¡Qué malo es ser malo! – Luz Espiritual

¡Qué malo es ser malo!

Continuamente recibo cartas y periódicos con anotaciones para que pregunte a los espíritus sobre el epílogo de varias historias a cual más tristes y terribles, pero como no siempre tengo un buen médium a mi disposición, no puedo complacer a los muchos espiritistas que a mí se dirigen en demanda de averiguaciones referentes al pasado de algunos mártires de sí mismos.

Hace algún tiempo que desde Irún, me escribieron diciéndome lo siguiente: Amalia; un favor te voy a pedir (si es que puedes hacer). En este Asilo de Irún hay un pobre ser, que al nacer, su primera cuna fue un portal, y el carro de la basura se lo iba a llevar sin saber lo que era; el pobrecito tiene la cabeza como no he visto ninguna de bien formada, la cara no es mal parecida, la boca algo torcida y la lengua sin poder articular bien, pues casi no se le entiende lo que habla, las manos las tiene inútiles, lo demás del cuerpo no le sirve para nada, tiene que andar con las piernas y las manos. Si como estudio puede servir esto, te suplico le preguntes al guía de tus trabajos, a ver si nos puede dar algunos antecedentes sobre este pobrecito ser para que sirva de esperanza.

Al leer el anterior relato me conmoví profundamente, por que, ¿quién no se impresiona ante tal infortunio?… ¡qué modo tan triste de entrar en la tierra!… y aún estaba dominada por una angustia indefinible cuando leí un suelto de varios periódicos que me hizo exclamar: ¡qué modo tan triste de entrar en la tierra! Y ¡qué manera de morir tan horrorosa!… ¡pobres espíritus! ¿qué hicisteis ayer?. El suelto del periódico decía así:

Misterioso Crimen

Un cadáver putrefacto en una cueva, medio devorado por los perros. En toda la villa no se habla más que del horrendo hallazgo de un cadáver, en circunstancias que recuerdan las de la Huerta de los crímenes de Peñaflor. Hasta hoy no se han acabado de formalizar las diligencias judiciales, después de la autopsia. Hace pocos días, los dueños de la hacienda de Segú, situada a tres kilómetros del vecino pueblo de Calafell, notaron que los perros de la masía rehusaban la comida que se les echaba, y como no parecían enfermos los acecharon con la natural curiosidad por saber si vivían de caza, como alguna vez había sucedido. Así dieron con una cueva, dentro de la misma heredad, donde penetraron tras los perros. Allí encontraron el cadáver, cuyo aspecto era espantoso. En plena descomposición, como si la muerte datara de más de quince días, los míseros despojos apenas tenían ya forma humana.

El cadáver estaba completamente desnudo y con huellas en todo el cuerpo de haber sido quemado. Le faltaba el brazo derecho, con todo el pie izquierdo y parte del derecho, todo devorado seguramente por los perros, que han roído además ambas piernas, despojándolas de la carne y dejando el hueso mondo. Enseguida se declaró el crimen, pues el cráneo está destrozado con un instrumento contundente, suponiéndose sería algún pedrusco. Avisado el Juzgado de instrucción, se trasladó a la cueva de Segú para la inspección ocular y el levantamiento del cadáver. El examen minucioso, completado con la autopsia, no ha permitido identificar el muerto, ni aun recoger indicios, como los de las ropas y el cabello, pues todo fue carbonizado. El único dato probable es referente a la edad, que sería de cincuenta a sesenta años a juzgar por los dientes. Tal acto de cafrería ha impresionado hondamente a todo la comarca.

– C. ¿No es verdad que el anterior relato impresiona dolorosamente?

Con verdadera angustia le dije al guía de mis trabajos: Cuéntame, si puedes, algo de estas historias. ¿Por qué el primero no encontró una madre que le acariciara? ¿Por qué el segundo hasta después de muerto sirvió de pasta a los perros? ¿Por qué el primero tiene que arrastrarse por la tierra y habla en vano sin que nadie le entizna? ¿Por qué el segundo no ha merecido ni una fosa para que en ella se disgreguen sus restos?

II

Tú misma te contestas haciendo la pregunta, tú misma comprendes que deben haber pecado mucho, cuando les ha sido negado lo que se concede al más humilde, una madre para reposar en sus brazos en los primeros años de la infancia, y un hoyo en la tierra para dormir el último sueño (como decís vosotros). Pues mira; todo es obra de ellos mismos; el que hoy habla y nadie le entiende, ayer habló mucho, ayer fue un tribuno del pueblo, ayer arrastró tras de sí a las masas populares y les dijo:

Empuñad vuestras armas, herid sin compasión a vuestros verdugos, incendiad sus moradas, quemad sus mieses, talad sus campos, secad sus fuentes, que no quede piedra sobre piedra de sus castillos feudales, sed los ángeles exterminadores, los vengadores de los oprimidos, reducidlo todo a cenizas y sobre ellas edificaremos las ciudades libres!

Pero al mismo tiempo que lanzaba a los débiles a la pelea, delataba a los fuertes los planes de los atormentados por el hambre, y se hacía pagar sus traiciones fabulosamente, y gozaba produciendo la más espantosa confusión, era hombre de grandes y atrevidas iniciativas, pero todo su saber lo empleaba en producir el mal, corría presuroso para adelantar una mala noticia, gozaba haciendo el mal por el mal mismo, por eso hoy no puede hablar, por eso hoy no puede correr, ha corrido tanto para gozar en el dolor ajeno!… ha empleado tan mal su arrebatadora elocuencia!… justo es el castigo que él mismo se ha impuesto! Compadecedle, consoladle.

¡Ay de aquellos que se hacen la justicia por su mano!… y respecto al infeliz que hasta sus restos han sido profanados, en épocas pasadas, cuando el tribunal de la Santa Inquisición estaba en todo su apogeo, él era uno de los inquisidores más afamados por su crueldad, él llevó leña verde a la hoguera donde se quemaban tres infelices doncellas que le debían el ser (clandestinamente) él delató a su propia madre acusándola de hereje.  ¿Merecen una tumba esos monstruos de iniquidad? Ellos mismos se la niegan, ellos mismos buscan el castigo de sus crímenes.

Esto asusta a los que no quieren comprender que los malvados no pueden ser felices hasta haber pagado sus innumerables deudas. Hay quien acusa a Dios de cruel porque no quedan impunes tan horribles crímenes, sin querer hacerse cargo que Dios no ejerce el triste papel de ejecutor de la justicia divina; los ejecutores son los mismos culpables. Dios está a mucha más altura, Dios no puede inmiscuirse en las miserias humanas.

Si queréis mirar veréis en la misma tierra un ejemplo de lo que os digo. Vuestros grandes sabios, los hombres que pasan su vida preguntando a la Naturaleza, cuándo se crearon las distintas especies que pueblan los bosques, los mares y el aire, y cuándo el hombre se dio cuenta que amaba, que sentía y que deseaba, estos cenobitas de la Ciencia, que viven entregados completamente a sus profundos estudios, ¿hacen vida común con su familia? ¿Toman parte de las rencillas de sus deudos?

No; su mundo no es este semillero de bajas pasiones; pues si los hombres científicos, pone su misma ciencia una muralla entre ellos y el vulgo ignorante, ¿se puede creer que Dios esté escribiendo continuamente sentencias condenatorias para castigar a los que infringen su divina ley? ¡No, Dios es la vida! ¡Dios es el amor! ¡Dios es la luz! ¡Dios es el alma de cuanto existe!

Dios es la Causa y la Creación es su efecto! ¡Dios es el eterno día! No puede confundirse con las sombras de los delitos. Son los hombres los que a semejanza de las fieras se devoran los unos a los otros hasta que el gran domador (el dolor), los va reduciendo a la obediencia, y les va haciendo comprender que no han venido a este mundo para despedazarse los unos a los otros, para descuartizarse por la adquisición de un puñado de tierra, sino que , muy al contrario, tienen un alma para sentir, para amar, para engrandecerse y elevarse sobre las demás especies que pueblan la tierra, porque los hombres han nacida para perfeccionarse, para espiritualizarse, para ser los grandes sacerdotes de la religión, del amor y del deber, religión sin templos, sin altares, sin ídolos, en ella no hay más culto que el amor universal y Dios trazando en el espacio una palabra divina con letras luminosas, esas letras son los mundos que girando dentro de sus órbitas van formando una frase trisílaba: Progreso!…

Sí, progreso, evolución eterna, renovación continua de la vida. Ah! Cuando el alma se abisma en la contemplación de la naturaleza, cuando la admiración más profunda se apodera de nuestros sentidos, qué grande se encuentra a Dios y qué pequeños aparecen los hombres!

Compadeced a los vencidos, rogad por ellos, están en la sombra. Ay de aquellos que viven en las tinieblas!… Adiós.

III

Estoy en un todo conforme con la anterior comunicación; siempre he creído que los hombres nos despedazamos unos a otros haciendo uso de nuestras míseras pasiones, sin que Dios nos premie ni nos castigue: Nos creó para vivir en la luz, nos dio tiempo sin medida para labrar nuestro campo, y como nuestro destino es vivir la verdadera vida, a la luz llegaremos aunque nos detengamos en el mino siglos y siglos.

Amalia Domingo Soler. Septiembre de 1906

1 comentario sobre “¡Qué malo es ser malo!

  1. Responder
    Mary Durán - 28 enero, 2018

    Que grandes comunicaciones, son palabras y reflexiones que debemos escuchar y entender, Dios es amor y perdón y nosotros somos nuestros propios verdugos.

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