Canto de esperanza

Los labios que enseñan la verdad y educan a través del ejemplo y del amor son más nobles que aquellos que apenas murmuran.

Las manos que socorren a los que sufren y a los que se encuentran necesitados, se transforman en alas que vuelan en la dirección del futuro, tornando el mundo mejor, son más santas que aquellas que solo bendicen con gestos.

Las voces que modulan palabras de bondad para los niños de nadie, serán más bendecidas que aquellas que solamente alaban a Dios.

Los esfuerzos de ternura para educar y reeducar niños son más edificantes que aquellas que ahorran monedas, aunque sean de oro.

Quien se ofrece para ayudar a un ser infantil, invierte en el porvenir de la Humanidad con donación de luz. El niño débil de hoy podrá ser un sol poderoso mañana o un abismo de sombras amenazadoras en el porvenir.

El sentido de la vida es educar, porque fuera de la educación no hay como sobrevivir en la multitud. Por eso, es necesario que el discernimiento y la emoción humana se dirija a los pequeños que avanzan en el rumbo de la posteridad. Cuando la vida tiene un sentido superior, nada se le vuelve impedimento. De balde se combatirá la violencia, el crimen, la disolución de las costumbres, en los campos complejos de las discusiones académicas en salones de lujo, intermediadas por las comidas copiosas y caras, en cuanto la miseria infantil espía, muriendo de hambre en el otro lado.

El mundo de hoy, con sus trampas y dolores innominables, es el resultado del abandonado de la infancia en el pasado.

¡Haz algo!

Transfórmate en refugio de amor y sonríe al pequeño de la calle, apuntado como delincuente o en situación de peligro social. Recogerlo a los reductos correctivos, sin alma ni amor que educan, es condenarlo a la autodestrucción o a la destrucción de los otros.

¿Dónde vive? ¿Quiénes son sus padres? ¿Cuáles son los derechos que posee?

Bien pocos se interesan por saber, a fin de ayudarlo. Jesús, pues, reunió algunos de ellos en el centro y les prometió el Reino.

Ayúdalos a encontrar el camino que los llevara a ese lugar hermoso que irán a construir en la Tierra. Insiste en tu canto de esperanza. Entona el himno de bondad y haz que cada verso de tu canción se transforme en un conmovedor estribillo de amor y de educación.

Un día, no muy distante, volverás al palco terrestre en la condición de niño. Realiza hoy en favor de la infancia, lo que te gustaría recibir, cuando retornes mañana.

La ley Divina establece que el bien que se hace es el bien que se hace a sí mismo.

Amelia Rodrigues

Médium Divaldo Pereira Franco

Psicografiada en la reunión de la noche del 15 de agosto del 2012, en el Centro Espirita Camino de la Redención, en Salvador, Bahía. Extraído de la revista espirita “Reformador” Traducido por Jacob

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