Reencarnación y consciencia

La conquista lucida de la consciencia abre espacios para el entendimiento de las leyes que rigen la vida, facultando el progreso del ser, que se entrega a la tarea de educación personal y, por consecuencia, de la sociedad en la cual se encuentra situado.

No le atienden más las aspiraciones, los conceptos utópicos y las afirmaciones pueriles destituidas de razón, con las cuales en el pasado se anestesiaba el discernimiento de los individuos y de las masas.

Con ella la idea de Dios y de su justicia evoluciona, arrancándolo del antropomorfismo a que estuvo encadenado por la ignorancia, para una realidad más apropiada con la propia grandeza.

Los viejos tabús, como efecto, ceden lugar a los hechos que pueden ser considerados y examinados por la investigación, produciendo amplias percepciones de contenidos que enriquecen la comprensión.

El crecimiento interior elucida la justicia, que ya no se aferra a los límites de las pasiones humanas que la estandarizan conforme los propios intereses, agraciando unos y castigando a otros, en lamentable aberración ética y de ecuanimidad discutible, sino absurda.

La consciencia conquistada favorece la penetración en las causas de la vida mediante los procesos de intuición, de deducción y de análisis consecuente de la experiencia vivida en los factores que constituyen el Universo.

Se engrandece el hombre y la mujer que se despojan del temor o de la incredulidad, de la beatitud o de la negación, asumiendo una postura digna, por tanto, coherente con su estado de evolución.

Solamente la consciencia favorece la perfecta identificación con la realidad de las vidas sucesivas, concepto-ley única para corresponder a la grandeza de la vida.

Sin la consciencia, la inteligencia lógica cree, pero no se somete; la emoción acepta, pero, teme los impositivos del estatuto de la evolución, en el cual está el mecanismo reencarnacionista.

La consciencia abre las compuertas de la inteligencia y del sentimiento para la natural aceptación de las experiencias sucesivas e inevitables, que promueven a la criatura.

La reencarnación es un instrumento del progreso del ser espiritual. Ahora expía, cuando son grabes sus delitos, sometiéndose a las aflicciones que constituyen disciplinas educativas mediante las cuales se fijan en los cuadros profundas de la consciencia los deberes a cumplir. En otras veces son pruebas que robustecen las fibras morales responsables por la acción que dignifica.

Lejos de ser un castigo, la dádiva del renacimiento corporal es una bendición del amor, ayudando al espíritu a desarrollar los recursos que tiene latentes, como tierra labrada y abonada en condiciones de transformar la semilla diminuta en el vegetal exuberante que en ella duerme.

Delante de esa realidad, amplia tu consciencia por la meditación y obra con seguridad ética, entregándote al compromiso de iluminación desde ahora.

Nunca postergues los deberes con el pretexto de que tendrás futuras oportunidades. Tu consciencia dirá que hoy y aquí es el momento y el lugar para la construcción de tu ser espiritual, que se debe elevar, liberándote de los atavismos primitivos y de las pasiones perturbadoras.

La consciencia de la reencarnación te impulsará al progreso a través del amor y del bien sin alternativas de fracaso, porque la luz de la felicidad brillando al frente será el estímulo para que alcances la meta.

Sin la reencarnación la vida inteligente retornaría al caos y la lógica del progreso quedaría reducida a la estupidez, a la ignorancia.

La consciencia de la reencarnación explica Sócrates y el hombre bárbaro de su tiempo, Gandhi y el salvaje de la actualidad, la civilización y el primitivismo en esta misma época. Lentamente el ser avanza y, de etapa en etapa, adquiere experiencia, conocimiento, sentimiento, sabiduría, consciencia.

En “El libro de los Espíritus”, en la pregunta 170, encontramos el siguiente dialogo:

– ¿En qué se convierte el Espíritu después de su última encarnación?

– Espíritu bienaventurado, Espíritu puro. Para esa desiderata final, la consciencia de las reencarnaciones es indispensable.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Momentos de consciencia
Traducido por R Bertolinni

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