Comportamiento y consciencia

Estudios cuidadosos al respecto del comportamiento humano demostraron que hay tres biotipos representativos de criaturas en la sociedad.

El primero puede ser denominado como co-dependiente, constituido por personas condicionadas, aquellas que establecen sus metas a través de circunstancias ajenas a su voluntad, no adquiriendo una consciencia personal de satisfacción como esfuerzo individual auto-realizador.

Sus aspiraciones están fundamentadas en las posibilidades de otros, en los factores ocasionales y afirman que solamente serán felices si amadas, si realizan tal viaje o tal negocio, etc.

La falta de confianza en sí mismas les proporciona el desequilibrio disgregador de la salud y, más fácilmente, como media, son accesibles al cáncer, alcanzando un obituario mayor de aquellos que se demoran en las otras áreas.

El segundo es constituido por individuos insatisfechos: los que tienen rabia de la vida, que están contra: inestables e irritados por naturaleza, son autodestructivos, viviendo bajo la obligación permanente de la irritabilidad.

Afirman que se sienten incompletos, que nada les sale bien, por tanto, se agreden y agreden a todo y a todos

Fácilmente se torna presa de disturbios nerviosos que más lo desgastan y lo tornan infeliz, tirándose a los sótanos de la exaltación, de la depresión, del suicidio, directo o no…

Entre ellos surgen los déspotas, los guerreros, los delincuentes…

El tercer grupo es formado por criaturas ajustadas, autorrealizadas, tranquilas, confiadas. Ciertamente, el suyo es un número reducido, aplazando grandemente de los miembros que se encuentran en las franjas comportamentales anteriores.

Esas personas ajustadas son candidatas al triunfo en las actividades a las cuales se dedican, tornándose agradables, sociables, estimuladoras. Sus empeños son positivos, mirando siempre el bienestar general, el progreso de todos. Sus liderazgos son enriquecedoras, creativas y dignas.

De ese grupo salen los fomentadores del desarrollo de la sociedad, los ejemplos de sacrificio, los genios creadores, los buscadores de la verdad.

Las investigaciones sumergen sus sondas en las causas próximas de esos comportamientos y encuentran, en su raíz, el grupo familiar como responsable.

Con ligeras variaciones de aquellos que superan los factores negativos y se ajustan, bien como otros que a pesar de la sustentación que dignifica derrapan para las áreas de inquietud, el hogar responde por la felicidad o desdicha futura de la prole, generando criaturas de bien, así como siervos de la perturbación.

Quien no recibe amor, no sabe dar amor y no lo posee para repartir.

En la infancia del cuerpo, el espíritu encarnado plasma en la consciencia la escala de valores que orientará su existencia. Conforme sea tratado creará estimulo en aquella dirección, retribuyéndolos en la misma orden.

La autoestima ahí se desarrolla, cuando orientado al descubrimiento apreciable de la vida, de las propias posibilidades, de los valores latentes que le cumple desarrollar.

Los desafíos se le vuelven invitaciones al esfuerzo, a la lucha por el progreso, a la conquista de metas.

El fracaso no lo aturde ni lo desestimula, pues lo vuelve consciente de cómo no hacer lo que desea. El cariño y la ternura, al lado del respeto al niño, son fundamentales para una vida saludable, plena.

Todos tienen necesidad de seguridad en la jornada carnal de inestabilidades y transitoriedades. Y los padres, los educadores, los adultos en general son los modelos para el niño, que los amará, copiándolos, o los detestará, incorporándolos inconscientemente.

Es verdad que cada espíritu reencarna en el hogar de que tiene necesidad para evolucionar, lo que no concede a los padres el uso y abuso de las arbitrariedades que practican, de que tendrán, a su vez, de dar cuenta a la propia y a la consciencia cósmica.

El espíritu reencarna para progresar, extendiendo y mejorando las aptitudes que duermen en la consciencia profunda. La educación en la infancia desempeña un papel de fundamental importancia para su comportamiento durante la existencia. Los estímulos al amor lo ayudan a lapidar las aristas que le resta del pasado, mediante las acciones de ennoblecimiento, de solidaridad, de abnegación, de caridad.

Con raras excepciones, los grandes personajes de la Humanidad poseyeron una superior consciencia de comportamiento y la apoyaban en las reminiscencias del hogar, en el cariño de los padres, de los abuelos, de los maestros, que les constituyeron un ejemplo digno de ser imitados.

Sus reminiscencias fueron ricas de belleza, de bondad, de amor, con que se equiparon para las grandes situaciones de la existencia, y, aquellos que fueron víctimas de holocaustos, poseían pacificada la consciencia por sacrificarse en favor de la posteridad.

Respondiendo a Allan Kardec, a la pregunta número 918, de “El libro de los Espíritus”, aseveraron los conductores de la tierra:

El espíritu prueba su elevación cuando todos los actos de su vida corporal representan la práctica de la ley de Dios y cuando, anticipadamente, comprende la vida espiritual.

El comportamiento es, pues, resultado del nivel individual de la conciencia de cada ser.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Momentos de consciencia
Traducido por R Bertolinni

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