La razón

Al Sr. D. Manuel Oncins (dualista)

A usanza del insigne don Quijote,
desfacedor de entuertos y de agravios:
el que a Cervantes le valió que el mote
de loco le pusieran muchos sabios.

Siguiendo yo al hidalgo caballero
en su afanosa y singular tarea,
hoy me cumple decirte que no quiero
que tengas del gran Ser tan pobre idea.

Tú hallaste en la Tierra por fortuna
a una mujer, que con delirio ciego,
veló tu sueño y te meció en la cuna;
sintiendo de una madre el sacro fuego.

De santa gratitud tu pecho henchido
un amor sin rival la has consagrado;
si tu claustro materno aquí no ha sido
su espíritu otra vida ha recordado.

Porque esas poderosas afecciones,
no son hijas de un mundo tan pequeño;
aquí son más mezquinas las pasiones:
aquí la abnegación es sólo un sueño.

Aquí el oro es el móvil poderoso
que une y desune a la familia humana;
el titán de la fábula, el coloso,
por el que el hombre olvida hasta el mañana.

Por un presente espléndido, se olvida
de que al progreso eterno consagrado,
una prueba no más es esta vida,
un paso en su camino ya trazado.

Por eso cuando un alma enamorada
nos ofrece tesoros de ternura
brindando su magnética mirada,
un mundo de esperanza y de ventura.

Debemos concentrar el pensamiento,
debemos despertar nuestra memoria,
para escuchar el eco de un acento
que nos cuenta de ayer pasada historia.

Esa mujer que con delirio amante
fue el ángel protector en tu camino,
otra vez guió tu paso vacilante
y al tuyo está enlazado su destino.

¿No la recuerdas? ¿Di? Nunca tu mente
al escuchar los ecos que retumban
en las selvas, que gimen tristemente
cuando los huracanes las derrumban.

¿Nunca tu mente de pavor herida
buscó una sombra que te diera amparo?
¿Nunca viste una luz vaga y perdida
que tú creyeras rutilante faro?

¿No has escuchado en el espacio nunca
una dulce y lejana melodía?…
¿Cuando en el mundo tu placer se trunca
no busca un Más Allá tu fantasía?

No sé los sueños que guardó tu mente;
sé que anhelas un Dios, pero que dudas,
y que sin ser ateo ni creyente,
tras un helado análisis te escudas.

Ávido de saber, vas inquiriendo,
y vas a las escuelas preguntando;
sistemas filosóficos leyendo
que van tus ilusiones marchitando.

La historia de ultratumba te ha ofrecido
más mundos, más esferas, más regiones,
y ante ésta, te has quedado sorprendido
luchando entre sofismas y razones.

La mujer celestial que en este mundo
fue el ángel tutelar de tu destino,
dejó esta vida, y con afán profundo
como sigue a la brújula el marino.

Seguiste evocando en tu memoria
su sombra entre los muertos confundida,
pidiendo que una página en tu historia
escribiera su diestra bendecida.

Pero sorda a tus halles no responde
y exclamas en tu loco desvarío:
“Algo queda de ti…, ¿Mas dónde, en dónde?…
¿Que no contestas al lamento mío?… ”

“Preséntate ante mí, que yo te vea,
y viéndote una vez seré creyente,
-y con afán propagaré esa idea,
o seré en mi dolor indiferente.”

“En el Espiritismo yo he buscado
un consuelo a este mal que en mí delira:
si en el Espiritismo no lo he hallado
es el Espiritismo una mentira.”

¡Lógica deducción, por vida mía!…
Que como espiritista yo te arguyo;
tu osado pensamiento se extravía
y vence a tu razón tu loco orgullo.

¿Qué sabes tú si esa mujer querida
cumpliendo una misión en otro suelo,
no podrá embellecer tu triste vida
y de expiación te sirve tu desvelo?

¡Pues si todos los seres contemplaran
a las almas queridas que se alejan!…
¡Si todas al llamarlas contestaran!…
¿Se quejarían los hombres cual se quejan?

Que hay comunicación está probado,
revelaciones hay bien convincentes;
porque tú no las hayas alcanzado.
¿Podrás negar los hechos evidentes?

Si copias de Murillo las creaciones,
y al trazar en el lienzo una figura,
no imitas sus divinas perfecciones,
¿Valdrá por esto, menos la pintura?

Si de conquistador quieres el nombre,
y tu nave la absorbe el mar profundo;
¿Me negarás acaso que hubo un hombre,
un Cristóbal Colón, que nos dio un mundo?

¿Todos los hombres son grandes poetas?
¿Todos llegan a ser legisladores?
No, que giran en órbitas concretas
trazadas por sus hechos anteriores.

Tiene razón de ser cuanto acontece,
la ley universal es infalible,
y lo que más absurdo nos parece
es cual la ciencia exacta, indiscutible.

¿Por qué un ciego entre sombras viva triste
sin encontrar consuelo en su agonía:
podrá acaso negar que el sol no existe
porque él no llegue a ver la luz del día?

¿Por qué el Espiritismo aún no te ha dado
la solución ansiada de un problema,
deja de ser un hecho consumado
la irradiación de su verdad suprema?

No basta que tú niegues por despecho,
investiga, compara, sintetiza,
nadie para negar tiene derecho:
aquel que tiene dudas, analiza.

Tienes talento, ilustración bastante,
y como espiritista yo te arguyo;
yo quiero que camines adelante,
y pueda tu razón más que tu orgullo.

Madrid, noviembre 1874
Extraído del libro de Amalia Domingo Soler, “Memoria De Una Mujer”

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