Id, y conquistar la Tierra

La añoranza persistía, como un aire misterioso, en todas partes. (*)

En la Galilea, todo era evocaciones: el escenario del mar rumoroso y pródigo, inmenso y abundante en peces, que Él tanto amara; las ciudades ribereñas, adornadas con cercas floridas y enormes pomares; ¡las mesetas coronadas de trigo, que Le inspiraron las inconfundibles parábolas…! ¡Todo en la romántica Región de las almas simples del pueblo, estaba marcado por el sello de Su mansedumbre! Los mismos montes, serenos y cansados de permanecer bajo los vientos, el sol y las lluvias, parecían recordarlo. ¡El Jordán, con la cantilena de sus aguas murmurantes, llevando sal hacia el mar muerto, también Lo evocaba! Todos los rincones, en aquella Galilea de amores simples y gente apasionada, de fe abrasadora y corazón de niño, guardaban los vestigios vivos de sus huellas. A esos caminos y parajes, Él los había recorrido con las más expresivas muestras de cariño.

Caná fue señalada por el admirable fenómeno de la transformación del agua en vino; Magdala, que lo acogiera más de una vez, era la antigua residencia de la mujer atormentada que Él liberó; Naim fue recordada por la recuperación de la niña, aparentemente muerta; y Cafarnaúm, Tiberíades, Nazaret, las pequeñas ciudades de Samaria, todas ellas eran recuerdos impregnados de Su presencia…

En Judea, salvo raras excepciones, cobraban vida las escenas evocadoras de la traición, de la pasión, de la soledad, del presidio, del suplicio, de la muerte… ¡y de la resurrección!
Y fue justamente, en los lugares hermosos y queridos de aquella Galilea sencilla, que Él asciende frente al inolvidable mar al atardecer … Y galileos también fueron sus discípulos, menos Judas, que había nacido en Karioth, en la Judea…

Por aquel entonces Jerusalén parecía más cruel. En ella se respiraba un ambiente poco tranquilizador.

Continuaban allí, porque para ese lugar habían sido designados casi ciento veinte de aquellos «quinientos hermanos» que fueron testimonios vivos de Su ascensión…

Aquellos que más convivieron con Él, se reunían frecuentemente en el cenáculo, donde algunos residían, aguardando las respuestas que pudiesen aclarar sus inquietudes.
A pesar de la comunión mantenida con el Rabí, no se sentían preparados para el ministerio a que fueron convocados. Estaban inseguros.

Hasta no hacía mucho, los alentaban los reencuentros inesperados, las noticias constantes, las visiones, los diálogos incomparables …

Empero, ahora se sentían sumergidos en una nostalgia irreprimible que los abatía, sin saber cómo o por dónde comenzar. Reconocían su propia ignorancia y limitación.

No se atrevían siquiera a reorganizar el grupo, que quedara incompleto con la deserción de Judas, el compañero engañado.

Aquella, era una ciudad políglota.

Como consecuencia de ello, era muy difícil entenderse, aun entre los propios compatriotas.

La lengua hebrea era «santa», porque en ella estaban escritos los Libros, porque era heredera de todas las tradiciones de la raza y porque estaba consagrada a todas las cuestiones del Señor. Sin embargo, para ellos, hombres muy simples e ignorantes, el dialecto de su región les resultaba más fácil y canoro. ¿Cómo enfrentar dificultades como ésas?

Se reunían para evocarlo, discutir Sus hechos, enriquecerse de piadosa emoción y llorar de añoranzas y de júbilo por saberse escogidos, no obstante…

* * *

Pentecostés (1) tenía una significación muy especial para el pueblo, en todo Israel. Y en aquel día consagrado al Quincuagésimo, se habían reunido con espíritu festivo.

Después de realizar una especie de sorteo por inspiración superior, Matías había ingresado al Colegio Galileo y su elección fue recibida con alegría por todos. Pese a ello, se sentían más nostálgicos que en días anteriores y experimentaban la impresión de que algo estaba por suceder.

La Ciudad estaba superpoblada de peregrinos. El barullo de las calles llegaba al recinto donde ellos se encontraban. Guardaban en el corazón, emociones que no conseguían traducir.

De pronto, «vino del cielo un sonido, como si fuese un viento ardiente e impetuoso, que llenó toda la casa donde se congregaban. Ellos pudieron ver lenguas de fuego que se fueron posando sobre cada uno de ellos. Y todos, envueltos por el Espíritu Santo, comenzaron a hablar en otras lenguas…»

Parecía que habían caído escamas sobre sus ojos, y que sombras espesas los envolvían mentalmente. Un discernimiento vigoroso los dominó a todos y la lucidez y la seguridad se manifestaron en palabras que, atropelladas al principio, fluyeron de sus labios cual si un éxtasis singular se hubiese apoderado de ellos.

Abrieron las ventanas y las puertas, y dominados por el impulso irrefrenable que los guiaba, salieron a la calle hablando sin saber qué o el porqué de esas expresiones que les eran desconocidas.

Mentalmente, experimentaban la impresión de estar navegando por ríos insondables, por donde anteriormente jamás se habían deslizado.

Una suave brisa parecía acariciarlos mientras sus corazones aceleraban el ritmo, presas de una indescriptible ventura. Las venas en las sienes dilatadas latían al impulso del torrente sanguíneo. Los ojos estaban brillantes y fijos; mostraban una palidez cadavérica, y en cuanto los bañaba un sudor abundante, el verbo fluía bajo un extraño y vigoroso comando. Atraídos por el inusitado acontecimiento, los transeúntes se acercaron, y, curiosos, se pusieron a comentar. Allí había habitantes de todas las provincias y de países remotos: «partos y medos, elamitas y los que vivían en la Mesopotamia, en la Judea, en Capadocia, el Ponto, en el Asia, Frigia, Panfilia, en Egipto y en algunas partes de Libia, ubicados junto a Cirene; también había forasteros romanos, judíos prosélitos, cretenses y árabes… y todos ellos los escuchaban hablando en sus propias lenguas de las grandezas de Dios. Estaban sorprendidos y maravillados, y se decían entre sí: «¿Qué significa esto?»

Y preguntaban: ¿No son galileos éstos que así nos hablan? ¿Cómo es que saben nuestros idiomas tan diversos y complejos…?

Luego de transcurrido el primer momento, alguien insinúa burlonamente: «¡Están llenos de mosto!»

Carcajadas y gritos irónicos acompañan a los más exaltados que exclaman perentoriamente:

— ¡Acabemos, ya, con tanta cháchara!

Sin embargo, ellos, incorporados como estaban por el Espíritu Santo y siendo Embajadores de Jesús, predicaron, transfigurados, dando comienzo a la Era Nueva del Espíritu Inmortal que había sido inaugurada por el Rabí Resurgido.

Las «Voces del Cielo» habían descendido, y la mediúmnidad ofrecía la comunión perfecta con la Inmortalidad. La «Iglesia Triunfante» levantaba en los corazones a la «Iglesia Militante». El Consolador se derramaba como primicia, teniendo como objetivo el futuro lejano que un día traería nuevamente al mundo y al hombre conturbado, el mensaje de vida, verdadero renacimiento del Cristianismo puro, profético y regenerador. (2)

La xenoglosia, irrumpiendo en los continuadores del Maestro Crucificado, producía admiración. (3)

Los glosólalos proseguían inmunes a la ironía, cuando Simón, notoriamente mediumnizado, con el semblante irradiando suave claridad, se adelantó y tomando la palabra, exhortó, elocuente.

No parecía el antiguo hombre del mar. No había en él más señales del pescador de las aguas de reflejos plateados, hábil manipulador de las redes. Ahora, su palabra y su corazón eran red y barco sublime en el mar de la esperanza. Estaba atendiendo una nueva pesca: la de la criatura humana para el Reino de Dios.

* * *

Erecto, confinante, dijo con voz firme:

«Varones judíos y todos los que habitáis en Jerusalén…»

La palabra ardiente, vibraba con fuerza y belleza. Mentalmente, volvía a verse en el Tabor y recordaba la Transfiguración del Maestro. La escena inolvidable desfilaba por su cerebro con incoercible rapidez. Sus ojos se humedecieron ante la visión psíquica del Señor, acompañado por Moisés y Elías, vestidos resplandecientemente…

Las lágrimas se deslizaron tibias por la faz marcada por las luchas. Con inconfundible verbo, prosiguió:

«Estos hombres no están embriagados como pensáis, siendo la tercera hora del día. Ya lo fue dicho por el profeta Joel:

«En los últimos días sucederá, dice Dios,
«que de mi Espíritu derramaré sobre toda la carne;
«vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán,
«vuestros mancebos tendrán visiones,
«vuestros ancianos soñarán…
«Y también derramaré de mi Espíritu
«sobre mis siervos y mis siervas,
«en aquellos días,
«y profetizarán …»

Hizo una pausa. El silencio era total. Se había producido un respeto natural, y el aire transparente dejaba al descubierto el azul brillante del firmamento.

Los galileos recordaban los escenarios donde Jesús había predicado, las anémonas rojas, tiñendo los campo verde-oscuros …

«Haré aparecer prodigios en lo alto, en el cielo,
«y señales en la tierra…
«El sol se convertirá en tinieblas,
«la luna en sangre,
«antes de que llegue el glorioso y gran día del Señor!
«Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del
«Señor
«será salvo»,
«Varones israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús Nazareno, varón designado por Dios entre vosotros …» Todos lo vimos realizar prodigios en la siembra de la Verdad, y sabemos que fueron realizados por ese Embajador y Excelente Hijo de Dios. Después de la crucifixión infamante que le impusimos por nuestra liviandad, resucitó de los muertos y apareció ante nosotros, eligiéndonos para mantener vivo y claro el sol de su amor en el rumbo de los espíritus. «Sepa, pues, con certeza, toda la casa de Israel, que, a ese Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo hizo Señor y Cristo.» Meditad y arrepentíos, libertándoos de la hiena de la codicia, de la cólera y de todas esas pasiones que famélicas y despiadadas os persiguen…

La voz se elevaba sonora e incomparable, y en cuanto era modulada, iba impregnando los espíritus y los corazones.

Todos los que la escucharon se sintieron deslumbrados, como si se hubiesen transformado en arpas vivas que fueran tañidas por manos invisibles de destreza poco común.

Conmovidos, muchos de ellos se aproximaron ansiosos y sedientos de paz, dejándose conducir por las vibraciones imponderables que los rodeaban, mientras que la palabra fluyente, concluyó en epílogo impresionante.

Reinaba en el ambiente, un hálito de paz que envolvía a todos. En lo íntimo de cada uno, cantaban las alegrías del momento en mensajes inarticulados.

* * *

Los Espíritus de la Luz los condujeron por los caminos del mundo, levantando a los caídos, consolando a los afligidos, liberando a los obsesados y predicando; todos ellos esparcieron la luz de la verdad, como el propio Maestro lo hizo. De allí, marcharon por toda la Tierra, entonando y viviendo la excelsa canción de las Buenas Nuevas que ahora vuelve a vibrar en todos los rincones del Mundo, conduciendo nuevamente al hombre al corazón del Altísimo, a través de Jesús, el Rey Inconquistado.

*Actos de los Apóstoles – Capítulos 1 y 2.

Para los judíos, Pentecostés celebra el día en que Moisés recibió en el Sinaí las Tablas de la Ley. Inicialmente, era consagrado a traducir la gratitud al Señor por las mieses concedidas al pueblo. Entre los Cristianos, rememora el descenso de las «Voces del Cielo», en el Cenáculo, cincuenta días después de la Pascua. La Pascua, a su vez, recuerda a los Judíos, la salida de Egipto y es celebrada entre ellos, en el 14º día de la primera luna de su año religioso. Entre los Cristianos, es la evocación de la Resurrección de Jesús.

(2) Con Allan Kardec, el Consolador pudo trazar directrices que, hoy, en el Espiritismo, reproducen el sano mensaje del Evangelio en sus bases superiores.

3 Xestoglosía – Mediúmnidad políglota. Glosolalía – Don de las lenguas.
(Notas de la Autora Espiritual).

Amelia Rodrigues
Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “Las primicias del Reino”

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