Creced

«Antes creced en gracia y en conocimiento de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo». Pedro (II Pedro – 3:18).

El hecho de destacarse preocupa constantemente la idea del hombre. El propio mendigo, andrajoso y hambriento, muchas veces permanece, orgulloso, con la expectativa de realzarse en el Cielo.

Habitualmente, sin embargo, toda ansiedad, referente a este particular, es un propósito mal dirigido hacia el crecimiento, que luego se transforma en un falso crecimiento. No sería, propiamente, el acto de desenvolverse, sino el de llenarse. Desde esta misma óptica, muchos aprendices inquietos pleitean altas remuneraciones financieras, favores del dinero fácil, elevación a puestos de autoridad, invocando la necesidad de crecer para la mayor eficiencia en el servicio del Cristo.

Esto, casi siempre es pura ilusión. Materializadas las exigencias, se transforman en servidores rodeados de impedimentos. El Maestro Divino, que organizó la vida planetaria al influjo del Eterno Padre, posee suficiente poder y, para la ejecución de su obra, no se demoraría esperando que ese o aquel de los aprendices, se convirtiese en especialista de determinados negocios del mundo.

El crecimiento, al que el Evangelio apunta, debe orientarse hacia la virtud cristiana y no al conocimiento de la voluntad divina. Aprenda cada uno su parte, en la esfera de nuestros deberes con Jesús. Atienda al programa de edificación que le compete, aunque que se encuentre solo o perseguido por la incomprensión de los hombres, y entonces estará creciendo en la gracia y en el discernimiento para la vida inmortal.

La Vida Verdadera «Solamente fuera de la existencia material podéis reflexionar acertadamente sobre la verdad. Apenas la vida espiritual es verdadera y eterna.»

Espíritu: Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier

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