Los buenos médiums – Luz Espiritual

Los buenos médiums

Inherente a todos los seres humanos, la facultad mediúmnica se expresa de manera variada, conforme a la estructura evolutiva, los recursos morales y las conquistas espirituales de cada individuo.

Incipiente en unos y ostensiva en otros, puede ser considerada como la peculiaridad psíquica que permite la comunicación de los hombres con los Espíritus, mediante cuya contribución innumerables interrogaciones y enigmas encuentran respuestas y elucidaciones claras para el entendimiento de los reales mecanismos de la existencia física en la Tierra.

Disturbios psíquicos inexplicables, desequilibrios orgánicos injustificables, trastornos del comportamiento y dificultades en las relaciones afectivas, mal querencias y aflicciones íntimas destituidas de significado, exaltación y desdoblamientos de la personalidad, algunas alucinaciones visuales y auditivas, encuentran en la mediumnidad su campo de expansión, reflejando los dramas espirituales del ser, que proceden de las experiencias anteriores a la actual existencia física, transformados algunos en fenómenos obsesivos profundamente perturbadores.

Mal comprendida por largo tiempo a través de la Historia, fue envuelta en mitos y cercada de supersticiones, que nada tiene que ver con su realidad. Siendo una percepción del alma encarnada cuyo contenido las células orgánicas decodifican, no significa manifestación angelical, como tampoco representa una punición impuesta por Dios, para alcanzar a los criminales y demás endeudados ante las Soberanas Leyes. Existente igualmente en el ser espiritual; es una facultad del Espíritu que, a través de los delicados equipamientos sutiles del periespíritu, faculta el intercambio entre los desencarnados de diferentes esferas de la Erraticidad. De esta manera, no se trata de un calvario de padecimientos interminables en cuyo curso la tristeza y el sufrimiento se dan las manos, como pretenden algunos portadores de comportamiento masoquista, pero, tampoco es característica de superioridad moral, que distingue a su poseedor con relación a las demás personas.

Puede ser considerada como la moderna escalera de Jacob, que permite la ascensión espiritual de aquél que se dedica a ella con abnegación y fervor. Semejante a las demás facultades del ser humano, exige cuidados especiales, como aquellos que se dispensan a la inteligencia, a la memoria, a las actitudes artísticas y culturales…

El conocimiento de su mecanismo se torna indispensable para que sea ejercida con seriedad, al lado de otros cuidados que le son esenciales, como la identificación de la ley de los fluidos, la aplicación de los dispositivos morales para el perfeccionamiento incesante, la disciplina de los equipamientos nerviosos, las disposiciones superiores para el bien, lo noble y lo edificante.

Neutra, bajo el punto de vista ético-moral, como ocurre con las demás facultades, es dirigida por su portador, que se encarga de orientarla conforme a sus propias aspiraciones, persiguiendo los objetivos más elevados, que son la meta esencial de la reencarnación. A medida que el médium incorpora reflexiones en torno a su contenido valioso, más se le dilatan las posibilidades que, debidamente disciplinadas, facultan la ocasión para producir resultado compatibles con la dirección que se le aplique.

La observación cuidadosa de los síntomas a través de los cuales se expresa, favorece la perfecta identificación de aquellos que se comunican y puede contribuir a favor del progreso moral del médium. El hábito del silencio interior y de la quietud emocional le faculta la captación de ondas que permiten el intercambio equilibrado, ampliándole el área de servicios espirituales.

Concesión divina para la Humanidad, es el puente que trae de regreso a aquéllos que abandonaron el cuerpo físico o que fueron expulsados de él, sin que dejasen la vida, comprobándoles la inmortalidad triunfante. Ante la imposibilidad de ser alcanzada la perfección mediúmnica, vista la condición predominante de mundo de pruebas que caracteriza al planeta terrestre y tipifica a sus habitantes por ahora, cada servidor debe luchar para adquirir la cualidad de buen médium, esto es, aquel que comunica con facilidad, que se hace instrumento dócil a los Espíritus que lo utilizan bajo la orientación de su Mentor. Sin creerse nunca inmaculado, sabe que puede ser víctima de la mistificación de los burlones y malos, no temiéndolas, sino trabajando por hacer más sutiles sus percepciones psíquicas y emocionales, elevándose moralmente para alcanzar niveles más ennoblecidos en las franjas de la evolución.

La facilidad con que los desencarnados lo utilizan, especialmente por estar disponible siempre que sea necesario, le propicia mayor sensibilidad y le da credenciales para recibir el apoyo de los Guías de la Humanidad, que lo rodean de cariño y lo inspiran para la ascensión continua. Consciente de sus propios límites y de las infinitas posibilidades de la Vida, reconoce cuánto necesita transformarse interiormente, mejorarse, para ser engañado menos veces y jamás engañar a los otros, por lo menos sabiendo que lo hace.

La disciplina y el equilibrio moral, los pensamientos y las acciones honorables, el saludable hábito de la oración y de la meditación, lo protege de las investidas de los malos y perversos que pululan en todas partes, preservándole los sutiles equipamientos mediúmnicos de los choques de bajo tenor vibratorio que le son inherentes, ayudándole así, a mantener contacto con esos infelices, cuando sea necesario, pero, bajo el control de los Guías que los conducen, jamás al paladar y apetito de la locura que los avasalla.

El buen médium es sencillo y sin las complejidades del agrado de la ignorancia, del egoísmo y de la presunción, cuyas conquistas son internas y que irradia los valores morales de dentro hacia fuera, cual antena que posee los requisitos propios para la captación de las ondas que serán transformadas en imágenes sonoras, visuales o portadoras de fuerza motriz para muchas finalidades.

Cuando esté acosado por coyunturas difíciles o afligido por las pruebas iluminativas, que forman parte de su proceso de evolución, nunca debe desanimarse, ni esperar disfrutar de privilegios, que no los posee, siguiendo fiel y tranquilo en el desempeño de la tarea que le corresponde, preservando la alegría de vivir, servir y amar.

El trabajo edificante será siempre su apoyo de seguridad, que lo fortalecerá en todos los momentos de la existencia física, sin refugiarse nunca en la pereza, que es generadora de mil males que siempre perturban. Porque identifica sus propias deficiencias, no se jacta de la facultad que posee, reconociendo que puede ser bloqueada o retirada, empeñándose para convertirla en una herramienta de luz al servicio del Amor en todos los instantes.

Los buenos médiums, que escasean, en razón de la momentánea inferioridad humana, son los instrumentos hábiles para contribuir a favor del Mundo Nuevo de mañana, cuando la mediumnidad, mejor comprendida y más bien ejercida, se tornará una conquista valiosa del espíritu humano con suficientes credenciales para la felicidad que ya estará disfrutando.

Manoel Philomeno de Miranda

(Página psicografiada por el médium Divaldo Pereira Franco, en la sesión mediúmnica de la noche del 08 de agosto de 2001, en el Centro Espirita Camino de Redención, en Salvador, Bahía, Brasil)

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