El sabio y el pájaro

Se cuenta que cierta vez un joven malo e inconsecuente decidió engañar a un mayor y experimentado maestro, famoso por su sabiduría.

– Quiero ver si ese viejo es realmente sabio, como dicen. Voy a esconder un pajarito en mis manos. Después, en presencia de sus discípulos, voy a preguntarle si está vivo o muerto. Si responde que está vivo, aplastaré al pajarito y se lo presentare muerto. Si afirma que está muerto, abriré la mano y el pájaro volará.

Realmente, una trampa infalible.

A los ojos de quien presenciase el encuentro, cualquiera que fuese su respuesta, el sabio quedaría desmoralizado. Y allí se fue el joven mal intencionado, con su artimaña perfecta. Delante del anciano acompañado de los aprendices, hizo la pregunta fatal:

– ¿Maestro, este pajarito que tengo preso en mis manos, está vivo o está muerto?

El sabio miró bien fondo en sus ojos, como si examinase los recónditos más profundos de su alma, y respondió:

– Hijo mío, el destino de ese pájaro está en tus manos.

***

Esta historia puede ser sugestivo ejemplo de la perversidad que no vacila en aplastar inocentes para conseguir sus objetivos. Será, también, una demostración de las excelencias de la sabiduría, sobreponiéndose a las astucias de la deshonestidad. Y, sobre todo, una ilustración perfecta sobre los misterios del destino.

Consideran muchos que todo acontece por la voluntad de Dios, incluso la enfermedad, la miseria, la ignorancia, el infortunio…

Se trata de la más flagrante injusticia que cometemos contra el Creador, el Padre de infinito amor y bondad revelado por Jesús.

La Vida es un regalo divino, pero la calidad de vida será siempre fruto de las acciones humanas.

Según los textos bíblicos, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios.

Hijos del Señor Supremo, lo que caracteriza nuestra condición es el poder creador, que ejercitamos usando un prodigioso instrumento – la voluntad, para moldar nuestro destino e interferir en el destino ajeno.

***

Hay los que no dudan en aplastar la Vida para alcanzar sus objetivos, involucrándose con la ambición y la usura, la agresividad y la violencia, la mentira y la deshonestidad, el vicio y el crimen…

Y hay los que liberan la Vida, estimulándola para ganar las alturas, manos abiertas para la solidaridad.

Entre esas dos minorías, que se sitúan en los extremos, tenemos la mayoría que no es mala, pero que no asume compromiso con el Bien. Por eso, el mal en el Mundo está mucho más relacionada con la omisión silenciosa de los que se creen buenos, pero no desenvuelven ningún esfuerzo para evitar que los malos hagan barullo.

Eso está bien claro en la pregunta 931, de El libro de los Espíritus:

¿Por qué, en el Mundo, tan a menudo, la influencia de los malos sobrepuja la de los buenos?

Observa, amigo lector, el alcance de la respuesta, una de las más contundentes de la Codificación:

Por la debilidad de estos. Los malos son intrigantes y audaces, los buenos son tímidos. Cuando estos lo quieran, preponderaran.

Podríamos añadir que la omisión de los buenos favorece a las personas se involucren con el mal, porque nadie les ayuda, ni ampara, ni orienta, ni las atiende en sus carencias y necesidades.

***

Algún progreso ha sido alcanzado.

Se habla mucho, en la actualidad, sobre la ciudadanía.

Ser ciudadano es ser conscientes de nuestros derechos. Es luchar por ellos, a partir de los elementales derechos a la salud, a la educación, a la vivienda y, sobre todo, el inalienable derecho a la vida. Es un paso importante.

Podemos mejorar las condiciones de vida de una sociedad, trabajando por los derechos humanos. Pero hay otro paso, bien más importante: asumir deberes.

Se destaca el deber básico: ejercitar la solidaridad.

Jesús deja eso bien claro al recomendar que nos amemos unos a los otros y, al proclamar que debemos hacer por el prójimo el bien que desearíamos recibir de él, si sufriésemos sus carencias.

Las manos que libera al hombre de la enfermedad, de la miseria, de la ignorancia, del infortunio, para que la Vida gane las alturas, debe ser la filosofía de trabajo de todas las personas que desean contribuir en favor de un mundo mejor.

La Doctrina Espirita deja bien claro que no podemos escondernos delante de las miserias humanas. Y es preciso hacer algo por el semejante.

El destino de nuestra sociedad es la suma de nuestras acciones.

No se hace una sociedad buena si, a par del ejercicio de ciudadanía, no hay el cultivo de la solidaridad. Y aquellos que participan, que se dedican a ese menester, luego hacen descubrimientos maravillosos.

En el empeño de ayudar al prójimo, se liberan de las angustias que afligen al hombre común, preso al egoísmo.

Ayudando a alguien a levantarse de sus miserias, planean encima de las inquietudes humanas.

Contribuyendo para iluminar sendas ajenas, iluminan el propio camino.

Estimulando el Bien a sus hermanos, con la fuerza del ejemplo, perciben deslumbrados, que encuentran su gloriosa destinación.

Libro nº 25 – 1998 El destino en sus manos. Historias y disertaciones sobre temas de actualidad Editora: CEAC-Bauru

Richard Simonetti

Extraído del libro “La fuerza de las ideas”
Traducido por R Bertolinni.

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