Salud y consciencia

A fin de que la persona adquiera o preserve la salud, es imprescindible la consciencia de sí mismo, de su manera de ser.

Normalmente, por habito vicioso, prefiere y acepta los estados negativos y alterados de comportamiento con los cuales la consciencia anhela, abriendo espacio para las enfermedades.

Se permite, de ese modo, la rabia, los celos, la queja, la ansiedad, y cae en depresiones injustificables que son las puertas de acceso a enfermedades variadas.

Justificando siempre los pensamientos perturbadores y las acciones perniciosas, se recusa a la renovación del paisaje mental, con el consecuente cambio de actitudes, predisponiéndose más al desequilibrio.

Las señales de alarma en torno a la situación surgen cuando se desea:

– pedir disculpas por una reacción infeliz y no lograr hacerlo;
– recomenzar una tarea que la ira interrumpe y siente dificultad;
– abrazar a alguien inamistoso y verse impedido;
– discutir un asunto desagradable y es tomado por un silencio forzado;
– iniciar una conversación y se siente incapaz o desinteresado;
– permanecer despierto sin liberarse de una idea intranquilizadora;
– continuar ansioso, incluso cuando no hay razón que lo justifique;
– no conseguir dirigir palabras gentiles a una persona querida;
– sentirse trémulo o deprimido, delante de alguien que le parece superior:
– considerarse disminuido en el medio social en el cual se mueve…

Esos síntomas, y otros más, caracterizan estados predisponentes a las enfermedades.
La aceptación de esas circunstancias significa preferencia de infelicidad a la armonía.

Cultivando esos estados, se bloquea la consciencia, que se entorpece, volviendo a un estadio inferior, en el caso, a la sensación que aún le predomina en el proceso evolutivo.
Siendo la persona libre para preferir ser saludable o enferma, cabe a la consciencia obrar con libertad profunda, esto es, la opción de ser feliz.

Comienza por deshacerte de los patrones mentales antiguos, negativos, que te condicionarán a la aceptación de los comportamientos enfermos.

La práctica de nuevas maneras de pensar, basadas en el orden, en el bien general, en la superación de las propias posibilidades, creará automatismos y reflejos que trabajarán por tu armonía y salud.

Es necesario asumir el control de ti mismo, lo que equivale decir, a la concientización, ese nivel superior en el cual la emoción lleva a la sensación.

Infinitos mensajes son dirigidos de la mente al cuerpo, produciendo hábitos que se arraigarán, sustituyendo aquellos que se responsabilizan por el desorden y la enfermedad.

Tu cerebro, con sus extraordinarios archivos, está siempre almacenando datos con la capacidad de fijar diez nuevos hechos por segundo.

Puede parecer difícil salir de una situación desgastante para otra agradable. Y, es realmente. No obstante, todo aprendizaje exige la repetición de la experiencia hasta su fijación definitivamente. Del mismo modo, la adquisición de valores y patrones de felicidad van más allá del simple querer, deambulando por los caminos del conseguir.
La tecnología dio su más expresivo salto en los tiempos modernos, cuando tres jóvenes científicos americanos descubrieron el transistor, miniaturizando piezas y equipamientos que aceleraron el progreso de la civilización.

No medir esfuerzos para la adquisición de la salud, mediante la consciencia del deber para consigo mismo, es el desafío para enfrentar y vencer, a través de las pequeñas piezas del sacrificio, de la perseverancia y del trabajo.

En la cuestión número 912 de “El libro de los Espíritus”, Allan Kardec preguntó:

– ¿Cuál es el medio más eficiente para combatir el predominio de la naturaleza corpórea?

– Practica y abnegación.

Con este esfuerzo se disfrutará de consciencia, salud y paz.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Momentos de consciencia
Traducido por R Bertolinni

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