Caridad en Jesús

Recuerda la caridad, irradiándose en bendiciones del excelso amor de Cristo, para que no te falten comprensión y fuerza, en el culto edificante a la caridad humana.

Abandonado en el frío, por las propias criaturas a quien vino a traer la luz de la redención, no vacila acogerse al pesebre pobre en extrema renuncia.

Atendiendo a los enfermos de todos los matices no les niega asistencia, dándoles alegría y equilibrio, movimiento y visión.

Buscando maestros y pescadores humildes, llenándoles en el ser luz de la verdad, habilitándolos todos para la Vida Mayor.

Ante la aflicción de la multitud que lo seguía, inquieta, multiplica el alimento que les calme el hambre.

Entre el insulto de los malos y el abandono de los buenos, sabe entregarse en paz, sin incluso justificarse.

Perjudicado en juicio por malhechor, no se pierde en quejas. Y, llevado a la muerte, bajo golpes, en la cruz, lejos de reprobar, condenar o herir, levanta una oración sincera a la Eterna Providencia suplicando perdón para los propios verdugos.

La caridad fue su compañera en todos los instantes…

Con todo, más allá del túmulo, he aquí de vuelta, humilde, extendiendo las manos nobles y el corazón celeste a aquellos mismos hombres que lo habían dejado en supremo abandono, exclamando, sin resentimientos: “¡En verdad con vosotros estaré para siempre, hasta el fin de los siglos! …”

A la vista de eso, en el camino, acuérdate siempre de que la caridad pura – la que vence feliz – es siempre el amor perfecto olvidando todo el mal y olvidando toda sombra, para solamente amar, redimir y ayudar, en la continua extensión del bien, convirtiéndose en luz.

Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cándido Xavier
Del libro “Confía y sigue”

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