Capacitarse para transmitir el conocimiento

La paz sea con vosotros, hermanos amados:

Una vez más habéis tenido ocasión de comprobar, a través de los fenómenos mediúmnicos, que la vida espiritual es una realidad. Los cuerpos de las personas que habitáis la Tierra, tienen un principio, se desgastan y realmente mueren, puede ser por enfermedad, por vejez o accidente, por cualquiera de estas causas, repito, el cuerpo muere. Eso no significa, ni mucho menos, que esta materia orgánica desaparezca del todo, ya sabéis que en el gran laboratorio del Universo todo se transforma.

Aquí en la Tierra queda este traje usado, pero el espíritu, hermanos, sigue viviendo con toda su plenitud; pero vive también según la situación, -y esto lo sabéis muy bien- a que le han conducido sus conocimientos, y por encima de todo, su proceder, su forma de obrar. Los sentimientos positivos o negativos, hacen que el espíritu encuentre la paz o la inseguridad en el mundo espiritual. Depende por tanto, de los pasos que el ser haya dado en la Tierra, para que encuentre oscuridad o halle Luz. Por ello es tan importante, hermanos, que estudiéis en profundidad, la doctrina espírita.

Estudiadla de manera tal, que lleguéis a comprenderla tan perfectamente que seáis capaces, también, de transmitirla con igual perfección, a las personas que necesiten y deseen alcanzar este conocimiento. Mientras la certeza en la ley de Causa y Efecto y en la ley de Reencarnación, lo que equivale a la eterna supervivencia del espíritu, no sea conocida por todos los habitantes de la Tierra, no llegaréis a tener la paz tan deseada.

La paz de este planeta, ha de nutrirse de la paz interior de todos y cada uno de los seres que en él habitáis. Por esta razón es tan importante que seáis maestros de vuestros hermanos más pequeños, de aquellos que no han alcanzado todavía esta fase que vosotros vivís. Esa, es la fase de meditación, de estudio, de ansias de conocer la Verdad y deseos vehementes de llegar a encontrar el Equilibrio, la Paz y la Luz. Seguid con vuestro trabajo. En modo alguno abandonéis la siembra y así esa Paz tan esperada y tan necesaria estará dentro de cada uno de vosotros. Hasta siempre, hermanos amados.

Igualada, 11-11-1995

María Dolors Figueras
Extraído del libro «El despertar del alma»

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