En favor de la justicia

1 – ¿Cómo definir la filosofía?

Llamado sabio por sus contemporáneos, Pitágoras (580 – 500 a.C), modestamente, decía:-Soy tan sólo un amigo de la sabiduría. En griego, philósophos. La filosofía sería, por tanto, un empeño de buscar la sabiduría, en su sentido más noble, desvelar la verdad a través de la adquisición de conocimientos y el ejercicio de la razón.

2 – ¿Podemos, filosóficamente, demostrar la realidad de la reencarnación?

Si, desde que admitamos que Dios existe y tiene por atributos la justicia y la bondad.

3 – ¿Cómo probar que Dios existe?

En el axioma aplicado a las ciencias, evocado en el Libro de los Espíritus, pregunta 4: No hay efecto sin causa. Si el Universo es un efecto inteligente, tan perfecto que trasciende a la comprensión humana, necesariamente tiene una causa inteligente.

4 – ¿Y como demostrar que Dios es justo y bueno?

Hay en el ser humano un anhelo innato de justicia y bondad. Creados a su imagen y semejanza, lo que existe en nosotros en lo relativo, forzosamente existe en lo absoluto, en Dios.

5 – ¿Y que tiene que ver la reencarnación con la justicia y la bondad de Dios?

Sin la reencarnación es difícil conciliar esos atributos de la divinidad con las injusticias y maldades que preponderan en la Tierra.

6 – Dicen que Dios hace sufrir a los que ama, preparándolos para las bienaventuranzas celestes. ¿Quién sufre mucho es bien amado por Dios? ¿Quién menos sufre, Dios poco ama?

Es una idea absurda. Contraría elementales principios de la equidad.

7 – Si la filosofía apunta en dirección de la reencarnación, ¿por qué la mayor parte de los filósofos no la admite?

Los filósofos están interesados en explicar el Universo estribándose raciocinios materialistas, con abstracción de Dios y del Espíritu inmortal, conceptos básicos para pensar en la reencarnación.

8 – ¿Por qué Allan Kardec no fue reconocido como filósofo?

Porque siempre dejó bien claro que el Espiritismo es obra de los Espíritus, algo inadmisible para el materialismo que domina la filosofía. Por agravante, Kardec recusó adoptar el lenguaje complicado de los filósofos, inaccesible al hombre común. Eso permitió que fuese entendido por el pueblo, pero le cerraron las puertas de las academias.

Richard Simonetti
Extraído del libro “Reencarnación todo lo que usted necesita saber”

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