El espiritismo no hace milagros

4. – El Espiritismo viene a su vez a hacer lo que cada ciencia hizo en su advenimiento: revelar nuevas leyes y explicar, por consiguiente, los fenómenos que son de la alzada de esas leyes. Estos fenómenos, es verdad, se refieren a la existencia de los Espíritus y a su intervención en el mundo material; mas está ahí, y se dice así, a lo que es sobrenatural. Pero, entonces, sería necesario probar que los Espíritus, y sus manifestaciones, son contrarias a las leyes de la Naturaleza; que eso no es ni puede ser una de sus leyes. El Espíritu no es otra cosa que el alma que sobrevive al cuerpo; es el ser principal porque no muere, mientras que el cuerpo sólo es un accesorio que se destruye. Su existencia es, pues, tan natural después como durante la encarnación; está sometida a las leyes que rigen el principio espiritual como el cuerpo está sometido a las leyes que rigen el principio material; pero como estos dos principios tienen una afinidad necesaria, y como reaccionan constantemente uno sobre el otro, que, de su acción simultánea, resultan el movimiento y la armonía del conjunto, se deduce que la espiritualidad y la materialidad son dos partes de un mismo todo, tan naturales una como otra, y que la primera no es una excepción, una anomalía en el orden de las cosas.

5. – Durante su encarnación, el Espíritu actúa sobre la materia por intermedio de su cuerpo fluídico o periespíritu: lo mismo sucede fuera de la encarnación. Hace como Espíritu y en la medida de su capacidad, lo que hacía como hombre; como no tiene ya su cuerpo carnal por instrumento, se sirve, cuando es necesario, de los órganos materiales de un encarnado, el cual se convierte en lo que se llama médium. Hace como quien, no pudiendo escribir por sí mismo, toma prestada la mano de un secretario; o que no conociendo un idioma, se vale de un intérprete. Un secretario, un intérprete son los médiums de un encarnado, así como el médium es el secretario o el intérprete de un Espíritu.

6. – El medio en el cual actúan los Espíritus, y los medios de ejecución, no siendo los mismos que en el estado de encarnación, los efectos son diferentes. Estos efectos parecen sobrenaturales porque son producidos con la ayuda de agentes que no son de los que nos servimos; pero desde el momento en que esos agentes están en la Naturaleza, y que los hechos de las manifestaciones se cumplen en virtud de ciertas leyes, nada hay de sobrenatural ni de maravilloso. Antes que se conociesen las propiedades de la electricidad, los fenómenos eléctricos pasaban por prodigios a los ojos de ciertas personas; pero, desde que la causa de ellos fue conocida, lo maravilloso desapareció. Ocurre lo mismo con los fenómenos espíritas, que no salen más del orden de las leyes naturales que los fenómenos eléctricos, acústicos, luminosos y otros, que fueron la fuente de una multitud de creencias supersticiosas.

7. – Sin embargo, se dirá: admitís que un Espíritu pueda levantar una mesa y sostenerla en el aire sin punto de apoyo; ¿eso no es una derogación de la ley de gravedad?

–Sí, de la ley conocida; pero, ¿se conocen todas las leyes? Antes que se hubiera experimentado la fuerza ascencional de ciertos gases ¿quién diría que un aparato pesado, llevando varios hombres, podría vencer a la fuerza de atracción? A los ojos del vulgo ¿no debería parecer esto algo maravilloso, diabólico? Aquel que propusiese, hace un siglo, transmitir un despacho a quinientas leguas y recibir su respuesta en algunos minutos, habría pasado por un loco; si lo hiciese, se creería que tenía el diablo a sus órdenes, porque, entonces, sólo el diablo era capaz de andar tan de prisa; y, sin embargo, hoy, no sólo se reconoce posible sino que parece muy natural. ¿Por qué, pues, un fluido desconocido no tendría la propiedad, en determinadas circunstancias, de contrabalancear el efecto de la gravedad, como el hidrógeno contrabalancea el peso del globo? Fue, en efecto, lo que ocurrió en el caso de que se trata. (El libro de los Médiums, Cap. IV.)

8. – Los fenómenos espíritas, estando en la Naturaleza, se produjeron en todos los tiempos; pero precisamente como su estudio no podía realizarse con los medios materiales de que dispone la ciencia vulgar, permanecieron por mucho más tiempo que otros en el dominio de lo sobrenatural, de donde el Espiritismo los hace salir hoy. Lo sobrenatural, basado sobre apariencias no explicadas, deja libre curso a la imaginación, que vagando en lo desconocido, da nacimiento, entonces, a las creencias supersticiosas. Una explicación racional, basada en las leyes de la Naturaleza, trayendo al hombre al terreno de la realidad, pone coto a los extravíos de la imaginación, y destruye las supersticiones. Lejos de extender el dominio de lo sobrenatural, el Espiritismo lo restringe hasta sus últimos límites y le quita su último baluarte. Si hace creer en la posibilidad de ciertos hechos, impide creer en muchos otros, porque demuestra, en el ámbito de la espiritualidad, como la ciencia, en círculo de la materialidad, lo que es posible y lo que no lo es. No obstante, como no tiene la pretensión de tener la última palabra en todas las cosas, ni siquiera en aquellas que son de su competencia, no se presenta como regulador absoluto de lo posible, y lleva en cuenta conocimientos que reserva para el porvenir.

9. – Los fenómenos espíritas consisten en los diferentes modos de manifestación del alma, o Espíritu, sea durante la encarnación, sea en el estado de erraticidad. Es por sus manifestaciones que el alma revela su existencia, su sobrevivencia y su individualidad; se la juzga por sus efectos; y siendo la causa natural, el efecto lo es también. Esos efectos son el objeto especial de las investigaciones y de los estudios del Espiritismo, para llegar al conocimiento, tan completo como sea posible, de la naturaleza y de los atributos del alma, así como las leyes que rigen el principio espiritual.

10. – Para los que niegan la existencia del principio espiritual independiente, y, por consecuencia, el del alma individual y sobreviviente, toda la Naturaleza está en la materia tangible; todos los fenómenos que se relacionan con la espiritualidad son, a sus ojos, sobrenaturales, y, por consecuencia, quiméricos; no admitiendo la causa, no pueden admitir el efecto; y cuando los efectos son patentes, los atribuyen a la imaginación, a la ilusión, a la alucinación, y se niegan a profundizarlos; de ahí, en ellos, una opinión preconcebida que los hace incapaces para juzgar sanamente el Espiritismo, porque parten del principio de la negación de todo lo que no es material.

11. – De que el Espiritismo admita los efectos que son consecuencia de la existencia del alma, no se sigue que acepte todos los efectos calificados de maravillosos, ni que trate de justificarlos y acreditarlos; que sea el campeón de todos los soñadores, de todas las utopías y de todas las excentricidades sistemáticas, de todas las leyendas milagrosas; sería necesario conocerlo muy poco para pensar así. Sus adversarios creen oponerle un argumento irrefutable, cuando, después de haber hecho eruditas investigaciones sobre los convulsionarios de Saint-Medard, los calvinistas de Cévennes o los religiosos de Loudun, llegaron a descubrir hechos evidentes de fraude que nadie niega; pero, ¿son acaso esas historias el evangelio del Espiritismo? ¿Han negado acaso sus partidarios que el charlatanismo haya explotado ciertos hechos para su provecho; que la imaginación los haya creado; y que el fanatismo los haya exagerado mucho? Él no es solidario con las extravagancias que se puedan cometer en su nombre, como la verdadera ciencia no lo es con respecto a los abusos de la ignorancia, ni la verdadera religión en cuanto a los excesos del fanatismo. Muchos críticos no juzgan al Espiritismo sino por los cuentos de hadas y las leyendas populares, que son meras ficciones de él; pero es como juzgara la historia por las novelas históricas o por las tragedias.

12. – Los fenómenos espíritas son, las más de las veces, espontáneos y se producen sin ninguna idea preconcebida entre personas que menos piensan en ellos; en ciertas circunstancias, pueden ser provocadas por agentes designados con el nombre de médiums; en el primer caso, el médium es inconsciente, de lo que se produce por su intermedio; en el segundo actúa con conocimiento de causa: de ahí la distinción de médiums conscientes y de médiums inconscientes. Estos últimos son los más numerosos y a menudo se encuentran entre los incrédulos más obstinados, que hacen así Espiritismo, sin saberlo y sin quererlo. Los fenómenos espontáneos tienen, por esto mismo, una importancia capital, porque no se puede sospechar de la buena fe de quienes los obtienen.

Lo mismo ocurre con el sonambulismo que, en ciertos individuos, es natural e involuntario, y en otros, provocado por la acción magnética.(1) Pero que estos fenómenos sean o no el resultado de un acto de la voluntad, la causa primera es exactamente la misma y en nada se aparta de las leyes naturales. Por tanto, los médiums no producen absolutamente nada sobrenatural; y, por consecuencia, no hacen ningún milagro; las mismas curaciones instantáneas no son más milagrosas que los otros efectos, porque son debidas a la acción de un agente fluídico haciendo el papel de agente terapéutico, cuyas propiedades no son menos naturales por haber sido desconocidas hasta ahora. El epíteto de taumaturgo, dado a ciertos médiums por la crítica ignorante de los principios del Espiritismo, es así enteramente inapropiado. La calificación de milagros dada, por comparación, a ciertas especies de fenómenos, solo puede inducir en error sobre su verdadero carácter.

13. – La intervención de inteligencias ocultas en los fenómenos espíritas, no hace a éstos más milagrosos que todos los demás fenómenos debidos a agentes invisibles, porque estos seres ocultos que pueblan los espacios son una de las potencias de la Naturaleza, fuerza cuya acción es incesante sobre el mundo material, como sobre el mundo moral. El Espiritismo, esclareciéndonos sobre esta fuerza, nos da la clave de muchas cosas no explicadas, e inexplicables, de cualquier otro modo y que han podido, en tiempos remotos, pasar por prodigios; revela, cómo el magnetismo, una ley si bien no desconocida, al menos mal comprendida; o, por mejor decir, se conocían los efectos porque se produjeron en todos los tiempos, pero no se conocía la ley, y fue la ignorancia de esta ley que engendró la superstición.

Una vez conocida, esta ley, desaparece lo maravilloso y los fenómenos entran en el orden de las cosas naturales. He aquí por qué los espíritas no hacen más milagros haciendo girar una mesa, o haciendo escribir a los muertos, que el médico haciendo revivir a un moribundo, o un físico provocando la descarga de un rayo. Quien pretendiese, con la ayuda de esta ciencia hacer milagros, sería o un ignorante de la cosa, o un impostor.

14. – Puesto que el Espiritismo repudia toda pretensión a las cosas milagrosas, fuera de él ¿hay milagros en la usual acepción de la palabra? Digamos primero que, entre los hechos considerados milagrosos que ocurrieron antes del advenimiento del Espiritismo, y que ocurren aún en nuestros días, la mayor parte, cuando no todos, encuentran su explicación en las nuevas leyes que vino a revelar; estos hechos entran aunque bajo otro nombre, en el orden de los fenómenos espíritas, y, como tales, no tienen nada de sobrenatural. Entiéndase bien que aquí sólo se trata de hechos auténticos, y no de los que, con el nombre de milagros, son producto de una indigna charlatanería, con vistas a explotar la credulidad; no más que de ciertos hechos legendarios que pudieran tener, en su origen, un fondo de verdad, pero la superstición amplió hasta lo absurdo. Sobre estos hechos es que el Espiritismo viene a arrojar luz, suministrando los medios de separar el error de la verdad.

(1) El libro de los Médiums, Cap. V. – Revista Espírita; ejemplos: diciembre de 1865, página 370; – agosto de 1865, página 231.

Allan Kardec
Extraído del libro “La Génesis”

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