Anotaciones de un anciano

Cara a los sufrimientos que le fustigaban el espíritu, ante la opinión pública al desvariarse en torno a su humilde memoria, “periodista muerto” escucho sereno al anciano, que le habló con sabiduría:

– Cuando Jesús transformo el agua en vino, en las bodas de Cana los maledicentes cuchichearon, a su alrededor:

– ¿Qué es esto? ¿Un mesías, incentivando a la embriaguez?

Más tarde, reuniéndose los pescadores de Galilea, la turba anotó, inconsciente:

– Es un vagabundo en busca de personas tan desclasificadas como él mismo. ¿Porque no procura a los principales?

Luego de las primeras predicaciones, la chusma de los ignorantes, en vez de reconocer los beneficios de la Palabra Divina, comentó irreverente:

– Es insumiso. Vive sin horarios, sin disciplinas de servicio.

A la vista de la multiplicación de los panes y de los peces, la masa no se conmovió como sería de esperar, mucha gente preguntó, frunciendo las cejas:

– ¿Cómo? ¿Un orientador sustentando ociosos?

Limpiando las heridas de algunos lazaros que lo buscaban, se afirmó en sordina:

– ¡Se vale de la insensatez de los tontos para impresionar!

Y cuando lo vieron curar a un paralitico, en sábado, consideraremos enemigos gratuitos:

– Agrede públicamente a la Ley.

Por aceptar la consideración afectuosa de María de Magdala, murmuraron los maledicentes:

– Es alborotador común. No consigue ni siquiera apretar la máscara al propio rostro, dándose a la compañía de criatura, portadora de siete demonios.

Al valerse de la contribución de nobles señoras, como Juana de Cusa, en el desarrollo del apostolado, suenan exclamaciones como estas:

– Es un explorador de mujeres piadosas.

– ¡Vive del dinero de los ricos, sin embargo pasa por virtuoso!

Porque se demorase algunos minutos, junto a los publicanos pecadores, con el fin de enseñarles la ciencia de renovación intima lo acusaban, sin compasión:

– ¡Es un gozador de la vida como los otros!

Si buscaba paisajes silenciosos para el reconfortamiento en la oración, se gritaba sin respeto:

– Este es un salvador solitario, demasiado orgulloso para codearse con el pueblo.

Como se aproximase a la samaritana, con el propósito de socorrer su alma, se preguntó con malicia:

– ¿Qué hace el en compañía de esa mujer que ya perteneció a varios maridos?

Atendiendo a las suplicas de un centurión lleno de fe, la liviandad intrigó:

– Es un adulador de romanos desviados.

Visitando a Zaqueo, escuchó apuntamientos irónicos:

– Es un predicador del Cielo que se relaciona con los poderosos señores de la Tierra…

Abrazando al ciego de Jericó, registró la interrogación que se hacía alrededor de sus pasos:

– ¿Qué motivos prenden a tanta gente inmunda?

Penetrando en Jerusalén en el día, festivo, e imposibilitado de impedir el regocijo de cuantos confiaban en su ministerio, afrontó sentencias sarcásticas:

– ¡Fuera con el revolucionario! ¡Muerte al falso profeta!

Censurando el bajo comercialismo del gran Templo de Salomón, de él dijeron abiertamente:

– ¡Es criminal perseguidor de Moisés!

Levantando a Lázaro en el sepulcro, gritaban a lo lejos:

– ¡Es Satanás en persona!…

Reuniendo a los compañeros en la última cena, para las despedidas, y lavándole los pies, observaron en las vecindades del cenáculo:

– ¡Es un pobre demente!

Al dejarse prender sin resistencia, objeto la multitud:

– ¡Es un cobarde! Comprometió a muchos y huye sin reaccionar!

Recibiendo el madero, le gritaban a los oídos:

– ¡Desertor! ¡pagarás tus crímenes!

En el supremo martirio, era apostrofado sin conmiseración:

– ¡Fetichero! ¿De dónde vendrán tus defensores?

Torturado, en plena agonía, oyó de innumerables bocas:

– ¡Sálvate a ti mismo y desciende de la cruz!

Y antes que el cadáver viniese a los brazos maternos, trémulo de angustia, mucha gente regresó del Gólgota, murmurando:

– ¡Tuvo el fin que merecía, entre los ladrones!

El viejecito hizo intervalo expresivo y adjunto:

– Como sabe, esto aconteció con Jesucristo, el Divino Gobernador Espiritual del Planeta.
Sonrió, afable, y remato:

– ¿Endeudados cómo somos, que debemos aguardar, por nuestra vez, de las multitudes de la Tierra?

Fue, entonces, que vi al pobre escritor desencarnado exhibir una cara de alegría, que se
degeneró en cristalina y gozosa carcajada……

Por el Espíritu Hermano X
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Luz Ácima”

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