéndose en su inmensa variedad, presentando capítulos especiales referentes a cada una de ellas, como nunca antes se hubiera hecho.

Preocupado con el charlatanismo y la mistificación muy comunes entre las criaturas humanas, advirtió a los lectores para tener cuidado con los médiums interesados y deshonestos, abordando los temas de la suspensión y perdida de la mediúmnidad, que invariablemente incuban sus portadores y sus acompañantes. Por otro lado, analizó los peligros de la práctica mediúmnica irresponsable, demostrando que los periodos de curiosidad y de frivolidad estaban muy pasados, habiendo dado lugar a la gravedad de las revelaciones, confirmando la existencia, la sobrevivencia y la individualidad de los denominados muertos que retornan o permanecen en continuas comunicaciones con los llamados vivos.

Buscando liberar los curiosos del hábito de considerar los Espíritus y sus fenómenos como prodigiosos, esclareció cuales son las preguntas que los primeros se pueden hacer, evitando que la irresponsabilidad y los intereses mezquinos, atrayendo seres equivalente, dar ocasión a las mistificaciones y las perturbaciones a que dan lugar, cuando no vean la seriedad moral ni la elevación espiritual.

Percuciente investigador, honestamente declaró que el libro no era de su labranza intelectual y que, al colocar los nombres de algunos espíritus en los textos publicados, tenía por meta señalarles la responsabilidad, pero que, aunque ese ausencia en otras páginas, todas eran de autoría de los mismos, habiendo sido suyo, el trabajo de seleccionar los mensajes, de compararlas, de enfrentar las ideas y los preceptos en busca de la universalidad de las enseñanzas. Sus estudios resultaban de la lectura del inmenso volumen de páginas que le eran enviadas de diferentes puntos de Europa, así como de América, demostrando no haber cualquier forma de contacto entre los médiums, lo que les impedía el fraude….

Se preocupo también en demostrar la influencia del medio, de igual manera la influencia del médium, cuidando de las evocaciones, así como de las contradicciones. Igualmente presentó las consideraciones oportunas en los estudios de la mediumnidad en los animales y en los niños, libertando a los curiosos de las supersticiones en torno de los primeros y presentando los cuidados que se deben tener en relación a los fenómenos producidos en la infancia, cuando sus reservas morales no son suficientes para el discernimiento ni en la conducta exigida por la facultad correcta.

Fue, en tanto, en el análisis en torno a la salud física, emocional y mental, que profundizó las investigaciones en el extraordinario capítulo de la obsesión, conocida en todos los periodos de la Historia de la Humanidad y confundida con la locura y otros disturbios de naturaleza psíquica y degenerativa. Pensando en la creación de nuevas células espiritas, público el Reglamento de la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritas como un modelo que podría ser adoptado o adaptado por los nuevos Núcleos de acuerdo con los objetivos programados. Es comprensible que toda doctrina nueva sufra el descalabro de los que profesan, en particular de los presuntuosos que se consideran superiores a los demás y buscan siempre ser originales…

Kardec demostró que el Espiritismo no corre ese peligro, por ser doctrina de los Espíritus elevados que, siempre vigilantes, cuidarán de librarlo de las interpretaciones falsas o interesadas, así como de cualquier apéndice que los estatutos le deseen aplicar. También informó que los Espíritus son las almas de los hombres que habitan la tierra, no concediéndoles dones o atributos adivinatorios, ni celestiales, esclareciendo que cada cual, después de la muerte, continua en lo mismo, conduciendo los valores que le señala antes del deceso al túmulo.

Seleccionando diversas comunicaciones espirituales en el tema sobre disertaciones espiritas, presentó aquellas que son autenticas y aquellas otras que no resisten un análisis profundo, demostrando la falsedad de algunas de ellas a través de la comparación entre lo que profundizaron los escritores cuando encarnados y el pobre contenido de que entonces se revestían… Tuvo el celo de proponer las condiciones exigibles para una reunión mediúmnica seria, en la cual se puedan obtener comunicaciones valiosas en razón del carácter moral de sus miembros.

Por fin, para facilitar el entendimiento del lenguaje de los Espíritus, así como algunos de los apuntes por él utilizados, colocó, en la etapa final, un vocabulario espirita cuidadoso y oportuno.

En treinta y dos capítulos enriquecidos de sabiduría, El libro de los Médiums es el más completo tratado de estudios sobre la paranormalidad humana, jamás sobrepasada, y tan actual hoy como en aquel ya distante y memorable 15 de enero de 1861, cuando fue presentado en Paris. Guía seguro y eficiente para el conocimiento de la práctica espírita y su aplicación diaria, es la obra para ser estudiada con seriedad y cada vez más actualizada, relacionándola con El libro de los Espíritus, que la precedió y es la base vigorosa del Espiritismo. Por ocasión de la celebración de su sesquicentenario de la publicación, saludamos ese grandioso clamor de alerta y de orientación de los Benefactores de la Humanidad, de que Allan Kardec se hizo el apóstol, escribiéndolo entre las obras mercantes y más valiosas de la cultura terrestre.

(*) Las frases y palabras en itálico son de la autoría de Allan Kardec, El libro de los Médiums, ed. Feb.

Vianna de Carvalho

Médium Divaldo Pereira Franco. En la sesión mediúmnica de la noche 3 de enero del 2011, en el Centro Espirita Camino de la Redención, en Salvador, Bahía. Traducido por Jacob.

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