El principio espiritual y fisiológico del superhombre lo poseemos todos

-Que la luz del Todopoderoso ilumine nuestras inteligencias para que podamos coordinar y dar luz a nuestras sencillas y humildes palabras.

La vida espiritual es siempre un oído muy atento a todo cuanto hacéis, pronunciáis y a veces pensáis. Por ello siempre nos congratula que tengáis ánimo, fervor y el prurito de querer saber, porque esas condiciones naturales en vosotros os elevan, dan fuerza adquisitiva al espíritu, apuntáis la imaginación hacia temas que debéis analizar y aprender firmemente.

Todo eso es muy loable, lo vemos con entera satisfacción, pero nos vamos a permitir haceros unas advertencias: Todas las disquisiciones que hagáis refiriéndoos a las formidables proporciones que tienen el desarrollo de las leyes divinas, a los acontecimientos tan grandiosos que constante y eternamente se producen en la obra del Creador y de cómo será su evolución en lo venidero, es muy aventurado conjeturarlas, queridos hijos nuestros.

Metódicamente hay que ir conociendo el desarrollo de la evolución, muy despacio y concienzudamente. El visto bueno de lo que se aprende lo dan los siglos, los estudios, los sufrimientos, la vida en sí, porque ésta es la cátedra que enseña a subir a los hombres para convertirse en superhombres; cuyo tema estáis discutiendo. El principio espiritual y fisiológico del superhombre lo poseemos todos. Para llegar a alcanzar esta designación sólo depende de cómo hayamos aprovechado el tiempo, de cómo hayamos estudiado y de cómo nos hayamos hecho dignos de tal distinción, más pronto o más tarde, según lo atentos que hayamos estado al estudio de nuestras trayectorias, nuestras reencarnaciones y a la forma de corregirlas, proyectarlas y vivirlas.

Siempre debéis estar firmemente apoyados en la gran esperanza de la justicia de Dios y de que seremos todos superhombres; solamente hay que saber esperar. La espera es el tiempo que da Dios a sus hijos para que mediten, lean, estudien, aprendan y retengan lo estudiado.

Cuando se ha llegado a la culminación de los conocimientos en la forma que hemos apuntado, es cuando Dios concede el grado de superhombres a sus hijos. Vosotros no os consideréis ahora pequeños, consideraos más bien ignorantes, porque insignificantes no somos ninguno, ya que somos hijos de Dios y Él no hace nada inútil ni insignificante; lo que ocurre es que unos antes y otros después, todos hemos de seguir el camino de la evolución para llegar a la senda del superhombre, de la supervida, de la superinteligencia, ya que si no fuera así no habría justicia exacta y Dios no hace nada sin la máxima exactitud.

Así, pues, todos seremos superhombres, unos antes, otros después, según la voluntad que en ello pongamos. El camino está expedito para todos, la Ley es para todos igual, y antes o después ha de cumplirse fiel y exactamente.

-Quedaros con Dios, hermanos.

Extraído del libro “Desde la otra vida”
Jaén, 18 de marzo de 1971 médium parlante

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