Mediumnidad, obsesión y trastornos mentales

La mediumnidad implica la comunicación entre dos dimensiones, la que vivimos con nuestro cuerpo físico y la que nos rodea sin que podamos distinguirla con nuestros sentidos corporales.

El sensitivo puede oír voces, ver espíritus, hablar y escribir cosas que no proceden de él mismo, lo cual podría bien integrarse dentro de los síntomas de un trastorno mental. Ahora bien, ¿cómo distinguir la mediumnidad del trastorno mental? Esa es la pregunta del millón.

La Medicina reconoce la posesión o estado de trance, en un ítem del CIE10, (Código Internacional de Enfermedades), el F.44.3, dentro de los Trastornos Disociativos de Conversión donde dice: Trastornos de trance y de posesión: Trastornos en los cuales hay una pérdida temporal del sentido de la identidad personal y de la plena conciencia del entorno. Se incluyen sólo los estados de trance involuntarios o no deseados, que se producen fuera de situaciones religiosas o culturales aceptadas. Por tanto, los casos, por ejemplo, en que la persona entra en trance durante los cultos religiosos y sesiones mediúmnicas, no serían considerados enfermedad.

El Manual de Diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales DSM-IV, refiriéndose al trastorno de trance, indica que “no se debe considerar como tal trastorno cuando, en determinados contextos culturales o religiosos, el sujeto entra en trance de forma voluntaria, sin malestar clínico alguno”.

Pero en la práctica real, aunque exista lo que hemos dicho anteriormente, lo que suele ocurrir, es que si ustedes van al médico y le indican que oyen voces o ven espíritus, lo más posible es que les etiqueten como afectados por una enfermedad mental como la esquizofrenia, por ejemplo, y les receten medicación por largos períodos de su vida. Esto es un grave inconveniente para muchas personas que son sensitivos y no conocen la real causa y no comentan a nadie lo que les sucede, por temor a que les consideren trastornados. Y digo sensitivos, porque médiums somos todos, pero sólo unos pocos tienen desarrollada esa facultad, y a ellos les denomino sensitivos.

Se llama diagnóstico diferencial el procedimiento por el que se identifica una determinada enfermedad mediante la exclusión de otras posibles causas que presenten un cuadro clínico semejante al que el paciente padece. En Brasil se realizó un estudio sobre una muestra de 115 sensitivos espíritas, llegándose a las siguientes conclusiones: El sensitivo no afectado por un trastorno mental muestra una ausencia de sufrimiento psicológico y de prejuicios sociales y ocupacionales. Su experiencia se produce en tiempos breves, tiene una actitud crítica, es decir, tiene dudas sobre la realidad objetiva de la vivencia, es compatible con el grupo cultural o religioso del paciente y no presenta otras enfermedades o trastornos, además tiene control sobre la experiencia, presenta un crecimiento personal a lo largo del tiempo y una actitud de ayuda a otros. Es decir, las personas que muestren estas características podrían ser consideradas como sensitivas y no como psicóticas. En cualquier caso, tengamos muy en cuenta que se trata solo de un estudio puntual que incluso en los medios científicos de su país ha recibido muchas críticas por su elaboración y resultados, y todavía queda un larguísimo camino por recorrer, y sobre todo, por desgracia, la ciencia se encuentra muy lejos de la espiritualidad, posiblemente como una consecuencia en el tiempo del trato que la espiritualidad dio a la ciencia en otros tiempos.

Mientras tanto, recordemos que la delgada línea roja existe, y que los Centros y Asociaciones espíritas deben ser muy prudentes en este tema, y que no deben olvidar que si existe un trastorno mental real, o una psicosis, en una persona que parezca ser o se crea un sensitivo, corren el tremendo riesgo de que se provoquen problemas de difícil solución.

La observación objetiva de la conducta y el discurso de la persona pueden ser de gran ayuda en estos casos. Si una persona expresa desequilibrio en cualquier aspecto de su personalidad o tiene una historia de trastornos psicológicos o psiquiátricos no resueltos ni tratados, deberá seguir un tratamiento médico o psicológico, o ambos, para ese tipo de trastorno que le aqueja. Si se observan perturbaciones en la conducta, no es aconsejable en ningún caso el ejercicio de la mediumnidad, tanto por el propio beneficio del sensitivo como del entorno que le pueda rodear. En cuanto a la obsesión, es innegable que existen casos en que el Trastorno Obsesivo Compulsivo (T.O.C) se origina a través de la acción de espíritus desencarnados, comúnmente etiquetados como “obsesores”.

En este caso, el desencarnado incide en la vida del encarnado, intentando conseguir sus propósitos de que éste pague por deudas adquiridas en vidas pasadas. El desencarnado “persigue” e “identifica” a su víctima a través del patrón vibratorio y una vez lo consigue, empieza a ejercer su maléfica influencia en la vida normal de encarnado, que naturalmente no es consciente de esta persecución y atribuye sus males a cualquier otra causa natural.

¿Cómo intentar solventar este gran problema? Pues a través de la reforma íntima del encarnado perseguido y de las reuniones de desobsesión, donde se manifiesta el espíritu obsesor y es adoctrinado para que deje de influir en su víctima. Todo esto además de que se trate el T.O.C psicológicamente, lo cual ayudará. Si alguien puede pensar que el camino de la mediumnidad es fácil y que simplemente es un don o un poder o algo por el estilo, estará muy equivocado. Es una “carga” que se adquiere antes de venir a la Tierra, antes de encarnar en un cuerpo aquí.

El médium necesitará mucho de la reforma íntima, lo mismo que el obsesionado por un obsesor desencarnado. Todos necesitamos quemar karma e intentar no crear más en esta vida. Y la reforma íntima ¿en que puede consistir? Sobre todo, en un esfuerzo de nuestra voluntad. Veamos: El que sea egoísta necesitará ser más desprendido y solidario, el que siente violencia o ira, necesitará ejercitar la paciencia y la tolerancia, el orgulloso necesitará humildad, el lujurioso deberá domar sus instintos, el avaro necesitará ser más generoso y desprendido de los bienes materiales, el perezoso necesitará trabajar y esforzarse, el corrupto necesitará ser honrado y responsable, etc., etc. Fácil en teoría ¿no? Pues no debe serlo tanto cuando parece que necesitamos más de una vida para conseguir mejorar y adquirir un nivel vibratorio adecuado. Y recordemos las dos máximas en que se resumen todas las posibles indicaciones que podamos dar:

Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

Y si alguno es ateo y no quiere tener en cuenta a ninguna divinidad, no se preocupe, que ame a su prójimo y a todo lo que le rodea, Naturaleza y demás, que desde luego le valdrá muchísimo más que ningún ritual o palabras desgranadas sin que el corazón intervenga sinceramente.

Escrito por Alfredo Alonso Yuste
Centro Espírita Nuestro Hogar de Madrid
Revista FEE

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