Caridad y presencia

Valioso el ministerio de la caridad, cuando mandas víveres y medicamentos a los que padecen aflicciones sin nombre.

Expresiva solidaridad que donas, a través de contribución de monedas que se convierten en alquileres dignos, como alabanzas impulsivas, que yerguen por la medicina a los que están en la inclinada caída y permanecerían en el suelo del desastre moral y humano.

Representativa ayuda con pan y tejido que donas a los que se debaten en el hambre y la desnudez.

Noble mensaje que mandas a los que lloran y se revuelcan en los pantanos de la desesperación.

Sanadores de males, las oraciones y los pensamientos saludables con que intercedes a la divinidad por los caídos y desafortunados del camino por donde sigues.

Mucho más importante, sin embargo, será tu auxilio directo, representado por tu presencia en el tugurio donde el dolor permanece dominando, o junto al gravamen donde la enfermedad maniata a sufridores, o por medios del verbo tibio de la amistad, con que expones la esperanza los oídos de las desdichas, o la moneda que conviertes en salario honroso, de forma a liberarlos de la constricción de la miseria económica y social, en la dinámica de fraternidad legitima.

Entre ayudar por intermedio de alguien o dejar de hacerlo por no poder amparar directamente, siempre es mejor socorrer de cualquier modo… Sin embargo, considerando el valor del bien, que es siempre mejor para quien lo ejercita, merece consideres la extensión del esfuerzo personal de que se enriquece el benefactor.

Visitando el caserío en ruinas donde un corazón yace, vencido meditarás. Hombreando con el afligido y amparándolo, reflexionarás. Conociendo la dificultad de alguien y sanándola, pensarás. Urge, de ese modo, participes de los problemas del prójimo en agonía, a fin de profundizar el examen de la situación en que practicarás, valorizando mejor las concesiones que usufructos.

Muchas personas generosas ofrecen lo que abunda en sus manos, pero no donan el tiempo, la presencia, el esfuerzo, permaneciendo solidarias, más distantes; gentiles, más distantes; fraternas más distantes, como recelando el contagio de los que se estacionan en las preciosas pruebas redentoras.

No te niegues, de esta manera, el trabajo eficiente de conducir el pan de la vida y la palabra de luz del Evangelio a los partidarios sombríos y tristes donde se alojan a los hermanos de la retaguardia espiritual.

Úngete de amor hazte médium de la alegría como de la caridad superior, viviendo, por algunos momentos, las dificultades de los que sufren y esclareciéndolos con la dadiva de tu auto ayuda, para que te tengan verdaderamente como amigo y seas realmente hermano de todos ellos.

Por el Espíritu Joanna de Ângelis
Psicografia de Divaldo P. Franco
Del libro Celeiros de Bençãos.

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