Luchas de la fe

En los trances inevitables de la evolución humana, hay mucha gente que únicamente cultiva la posesión de una fe convencional, en el agitado océano de las pruebas terrestres.

Red que balancease el corazón entre palmeras parlanchinas…

Barco que se entregase al soplo de la brisa…

Rincón de un valle verde al frente del cielo azul…

Jardín cuyo aroma ejerciese la función de un suave anestésico…

Sin embargo, la construcción de la fe verdadera encuentra unas gigantescas batallas provinciales del corazón.

Para buscarla e incorporar sus valores, las criaturas son obligadas a apoyarse unas a las otras y, porque las criaturas humanas aun respiran muy lejos de las condiciones angelicales, surgen aflicciones y conflictos por material indispensable a la formación del discernimiento – la llave de control de las nuevas devociones y pasiones – a fin de que la actitud religiosa, en nosotros, expresando un nivel espiritual, no nos sitúe en la mentira piadosa de la excesiva estimación de nuestros propios méritos.

Nos sorprendemos, a cada paso, choques y disensiones con dificultades y advertencias a la vista, como si el dolor viniese a examinar el grado de la paciencia y de la humildad, de la ponderación y del conocimiento que ya conseguimos asimilar.

Aquí, dudan los amigos queridos…

Allí, se apaga el arcoíris de suaves encantamientos…

Más allá, caen defensas que se nos presentan de contextura inexpugnable…

Adelante, se destacan arduos problemas a resolver…

Los espíritus indolentes se culpan irritados y espantadizos, recogiéndose al margen para el sueño de las propias conveniencias, alegando cansancio y desilusión…

Sin embargo, cuantos despiertan para la ejecución de los propios deberes, no ignoran que todos estamos aún unidos a los resultados de las propias caídas en existencias anteriores y que, por eso mismo toda nuestra edificación en materia de fe necesita erguirse en bases de experiencia personal, íntimamente sufrida y vivida a través del trabajo común, en el cual todos necesitamos de amor y comprensión, sin herir la verdad y sin desacreditar la justicia.

Toda vez que nos encontramos en graves contradicciones en el levantamiento y en la consolidación de la propia fe, analizamos nuestras crisis del sentimiento con espíritu de oración y entendimiento, servicio y responsabilidad, pero no intentamos desertar de la lucha que el propio Cristo no escapó.

Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro “Canales de la vida”
Traducido por Jacob

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