El sueldo ideal

¿Estás satisfecho con tu sueldo? Es probable que no, pues son constantes las reclamaciones acerca de la remuneración baja que, como dicen, no es suficiente. Se escucha decir que el dinero que se recibe al final de mes ni siquiera es suficiente para cumplir con los compromisos asumidos anteriormente. Lo más raro en todo eso es que las reclamaciones por la mejoría de los sueldos provienen de todas las clases trabajadoras, pero lo que se percibe con relación a calidad de trabajo es casi el caos.

En general, no se observa que las personas se preocupen en cumplir bien sus tareas. Al contratar un jardinero para arreglar el jardín, lo que se obtiene es una poda mal hecha, un césped mal aparado y la tierra mal esparcida por los canteros.

Cuando se entrega un niño a los cuidados de una niñera, lo que se percibe es la mala voluntad para seguir los pasos vacilantes del pequeño inquieto y vivaz.

Si un anciano enfermo es recomendado al cuidado de una persona, nos sorprendemos con la manera como es atendido, precipitadamente y sin observar los detalles.

Dependientes apresurados, funcionarios desatentos, vendedores impacientes. En todos los lugares se nos presentan personas que piensan solamente en mirar al reloj, esperando el final de la jornada, haciendo sus tareas de manera descuidada y negligente. En razón de eso, disminuye la calidad y las tareas contratadas son concluidas y entregadas atropelladamente.

El Evangelio nos alerta que el trabajador es merecedor de su sueldo, pero es justo también que el trabajador ejecute sus tareas con disposición y cuidado. Siendo jardineros, ¿qué nos cuesta hacer la poda de manera correcta, cuidar de la tierra con cariño? En fin, las plantas dependen de nosotros. ¿Cuántos minutos más nos llevará detenernos al lado de un viejo o un enfermo, componerle su manta con cuidado, interesándonos por su bienestar? ¿Y por casualidad nos damos cuenta de la responsabilidad que es cuidar los pasos de un bebé? ¿Podemos evaluar cuán emocionante es acompañar el desarrollo de un ser tan pequeño y mirarlo vencer un obstáculo más cada día?

No importa cuál sea nuestra ocupación, nuestra tarea. Lo que importa y mucho, es que la realicemos con amor, perfeccionándonos en su ejecución. Desde lavar una sencilla pieza de ropa o trabajar con sofisticados aparatos computarizados, es necesario que tengamos la conciencia que así como deseamos recibir de los demás lo mejor, nos toca también dar lo mejor. Por lo tanto, antes de seguir quejándonos de nuestra remuneración, revisemos la calidad de nuestros trabajos. Que nos preocupemos mucho más en volvernos profesionales excelentes, lo que significa ser personas responsables, activas, competentes.

Cualesquiera que sean tus posibilidades sociales o económicas, ¡trabaja! El trabajo es, al lado de la oración, el más eficiente antídoto contra el mal, puesto que conquista valores incalculables, con los cuales el Espíritu corrige las imperfecciones y disciplina la voluntad.

Redacción del Momento Espírita, del libro “Repositorio de Sabiduría”. Divaldo Pereira Franco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba