Consciencia y carácter

La elección de los valores ético-morales y la identificación de los objetivos de la vida, bien como la selección de las cualidades que establecen los criterios formadores del ser, caracterizan el surgimiento de la consciencia.

Su vigilancia y desarrollo transcurren de los episodios que se repiten, produciendo la fijación de las conquistas encargadas de incrementar el progreso del espíritu, sin demorados estadios en las provincias de los sufrimientos, que es legado de la ignorancia.

Toda realización pensada, sentida y cultivada, da surgimiento a la memoria, que imprime las impresiones más fuertemente experimentadas. La criatura humana debe preocuparse, en el buen sentido, con las emociones y acontecimientos positivos, de forma para guardar memorias que contribuyan, por estímulos, para el propio engrandecimiento, para la armonía personal.

Acosada, por el miedo y por el acostumbrado pesimismo, que se atribuye continuas desventuras, pasa con ligereza emocional por las alegrías, mientras se detiene en los desencantos.

Convivida a los patrones de bienestar, busca con avidez y auto flagelo, utilizándose de mecanismos masoquistas para inspirar compasión, cuando posee equipamientos preciosos que fomentan y despiertan el amor.

Se niega, por sistemática ausencia de consciencia, se entusiasma con la luz, la belleza, el sentido de la vida, entregándose a los caprichos de la rebeldía, hija del egoísmo insatisfecho.

Creyendo todo merecer, se atribuye méritos que no posee y rechaza conquistarlos. Se compara con aquellos otros que ve en diferentes niveles, sin darse al cuidado de examinar los sacrificios que fueron investidos, o lo que sienten, quien allá se encuentra, estableciendo conceptos de felicidad conforme piensa que las otros disfrutan.

Este es un estadio que resta del primitivismo del instinto, antes de la fijación de la consciencia.

Se presiona a los atavismos de los cuales se debería liberar y cierra las posibilidades que le facultan los vuelos más altos del sentimiento y de la razón. La alternativa de la desdicha y la perturbación de la consciencia se tornan, inevitables, generando un comportamiento que lo lleva a la enajenación.

La consciencia es una conquista iluminativa. Su preservación resulta del esfuerzo que establece el carácter del ser. Todos los seres pasan por los mismos caminos y experimentan equivalentes desafíos.

El comportamiento, en cada prueba, ofrece la promoción o el estacionamiento indispensable a la fijación del aprendizaje. La conquista, por tanto, del progreso, es personal e intransferible, lo que es ley de justicia y de ecuanimidad.

Cada uno asciende a través de los impulsos de sacrificio que desarrolla. Fija, en las imágenes de la memoria, tus momentos de júbilo, por más insignificante que sean.

La sucesión de ellos te dará una vasta copia de emociones estimuladoras para el bien. Olvida los fracasos, después de considerados los resultados provechosos que puede extraer.

Cuando algo de bueno, de positivo te acontezca, comenta sin alboroto, revive y déjate envolver por su significado edificante. Cuando seas visitado por la amargura, el desencanto, el dolor o la decepción, procura superar la vicisitud y avanza en la búsqueda de nuevos relacionamientos, evitando conservar resentimientos y detalles infelices.

No persistas en los comentarios desagradables, que siempre rezuman infelicidad.

Por habito enfermizo, las personas se fijan en las ocurrencias malsanas, abandonando los recuerdos saludables. Pierden, así, las memorias superiores y acumulan las reminiscencias perturbadoras, que ocupan los espacios mentales y emocionales, bloqueando las amplias áreas de desarrollo de la consciencia.

Los episodios de consciencia, de pequeño o gran porte, forman el carácter que es la línea de conducta para la vida. La consciencia consigue descubrir los valores más insignificantes y tornarlos estímulos positivos para otras conquistas.

La decisión y el esfuerzo impregnados para alcanzar nuevas metas evolutivas desarrollan el carácter moral, sin el cual fallan los más bien elaborados planes de triunfo.

El carácter saludable, disciplinado y responsable define al hombre de bien, verdadero prototipo, que no se detiene ni desiste cuando le surgen obstáculos intentando dificultar su avance.

Necesitas llevar adelante los planes buenos, de desarrollo moral y espiritual, ya registrados por tu consciencia.

No des tregua a la indolencia, ni te apoyes en evasivas o justificativas irrelevantes. Identificado el deber, acude a él y realízalo.

Realmente preocupado con el progreso del espíritu. Allan Kardec indagó a los Mentores

Elevados, según consta en la pregunta número 674 de “El libro de los Espíritus”:

-La necesidad del trabajo ¿es una ley de la Naturaleza?

– El trabajo constituye una ley de la Naturaleza, por lo mismo que es una necesidad, y la civilización obliga al hombre a más trabajo, por cuanto aumenta sus necesidades y sus goces.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Momentos de consciencia
Traducido por R Bertolinni

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