Conocimiento y consciencia

A través de un análisis cuidadoso del comportamiento humano, Jung constató que en todos los pueblos hay una predominancia de la creencia en tres factores esenciales de la vida: Dios, la sobrevivencia del alma y la acción caritativa por el prójimo tanto como a sí mismo.

Variando de denominación y forma de aceptación, de filósofos y fe religiosa, esos tres principios son fundamentales a la sustentación del grupo social y a la felicidad individual. Son esos conceptos básicos que servirán de soporte a la ética y al pensamiento filosófico, abriendo perspectivas más amplias a la integración del ser en el grupo social.

Esas manifestaciones proceden, originalmente, del “yo” espiritual y son traídas de la Erraticidad donde él se encontraba antes de la reencarnación. Por tal razón, el concepto del arquetipo colectivo del mismo Jung, que intentaría explicar la creencia, en vez de haber surgido en el individuo y transmitido a las generaciones sucesivas, tiene su causalidad en el origen espiritual de la vida, que permanece en germen en el proceso de la evolución, hasta el momento cuando asume forma y expresión en la consciencia actual.

Necesariamente, a través de los tiempos, los espíritus misionarios, por tanto, más evolucionados, tomaron esos principios y los extendieron, presentándose en las varias formas de creencias y religiones, con los cultos compatibles al nivel cultural de cada época, pueblo y raza.

A medida que son aprendidos sus profundos significados, se revisten de las formulas innecesarias y pasan a la posición ética de comportamiento en relación con la vida, así mismo y al prójimo. Ellos permiten una plena integración de la criatura con su Creador, consigo mismo y con otro ser, sin cuya identificación la felicidad se le torna imposible.

Nadie es realmente feliz a solas. El exilio voluntario, la soledad, constituyen un método para la disciplina mental, moral y comportamental.

Realizado, pues, el curso de dominio de la voluntad, su aplicación en lo cotidiano, en el relacionamiento humano, dirá de su eficacia y de los resultados de la tentativa.

Experiencia no testada es adorno que no merece confianza. Conocimiento no aplicado es información que ignora la finalidad.

El ser humano es sociable, portador del instinto gregario para crecer en el relacionamiento con los demás donde quiera que se encuentren. Sin tal enfrentamiento, sus valores son desconocidos y sus resistencias ciertamente son débiles.

El conocimiento de la inmortalidad concientiza al ser para un comportamiento ético elevado con relación a su prójimo, todo haciéndole conforme el patrón que le constituye el ideal y que, a su vez, le gustaría recibir. En ese sentido de solidaridad se encuentra la meta desafiadora que debe alcanzar en el proceso evolutivo y de la auto-iluminación.

Todo un esquema de proyectos para hacer realidad se presenta a partir del momento en que su existencia física adquiera sentido, significado y finalidad, que no se interrumpen con la muerte orgánica, en su incesante fenómeno de transformaciones moleculares.

La visión de la inmortalidad permite una dilatación de objetos con relación a la vida, pues que, logrado un nivel de valores y realizaciones, otro surge atrayente, proporcionando nuevos esfuerzos que facultan el continuo crecimiento intelecto-moral del candidato decidido.

Cuestiones y circunstancias difíciles, que se presentan en el contexto social como relevantes y que responden por incontables conflictos generadoras de infelicidad, ceden lugar a legítimas aspiraciones de plenitud, que se colocan encima de las futilidades cuya importancia les es atribuida, debido a no pasar de frivolidades, desperdicios de tiempo y de emoción. Esto porque, la certeza de la causalidad divina y de su justicia faculta una real concientización de contenidos en favor del propio futuro, que tiene comienzo desde entonces.

El conocimiento, por tanto, racional, lógico y emocional, sobre Dios, sobrevivencia y función del amor al prójimo, concientiza al ser al respecto de su humanidad y de la destinación gloriosa que logrará en el futuro.

Allan Kardec, preocupado con la cuestión en torno de la felicidad, preguntó a los nobles mentores cual es la forma de enfocarla, y ellos respondieron, conforme está en “El libro de los Espíritus”, en la pregunta numero 919:

– ¿Cuál es el medio practico más eficaz que tiene el hombre de mejorarse en esta vida y de resistir a la atracción del mal?

– Un sabio de la antigüedad os lo dijo: Conócete a ti mismo.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Momentos de consciencia
Traducido por R Bertolinni

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