Consciencia y responsabilidad

La responsabilidad es una manifestación evidente de la adquisición de la consciencia.

El acto de pensar no siempre da la visión correcta, necesaria para la responsabilidad. Esta se basa en el discernimiento de los objetivos de la existencia terrestre, propulsando al ser a las acciones ennoblecedoras en clima de dignificación.

La responsabilidad da el direccionamiento de los deberes, eligiendo aquellos que son esenciales, en detrimento de los que aparentan beneficios y no pasan de soporte para enmascarar la ilusión y el gozo.

La criatura responsable discierne lo que realizar y como ejecutarlo.

La tendencia para el bien es innata en el ser humano, frente a su procedencia divina. El entorpecimiento carnal, a veces, bloquea la facultad de direccionamiento que la consciencia proporciona.

La persona lucida, como consecuencia, obra con prudencia, confiando en los resultados que vendrán, sin preocuparse con el inmediatismo, sabiendo que la semilla de luz siempre se convierte en claridad.

La inconsciencia en que están muchas criaturas responde por la agresividad e ignorancia que en ellas predominan.

La responsabilidad, viene de la consciencia, promueve al ser al estadio de lucidez, que lo lleva a aspirar por las cumbres de la evolución que pasa a buscar, con acendrada dedicación.

La consciencia de la responsabilidad te conducirá:

– a nunca maldecir el charco, y si, a drenarlo;

– a no cultivar problemas, antes, a solucionarlos;

– a no erguir barreras que dificulten el progreso, pero si, a tornarte puente que facilite el transito;

– a no aguardar el éxito antes del trabajo, pues que, el primero solamente precede al último en la orden alfabética de los diccionarios;

– a no mirar para abajo, emocionalmente, donde reposan el polvo y el barro, entretanto, a mirar lo alto donde fulguran los astros;

– a no desistir de la lucha, perdiendo la batalla no realizada todavía, perseverando hasta el fin, pues la esperanza es la luz que brilla al frente, apuntando la senda de la victoria;

– a no hablar mal del prójimo, considerando tus propias deficiencias, en vez de eso, brindarles palabras de estímulo;

– a no perturbarte ante las incomprensiones, sino a sentirte vivo, y, por tanto, vulnerable a los fenómenos del tránsito humano.

– a nunca pretender la paz sin los requisitos para rendirle culto en lo íntimo, no obstante, irradiando la alegría del bien, que fomenta la armonía.

La responsabilidad no favorece la auto-piedad ni la presunción, la debilidad moral, ni la violencia, la voluptuosidad de los deseos viles, ni los gozos entorpecedores.

Es creativa y enriquecedora, porque sabe encontrarse en proceso de elevación y de crecimiento.

Louis Pasteur, combatido por los académicos de su tiempo, con responsabilidad, prosiguió hasta culminar en el descubrimiento de los microbios, de defensa de la rabia, del carbúnculo y, en general, de todas las enfermedades contagiosas…

Kepler, perseguido, pero consciente de los mapas celestes, insistió hasta presentar una admirable teoría del planeta Marte y formular otras leyes que pasaran a honrar su nombre.
Hansen, con responsabilidad, profundizó la sonda de las investigaciones, hasta aislar el bacilo de la lepra y salvar millones de vida.

Copérnico, anatematizado, con responsabilidad, demostró el doble movimiento de los planetas sobre sí mismo y el sistema heliocéntrico, pagando con un alto precio la audacia de la consciencia.

El matrimonio Curie, responsable, se entregó a las experiencias fatigantes, que abrieron nuevos horizontes para el conocimiento de los materiales radiactivos.

La responsabilidad es un escalón de elevación de la consciencia, que hace pleno al hombre y a la mujer en todas las situaciones.

Delante de esta realidad, Allan Kardec preguntó a los Benefactores Espirituales, conforme se lee en “El libro de los Espíritus”, en la pregunta numero 780:

– El progreso moral ¿sigue siempre al de la inteligencia?

– En su consecuencia, pero no lo sigue siempre de inmediato, dependiendo ciertamente, de la consciencia de responsabilidad.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Momentos de consciencia
Traducido por R Bertolinni

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