El libro de los Espíritus.17 de junio de 1856

(En casa del Sr. Baudin; médium: Srta. Baudin)

Pregunta (a la Verdad) – Una parte de la obra ya ha sido revisada. ¿Podrías tener a bien expresar qué piensas de ella?

Respuesta – Lo que ha sido revisado está correcto, pero cuando la obra esté concluida deberás volver a revisarla, a fin de ampliarla en ciertos puntos y abreviarla en otros.

P. – ¿Opinas que debe ser publicada antes de que se cumplan los acontecimientos predichos?

R. – Una parte sí; pero no todo; pues te aseguro que tendremos capítulos muy espinosos. Por más importante que sea ese primer trabajo, en cierto modo no es más que una introducción. Asumirá proporciones que hoy estás lejos de sospechar, y tú mismo comprenderás que ciertas partes sólo podrán ser dadas a conocer mucho más tarde y en forma gradual, a medida que las nuevas ideas se desarrollen y se arraiguen. Publicarlo todo de una vez sería una imprudencia. Es preciso conceder tiempo para que se forme la opinión. Encontrarás algunos impacientes que procurarán empujarte hacia adelante; no les prestes oídos. Mira, observa, explora el terreno, prepárate a esperar y haz como el general cauteloso que sólo ataca cuando ha llegado el momento favorable.

Observación (escrita en enero de 1867) – En la época en que fue dada esa comunicación, yo apenas tenía en vista El libro de los Espíritus, y lejos estaba, como dijo el Espíritu, de imaginar las proporciones que tomaría el conjunto del trabajo. Los acontecimientos predichos sólo habrían de cumplirse después de que transcurrieran muchos años, tanto que hasta ahora aún no han ocurrido. Las obras que aparecieron hasta este momento han sido publicadas sucesivamente, y he sido inducido a elaborarlas a medida que las nuevas ideas se desarrollaran. De las que quedan por hacer, la más importante, la que podrá considerarse como la cúpula del edificio y que, en efecto, contiene los capítulos más espinosos, no podría ser dada a luz sin perjuicio antes del período de los desastres. Yo no veía por entonces más que un único libro, y no comprendía que este pudiera dividirse, mientras que el Espíritu aludía a los que habrían de sucederse, cuya publicación prematura presentaría inconvenientes.

“Disponte a esperar -dijo el Espíritu-; no prestes oídos a los impacientes que tratarán de empujarte hacia delante.” No faltaron los impacientes, y si yo los hubiese escuchado, habría arrojado a la nave de lleno contra los arrecifes. ¡Cosa sorprendente! Mientras unos me incitaban a andar más deprisa, otros me acusaban de no ir más lento. No escuché ni a unos ni a otros, y tuve siempre como brújula el desarrollo de las ideas. ¡De qué confianza en el porvenir no habría de estar animado a medida que veía realizarse lo que había sido predicho, y a medida que  comprobaba la profundidad y la sabiduría de las instrucciones de mis protectores invisibles!

El libro de los Espíritus 11 de septiembre de 1856

(En casa del Sr. Baudin; médium: Srta. Baudin)

Después de que procedí a la lectura de algunos capítulos de El libro de los Espíritus, relativos a las leyes morales, el médium escribió espontáneamente:

“Comprendiste perfectamente el objetivo de tu trabajo. El plan está bien concebido. Estamos satisfechos contigo. Continúa; pero sobre todo, cuando la obra esté concluida, ten presente que te hemos recomendado que la envíes a imprimir y que la difundas. Es de utilidad general. Estamos contentos y nunca te abandonaremos. ¡Confía en Dios y sigue adelante!”

Muchos Espíritus

Allan Kardec
Obras póstumas.

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