Muerte y consciencia

La perfecta identificación de la transitoriedad del cuerpo físico expresa el superior estadio de consciencia del hombre.

Ese discernimiento lucido, al respecto de la fragilidad orgánica, es de alto significado en el proceso de la evolución, constituyendo una fase superior de conquista que promueve al ser del instinto a la razón, y de esta a la intuición espiritual.

Repugna al hombre-instinto el recuerdo de la muerte, así como de su convivencia en lo cotidiano.

Para él, la fase corporal tiene el sentido de permanencia, entorpeciéndole el conocimiento de la realidad, que se recusa aceptar, aunque el fenómeno biológico de las transformaciones celulares y moleculares se de a cada instante.

La seguridad del edificio orgánico se apoya en la fragilidad de su propia constitución.

Engranajes delicados son susceptibles de desorganizarse, sea por accidentes de su estructura, o por invasiones microbianas, o traumatismos físicos y emocionales, o, aun, por desgaste natural que transcurre del uso en la sucesión del tiempo.

Agrada, al hombre inconsciente, pensar solo en el inmediatismo del aparato físico y en el disfrutar de los aparentes beneficios que proporciona, en el área de los placeres y de las sensaciones más agresivas, que disfruta con avidez insaciable.

Ese engaño lo lleva al apego de las formas que se diluyen y alteran; de los objetivos de que se apropia y pasan de manos; de las aspiraciones que transforma en metas de vida y a las cuales se entrega, expresándolas en poder, destaque, abundancia, que no puede detener por tiempo indefinido.

Como efecto de esa acción sin apoyo en la realidad de la vida, surgen los cuadros de la ansiedad, del miedo, de la inseguridad, de la irritabilidad, degenerando en mecanismos de infelicidad, porque la vida física se le torna la única razón por la cual lucha y se empeña en preservar.

Experimentando el desgaste de la enfermedad, la vejez, se siente próximo al fin y se desequilibra.

Ignorando o insistiendo en desconocer la inevitable transformación que encierra un ciclo, para dar lugar al surgimiento de otro, del cual procede, se rebela y se envenena con la ira, presentando aquello que pretende postergar.

La consciencia libera la realidad del ser en profundidad, que comprende las naturales alteraciones de los fenómenos biológicos, que son instrumentos para su progreso espiritual.

Desentorpecido de los atávicos del instinto de conservación, que queda del primitivo animal, penetra en la estructura de la vida, descubriendo la causalidad existencial que es el espíritu, independiente de los mecanismos orgánicos, que usa con finalidad específicas y abandona cuando encerrada la actividad que se le hace necesaria.

Gracias a tal entendimiento, desarrolla recursos preciosos y desvela atributos que duermen en su íntimo, abriéndose a valores imperecederos que lo fascinan, en detrimento de aquellos otros que son necesarios al tránsito carnal y deben permanecer en el teatro terrestre donde se originan.

La consciencia de la muerte, con las consecuentes acciones preparatorias para el traspaso, favorece al ser con armonía interior y seguridad personal.

La lucidez en torno de los deberes empuja a la criatura al mejoramiento íntimo y, al hacerlo descubre que el amor es la fuente inagotable de recursos para proporcionarle la tentativa.

El amor que se expande lo libera de las pasiones esclavizadoras que lo perturban y lo entristecen.

Si ya puedes concientizarte de la proximidad del fenómeno de la muerte, que es trasformación en tu existencia, estás en condiciones de crecer y planear encima de las vicisitudes.

Vive entonces el periplo orgánico, conscientemente, usando el cuerpo con finalidad elevada, dado que al llegar el momento de tu muerte dejarás la masa material como mariposa dichosa que, después de la histogénesis, vuela feliz en los ríos suaves del infinito.

En la pregunta 155 de “El libro de los Espíritus”, se puede leer:

– ¿Cómo se opera la separación del alma y el cuerpo?

– Habiéndose roto los vínculos que lo retenían, se desprende. Con la consciencia de la realidad, la vida resplandece en el cuerpo y fuera de él.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Momentos de consciencia
Traducido por R Bertolinni

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.