El Consolador

La Doctrina Espirita recuerda las enseñanzas del Maestro al mundo cristiano, que los distorsiono al apoyarse en la premisa de que la sangre de Jesús o las prácticas religiosas salvan al pecador. Lo que el Maestro predicó, sin embargo, fue la necesidad del perfeccionamiento moral, que se expresa en la conducta (“Sed perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial”, “A cada uno según sus obras” etc. Mat. 16:27, Pedro, 1:17, Jer. 17:10); Las informaciones y esclarecimientos que el Espiritismo ofrece no choca con las enseñanzas de Jesús, muy al contrario.

Es claro que en aquella época Él no podía dar explicaciones sobre reencarnación, las leyes de la evolución, de acción y reacción etc, porque no lo entenderían, pero prometió enviar al Espíritu de Verdad, en el debido tiempo, para decir toda la verdad y recordar al mundo sus enseñanzas.

Dicen algunas religiones cristianas que el Consolador, el Espíritu de Verdad, habría venido en el Pentecostés pero en el Pentecostés no se justificaba alguien venir a decir toda la verdad, puesto que Jesús ya había dicho todo lo que la humanidad de aquellos tiempos podría entender, conforme Él mismo afirmó.

Más allá de eso, en el Pentecostés no hubo ninguna revelación. Tampoco había motivos para alguien venir a recordar las enseñanzas del Maestro, porque estos estaban aún muy vivos en las mentes y corazones de sus seguidores. Pero en el siglo XIX esas enseñanzas ya estaban muy olvidadas por las cristianos cuando el Espíritu de Verdad vino, a través de la mediúmnidad, a recordarlos, trayendo aun todas aquellas informaciones y explicaciones que Jesús no pudo dar en aquella época, cuando no podrían entenderlo.

Ahora, en otros niveles de conocimiento y después de tantos siglos de cristianismo, la humanidad ya estaba madura para recibir más esclarecimientos sobre la vida y los mecanismos de la evolución.

También el título, Consolador, se ajusta como guante al Espiritismo. ¿Hay consuelo mayor que saber que nuestros entes queridos que murieron no están muertos, sino vivos, continuando su evolución en otra dimensión de vida y que, eventualmente, podrán hasta comunicarse con nosotros a través de la mediúmnidad? ¿No hay consuelo mayor de saber que nadie ira para el infierno a sufrir para toda eternidad; que nuestros entes más queridos, que “no aceptaron a Jesús” en esta vida, no están perdidos por causa de eso?

Y los que cargan terribles pesos en la consciencia solo puede haber consuelo si saben que podrán un día reparar el mal que hicieron, aunque sea en una futura encarnación.
Las enseñanzas de Jesús eran de tan elevada moral que irritaron a muchos que Lo escuchaban. Otros Lo seguían por causa de las curas, de los milagros…

Pocos conseguían sintonizar verdaderamente con Su luminoso pensamiento y de Él absorber energía y disposición para cambiar sus vidas, siguiéndole sus pasos…

Extraído del libro » Nosotros y el Mundo Espiritual»
Autora: Saara Nousiainen
Traducido por Jacob

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