Conciencias

En una audiencia de rutina, al rey Tajuan do Iémene, le trajeron cinco bandidos que habían requerido protección y misericordia. Seguido de guardias vigilantes, se aproximó el primero y le rogó con lágrimas, después de besar el banquito en donde el soberano ponía los pies:

– ¡Perdón, oh rey! Juro por el Altísimo que no maté con intención… Comencé a discutir con el ladrón de mis caballos y en un determinado momento, sentí la cabeza confusa… rodé en el suelo sobre mi adversario y cuando me dominé, ¡el ladrón estaba muerto! ¡Piedad! ¡Piedad para mí, que no tuve fuerza de controlar el corazón!… Sólo ahora, en la prisión, oí la palabra de un hombre que repetía las lecciones del Profeta… ¡Sólo ahora, comprendo que me equivoqué!…

El soberano llamó al visir que lo acompañaba y determinó que entregaran al reo a los cuidados de un médico, para que después del tratamiento necesario, sea juzgado con indulgencia.

El segundo se adelantó y clamó, sumiso:

– ¡Glorificado sea Alá, en vuestra presencia, oh rey generoso! ¡Tenga compasión de mí, que soy ignorante y malo! ¡Nunca pude leer una sola frase de los Sagrados Preceptos y solamente ahora, después de embriagarme y golpear a mi padre, inconscientemente, es que vine a saber que el hombre no debe crecer como las bestias del campo!…

El rey lo miró fijamente, compasivo, y determinó que el denunciado fuera rápidamente admitido en la escuela.

Vino el tercero e imploró:

– ¡Clemencia para mí, oh representante de Alá!… Soy analfabeto. Desde la infancia, trabajo en el mercado para sustentar a mis abuelos paralíticos… Observando que varios negociantes obtenían mayores ganancias robando en el pesaje, no dudé en seguirles los malos ejemplos. Juro por la memoria de mis padres que no sabía lo que estaba haciendo…

Tajuan, complaciente, recomendó medidas para que el desventurado permaneciese por largo tiempo, bajo las lecciones de un guía espiritual.

El cuarto reo se acercó del estrado real y suplicó:

– ¡Perdón, perdón oh rey justo! Asalté la casa del avaro Aquibar, porque no soportaba más la penuria… ¡Tengo mujer y nueve hijos hambrientos y enfermos!… Soy un perro golpeado por el sufrimiento… Crecí en la arena, sin nadie que me quisiera… ¡Sé que Alá existe, porque es imposible que haya sol y caiga lluvia sin un padre que nos mire del cielo, pero nunca aprendí a deletrear el nombre del Eterno!…

Extremadamente conmovido, Tajuan solicitó al ministro que expidiera ayuda inmediata a la cabaña del infeliz y ordenó que un maestro lo instruyera en los deberes del hombre de bien, antes que la falta suba a mayor consideración de los jueces.

Por último, se presentó un hombre de porte orgulloso, que hizo la reverencia de estilo y solicitó:

– Sapientísimo Rey, pido vuestra benevolencia para mí, que tuve la desventura de hurtar una pulsera de brillantes, en la fiesta de Joanan ben Kisma, judío rico y perezoso, conocido enemigo de nuestra raza… Conozco las leyes que nos rigen y acato las enseñanzas del Profeta, pero no pude resistir a la tentación de llevar conmigo una joya del usurero que las posee a montones… ¡Benevolencia, oh Rey Tajuan! ¡Ruego vuestra benevolencia!…

Sin embargo, el soberano frunció la frente contrariado y ante el asombro de todos los presentes, determinó que el árabe culto recibiera, atado a un poste, treinta y seis latigazos, ahí mismo, frente a sus ojos, para en seguida ser encerrado en la cárcel por dos años.

– ¡Por la gloria de Alá, oh rey sabio! – exclamó confundido el visir, a cuya autoridad se había pedido ayuda para el distinguido acusado – ¿cómo interpretar vuestra munificencia?Diste medicina a un criminal, escuela a un ebrio y ayuda material y moral a dos ladrones, e indicáis una pena tan cruel a un hijo de nuestro pueblo que venera al Profeta, ¿únicamente por el hecho de haber desaparecido una joya de los tesoros de un prestamista despreciable?

– ¡Por eso mismo, oh visir, por eso mismo! – habló Tajuan, desencantado – por saber tanto, es más responsable… Los cuatro primeros eran ignorantes y todos los ignorantes son infelices, pero el quinto culpable es un hombre finamente instruido y sabe perfectamente lo que debe hacer!

Hay quien afirme que nosotros, los que nos hicimos espíritas, encarnados o desencarnados, sufrimos más que nuestros semejantes, cargando aparentemente cruces más pesadas; sin embargo, nosotros, los espíritas, conocemos las leyes que nos gobiernan los destinos y por esa razón, somos más responsables por nuestros actos.

Espíritu Hermano X
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Relatos de la vida»

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