Espíritus familiares

En el intercambio entre encarnados y desencarnados, es justo recordar que la muerte no siempre es sublimación espiritual, que la mediúmnidad, en su expresión fenoménica, no es la demostración de progreso moral definitivo de la persona y que los problemas del mundo prosiguen en el alma que se transfirió de plano, cuando la mente no consiguió desprenderse de las ilusiones de la existencia física.

Muchos compañeros atraviesan el túmulo llevando consigo pasiones y frustraciones que les constituyen un doloroso purgatorio en la vida espiritual, y muchos médiums, respetables por las buenas intenciones en que se inspiran, permanecen unidos al pasado inquietante, llevando facultades cautivas a las pruebas y angustias por las cuales se redimen.

De ese modo, es necesario comprender que la palabra de los familiares desencarnados, muy dulce y amiga por el cariño que demuestra, puede contener el envenenado vino de la lisonja, que absorbido por nuestra liviandad nos perjudica el levantamiento y la recuperación.

Indudablemente, es obligación pura y simple recibir la visita afectuosa de las entidades que nos educan el alma, entretanto, es necesario analizarles la conceptuación y comprobar sus propósitos, en confrontación con la posición que Jesús reclama de nosotros, a fin de que no estemos embriagados por el bienestar particular, indeseable a nuestros verdaderos testimonios de regeneración y progreso.

Imprescindible el estado de vigilancia contra los convites a la vanidad y al egoísmo que, muchas veces, se fantasean de caridad o de amor para confundirnos el corazón.

Guardemos la correcta actitud del aprendiz del Señor que no desconoce el sacrificio de sí mismo como camino único para la ascensión a que se propone.

Amemos a nuestros espíritus familiares y agradezcamos la dedicación afectiva con que nos acompañan.

No nos olvidemos, pues, de que ellos y nosotros poseemos en el Cristo nuestro patrón de lucha y si a nuestro Divino Maestro fue reservada la cruz por recurso supremo a la celeste resurrección, seamos valerosos en el aprendizaje renovador, abrazando en el sufrimiento y en el servicio incesante nuestros verdaderos instructores, en el camino para la conquista de la Vida Mayor.

Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro “Canales de la vida”
Traducido por Jacob

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