¡Valorice su día!

Cada día corresponde a una nueva página escrita en el libro de su vida, donde usted deberá escribir las mejores memorias. Así, cuando despierte, dirija al Infinito su oración.

Agradezca por la noche superada y ruegue al Padre del Cielo las indispensables bendiciones para el periodo inicial. Yérgase y alégrese con la oportunidad renovada de mantener su cuerpo físico para emprendimientos de progreso. Busque ocuparse con algo noble, algo que dignifique su existencia en la Tierra.

Frente de trastornos y contratiempos, que surgen en los caminos de todos, invariablemente, no se deje conducir por la irritación, por la angustia o por la amargura. Procure comprender que nada le ocurre sin que tenga un sentido útil para su crecimiento general. Ante las ocurrencias de violencia y delante de los cuadros de agresiones que vea en su ruta, realice lo mejor que pueda, sin rebeldía ni desesperación.

Usted está en el mundo que merece, con las situaciones que caracterizan su cuadro evolutivo y con las personas de su misma catadura moral, con ligeras diferencias, fácilmente observables.

Donde esté, siembre la alegría y jovialidad, atendiendo la recomendación del apóstol Pablo, para que demos gracias a Dios por todas las cosas de la vida. Busque hacer nuevos amigos, manteniendo, con cariño, los viejos compañeros. La amistad, en el mundo, es como el beso solar iluminando las flores, sin el cual ellas tienden a marchitar y fenecer.

Aliméntese con moderación. No es preciso pasar hambre, con todo, es bueno que no transforme el estomago en un tonel de venenosas mezclas, capaces de intoxicar, de acumularle indebido colesterol en las arterias o de provocarle disfunciones hepáticas.

Apártese de las pseudo-necesidades alcohólicas. El alcohol que usted precisa para la digestión la Divinidad ya hizo constar en su programa de producción orgánica. Fuera de eso, la ingestión de esa sustancia corresponderá siempre al consciente envenenamiento que le perturbará la  salud con poco. Procure ser comedido en las diversiones, a fin de no constreñir a los amigos, generando retiro y hostilidades. O para no perder su precioso tiempo con interminables mentiras y banalidades.

Sonría, sea placentero, una vez que el Evangelio de Jesús, que usted afirma conocer, es fuente inagotable de alegrías. Y cuando llegue el fin de sus días, vividos con mayor o menor dificultad, póngase en meditación. Verifique donde es que usted podría haber sido mejor, en que ítems debería haber actuado mejor. Y, sin remordimientos perjudiciales, haga proyectos de renovación para el día siguiente, procurando tomarlos en serio.

Ore y entréguese una vez más al Supremo Señor, construyendo, día a día, la propia felicidad, su propia luz. Valore su día. No lo desperdicie rememorando amarguras o destilando tormentos, sino aprenda a cultivar la alegría de vivir, a pesar de las luchas y limitaciones que cargue.

Valore su tiempo en la Tierra y prosiga, decidido por el bien, para que, en el servicio al Señor, usted continúe creciendo en busca del encuentro consigo mismo.

Redacción de Momento Espírita. Del libro “Para uso diario” Por el Espíritu Juan, psicografiado por Raúl Teixeira.

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