El apóstol del espiritismo convertido en espíritu

Cercano a nuestro Círculo, Léon Denis, el infatigable defensor del espiritismo, no ha dejado de manifestarse a nosotros desde su más allá. Les sugerimos conocer más a este espíritu y encontrarnos un momento con aquel cuya mirada esclarecida ha sabido transmitirnos toda la flama ardiente de su compromiso. Él ha venido a hablarnos de varios temas: el objetivo del espiritismo, el compromiso espírita, Dios, la hermosura de la Naturaleza, el celtismo, la turbación vivida después de la muerte, la clarividencia, la psicometría, el suicidio, etc. A través de algunos extractos de mensajes, compartiremos con ustedes la reflexión de este espírita comprometido, convertido en espíritu cuya preocupación es instruirnos siempre sobre lo que es posible realizar y sobre nuestro porvenir.

El espiritismo como respuesta filosófica al sentido de la vida.

Extractos de mensajes:

“En esta época, donde muchos hombres tienen miedo al porvenir, creo efectivamente que es preciso comprometerse, luchar, manifestar su voluntad de vivir con amor e inteligencia. Creo que la fórmula espírita responde a la angustia de vuestra época y que el sentido del deber, sin que signifique “obediencia ciega”, llama a compartir una verdad, siempre mejor definida cuando aceptáis oírnos”.

“ … Desde los tiempos heroicos del espiritismo, la Tierra no ha conocido sino la tormenta guerrera, el odio racial y el desprecio por el sentido de la vida en pro del dinero. Más vale decir que todos nuestros ideales de antaño han caído en el olvido de la historia, y que los valores humanos han cedido el paso a los valores mercantiles. Las ciencias y las técnicas se han desarrollado en la Tierra y me alegro por eso, el dominio de las energías es una prueba incontestable del genio humano. La mala suerte ha querido que predomine la inferioridad moral de los Espíritus de la Tierra, y que el tecnicismo así desarrollado no esté al servicio de todos, en el alivio de las miserias, sino para el bien de algunos convertidos en consumidores del “progreso”, sin preocuparse por las leyes de la naturaleza, el compartir y el amor…”.

“… El retroceso de la espiritualidad ha desprovisto a la evolución científica de todo sentido moral. Es así como, progresivamente, el materialismo ha penetrado las conciencias y los métodos de producción social se han apartado de la indispensable justicia evocada por todos los misioneros de Dios…”.

“… Vuestro mundo no puede continuar mucho tiempo más pisoteando su filiación divina, y los muertos tienen como deber despertar a los vivos. Así, la manifestación de los Espíritus en la comunidad humana, debe ser un llamado permanente al sentido moral de la vida. Así, después de más de un siglo, el fénix debe renacer de sus cenizas. No es necesario que nuestro trabajo, de nosotros, los descubridores del espíritu, los exploradores del más allá, se ahogue en el río de la ignorancia y del tiempo que pasa…”.

“A la ignorancia, es preciso responder con la cultura, al fanatismo con la razón, al egoísmo con el amor, al ateísmo con el espiritismo. Actualmente vosotros vivís en la Tierra, una mutación que no tiene comparación alguna. La electrónica, la física, la cibernética y la biología no pueden escapar, y no deben escapar, a la ética espiritual de la vida…”

El carácter único de la revelación espírita.

He aquí otro extracto, donde el espíritu Léon Denis evoca el carácter único de la revelación de los Espíritus:

“… El espiritismo es la única, sí, la única filosofía en la Tierra que no es resultado de la reflexión de un hombre o de un grupo de hombres, sino el resultado de la reflexión y el conocimiento de los desencarnados, vulgarmente llamados «los muertos». El espiritismo es pues un conocimiento como no existe ningún otro, pues los Espíritus que os hablan, os guían y os protegen, se hallan en un estado tal que sus percepciones sobrepasan todas las posibles percepciones que podéis tener en estado humano. Allí, donde nos hallamos, podemos discernir mejor el bien del mal. Allí donde nos hallamos, podemos entrar en contacto con fuerzas que también son superiores a nuestros Espíritus que sin embargo ya os guían. Podemos transmitiros pues un conocimiento infinito. El espiritismo jamás ha sido tan justo, tan verdadero, tan pertinente, tan contemporáneo y tan moderno como en vuestro mundo actual, donde se plantean todas las preguntas y donde la ciencia materialista ya comienza a vislumbrar sus límites…”

El más allá que se manifiesta por todas partes.

Luego Léon Denis evoca, a través del siguiente mensaje, la manifestación de los Espíritus que, en todas partes del mundo, buscan llamar la atención de los hombres sobre la supervivencia del alma.

“… Penetramos en la cotidianidad de cada uno. Entramos a las casas. Golpeamos las paredes de esas casas. Desplazamos los objetos. Provocamos la conciencia de todos en su sueño. Aportamos nuestra luz para no decir nuestra luminosidad. Nuestros fantasmas vivos se manifiestan en múltiples lugares y sin embargo el hombre calla, y sin embargo el hombre no se atreve a decir que existimos. El hombre se oculta, el hombre se esconde, el hombre se obliga a olvidar y ocultar lo que aprende y lo que ve. El orgullo ciega la naturaleza de los hombres. El orgullo impide nuestra verdadera presencia…”

Comprender un hecho social: el suicidio.

En el siguiente extracto de mensaje de 1989, Léon Denis aporta un punto de vista espírita sobre un flagelo que con frecuencia suscita desconcierto e incomprensión. Se trata del suicidio:

“… estamos frente a un problema real que no puede resumirse en una respuesta moral simplista. Dios no prohíbe el suicidio, ya que sólo el hombre es responsable ante su muerte. El suicidio no es pues un acto inmoral y no debe ser considerado como una infracción, una falta o incluso, hasta un pecado. El suicidio es un estado de desamparo enfermizo cuyas causas son a menudo ajenas al sujeto que cometerá esa acción. Las principales causas del suicidio son las siguientes: falta de amor; desmejora en el trabajo, si ese trabajo es envilecedor, repetitivo que vuelve esclavo al espíritu; el sentimiento de inutilidad en una sociedad no igualitaria que no reconoce el valor de un hombre sino su éxito financiero, tildando al otro de «fracasado», este adjetivo hace mucho daño y mata; el sentimiento de inferioridad, marcado por el odio social y el rechazo a las diferencias; y por último, el despertar repentino de una vida anterior, ya suicida, pueden llevar a una neurosis obsesiva que conduce al acto. Es pues tiempo de considerar la desesperación como un llamado a la esperanza, de considerar el suicidio como una enfermedad del alma que se ahoga en el cuerpo social. No afirméis jamás vuestro porvenir en este campo, pues la ausencia de amor es una enfermedad que acecha a todos los hombres.

El hombre tiene el deber de vivir su encarnación, pero el hombre no es nada en el abandono, en el desprecio y en la soledad. La respuesta a la calamidad suicida es pues una respuesta profundamente amorosa. Debe proceder de los individuos, pero también de los Estados, de las sociedades que éstos representan y de las leyes que ellos deciden. Quiero imaginar con vosotros una sociedad de amor que no pueda sino retener al hombre en la responsabilidad de su vida física y no lo empuje hacia la muerte como una herramienta inútil que estorba. En cuanto al trastorno palingenésico que puede llevar al hombre a darse muerte, debe encontrar su respuesta en el desarrollo de un psicoanálisis de tipo reencarnacionista que sea reconocido por toda la profesión médica. No he venido a daros una solución a este grave problema, pero he venido a traeros una respuesta. De ahora en adelante, si se le pregunta al espírita su posición ante el suicidio, responderá ante todo que es el crimen de los otros y no la falta de uno solo”.

Concluiremos este encuentro, con las palabras encarnadas de Léon Denis en 1885 en El Porqué de la Vida. El extracto está tomado de su abundante literatura espírita que les invitamos a descubrir; allí se expresa toda su alma poética:

“Es a vosotros, oh mis hermanos y hermanas en humanidad, a vosotros todos a quienes el fardo de la vida ha encorvado, a vosotros a quienes las ásperas luchas, las preocupaciones y las pruebas han agobiado, a quienes dedico estas páginas. Es a vuestra intención, afligidos y desheredados de este mundo, que las he escrito. Humilde pionero de la verdad y del progreso, he puesto en ellas el fruto de mis desvelos, mis reflexiones y mis esperanzas, todo lo que me ha consolado y sostenido en mi marcha por este mundo. Podéis encontrar allí algunas enseñanzas útiles, un poco de luz para iluminar vuestro camino. Pueda esta modesta obra ser para vuestro espíritu entristecido lo que la sombra es al trabajador quemado de sol, lo que es, en el árido desierto, la fuente límpida y fresca, que se ofrece a la mirada del viajero aturdido”.

Emmanuelle Pêcheur
Extraído de la revista «Le journal Spirite Nº 93»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.