Crecer en conocimiento

La paz sea con vosotros, hermanos amados:

Paz deseamos para todo el planeta, pero esa paz debe empezar por sentirla cada uno de todos los seres que moran la Tierra. Y para que el espíritu sienta esa paz, primero debe entrar en el conocimiento de si mismo y también tener presente la existencia del mundo espiritual.

Hermanos, educad vuestro espíritu, dadle la cultura espiritual que precisa, para que pueda seguir en su caminar consciente y seguro, de los pasos que debe andar. A través de la historia de la humanidad, grandes espíritus, sabios profetas han dejado su mensaje, su voz de alerta ha puesto en aviso a todo el género humano. Su voz potente, segura, ha hablado con fuerza de valiosas verdades, que los habitantes de este planeta, en su gran mayoría, no han querido escuchar ni atender. Yo os digo hermanos, que tenéis junto a vosotros un inmenso tesoro de sabiduría y es obligación vuestra buscarlo.

También os recuerdo, que si buscáis, sin duda alguna lo hallaréis; ya se os dijo: «Al que llama se le abre y al que pide se le da.» Por tanto, no os quedéis en los primeros cursos, salid de la escuela de párvulos, ¡creced!, creced en conocimiento, crecer en conocimiento es adquirir sabiduría y adquirir sabiduría es alcanzar libertad, sólo con libertad se puede conseguir conocer las verdades de las eternas leyes que rigen y mueven el Universo entero, con sus soles, hasta los más insignificantes insectos y todo su conjunto. El Universo es esto, es movimiento, es Vida.

Ahondad en estos pensamientos y profundizad en tales conocimientos. Desnudaos por unos momentos de todo lo que pueda significar características físicas, olvidaos del color de vuestra piel, del color de vuestros ojos, de la forma de hablar para expresar sentimientos y opiniones, si sois capaces de aislaros de la materia física ya no reconoceréis en un determinado espíritu a vuestro hijo o a vuestro hermano, sino que sabréis que sois todos espíritus creados por un mismo Amor, y que debéis amaros todos con el mismo amor. En este planeta los lazos de la carne y de la sangre os atan de manera tal, que en vuestros espíritus anidan sentimientos preciosos, sí, pero egoístas también, por ello no podéis desarrollar el amor en toda su grandeza.

El amor, hermanos, no puede quedarse ahí, reducido en un pequeño grupo de seres unidos por lazos de carne y sangre. El amor ha de saltar estas barreras, ha de engrandecerse, y tiene que llegar a unir, en un inmenso abrazo, a todos los seres de la Creación. Quiero hermanos, que seáis capaces de amar al Amor, porque si amáis al Amor, amaréis el todo. Que ese Amor inunde vuestros espíritus ahora y siempre.

Adiós.

Igualada, 20-12-1993
María Dolors Figueras
Extraído del libro «El despertar del alma»

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