En la ley del auxilio

Cuando pedimos ayuda, es justo pensar en el auxilio imprescindible que nos debemos.

Todo indica, en los caminos de la vida, que las reglas del bien solamente valen si la criatura concretiza los principios.

El esquema de estudio, en la escuela, es el mismo tesoro de luz para la comunidad de los aprendices, no obstante, cada joven revela un tipo determinado de aprovechamiento de las lecciones recibidas.

Los estatutos de una organización policial, de naturaleza superior, constituyen avisos de la justicia, pero la aplicación de ellos varia, según la directriz de las autoridades que los representan.

El régimen del hospital es conjunto de instrucciones ennoblecidas, mirando la protección de los enfermos, sin embargo, su éxito reclama la disciplina y el concurso de los internados.

Las disposiciones del tránsito definen las sugestiones valiosas de aquellos que se desvelan por la tranquilidad publica, no obstante, la seguridad general depende del respeto con que las observen peatones y conductores.

El plan de un establecimiento industrial lanza normas correctas para la dignificación del trabajo, pero la eficiencia de la fábrica se desarrolla en la medida del servicio de los brazos que la sirven.

Es natural de la Voluntad Divina que todos seamos ayudados, entretanto, es forzoso convenir que nuestra voluntad humana debe disponer a ser auxiliada para que la Divina Voluntad nos ayude.

Nos prometió Jesús: “Quien me sigue no anda en tinieblas”.

El Señor no se obligaba a iluminar a los que solo aceptasen sus verdades y si a los que se le unieran al propio camino. Y, confirmándole lo anunciado, Kardec esculpió, en la codificación de la Doctrina Espirita, el precepto, indiscutible: “Ayúdate a ti mismo y el Cielo te ayudará”.

Emmanuel
Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro “Canales de la vida”
Traducido por Jacob

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