El suicidio

Hola hermanos: Perdonad, quisiera deciros unas palabras. A lo mejor, no van a tener mucha importancia para vosotros, son muchas las cosas que ya sabéis, pero quizá, lo que no recordáis, porque si lo habéis vivido ya lo tenéis olvidado, es la situación tan dolorosa que experimenta un espíritu que se haya quitado la vida. En el momento de despertar, cuando el sufrimiento físico ha cesado a mí este sufrimiento me duró bastante tiempo, pero cuando cesó experimenté un padecimiento que todavía era más intenso, es el remordimiento, al darte cuenta de lo que has hecho con tu propia vida y de la forma que has decepcionado a los demás, en la manera que tan profundamente se duelen, de tu acto, los seres que te han rodeado.

Nunca es igual que un ser abandone su cuerpo de forma natural o bien que sea él mismo el que interrumpa su existencia. No es igual, ni para el que se va, ni para los que se quedan.
Cuando estás en la Tierra, hay un momento, a veces muy largo, que en realidad sólo ves aquello que te molesta, lo que te desespera, no ves ninguna salida, no la ves, ni se te ocurre pedir ayuda al Cielo, seguro que me habrían tendido una mano, pero no, la idea negativa te absorbe totalmente y se va haciendo cada vez más grande, a medida que pasa el tiempo va ocupando más espacio, y ya no ves más allá de esa idea.

Este hecho me ha marcado profundamente, ha sido de una manera tan intensa, que estoy seguro me ayudará a no volver a caer en semejante debilidad. ¿De qué me ha servido? ¡De nada!, ha sido un acto totalmente inútil, no mejoró en nada mi situación, inútil porque el resultado ha sido todo lo contrario de lo que yo creía, quería quitarme la vida y he seguido viviendo, ahora sé, que hay que regresar a la vida física, además tendré que demostrarme a mi mismo, cuando vuelva a la Tierra, que soy capaz de sobreponerme a lo que tenga que vivir, por duro que sea, y también sé ahora que todo lo que sufrimos mientras estamos encarnados, tiene su razón de ser, no hay nada que no tenga un motivo, somos acreedores de nuestro pasado.

No quise cosechar mi propia siembra, en vez de hacerlo, obré como si hubiera echado granizo a todo lo sembrado hasta entonces. No quiero que vuelva a sucederme. Mi consejo es este: Sed fuertes y orad, alejad siempre de vosotros todo pensamiento negativo, porque si le dais entrada se apoderará de vuestra voluntad y no seréis capaces de echarlo lejos. Orad, que la oración eleva el espíritu, es su alimento, lo fortalece y hace que lo vea todo con mayor claridad. Lo sé, porque ahora estoy orando y pidiendo a mis guías que nunca me abandonen, que siempre estén junto a mí, que me sostengan, que me ayuden a enderezar mis pasos.

No quiero que penséis que mis guías me dejaron abandonado en aquellos momentos, más bien fui yo quien me olvidé de ellos, mi debilidad estaba ahí, era más grande que yo mismo, por otra parte, tampoco pedí su ayuda, obré por mi libre albedrío. Es obvio, que si nuestros guías nos apartaran los escollos del camino, no habría mérito en nuestros actos y éstos deben ser fruto del propio esfuerzo. Cuando el ser desea fervientemente que sus guías le ayuden y reclama esta ayuda, la obtiene siempre, mas si se encierra dentro de la oscuridad, no puede ver la luz. Hermanos, que vuestros ojos espirituales se abran siempre a la luz.

Muchas gracias por la ayuda, que en su momento, me prestasteis.

Adiós.

Igualada, 20-03-1993
María Dolors Figueras
Extraído del libro “El despertar del alma”

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