El libro de los Espíritus.10 de junio de 1856

(En casa del Sr. Roustan; médium: Srta. Japhet)

Pregunta (a Hahnemann) – Puesto que en breve habremos concluido la primer parte del libro, pensé que para avanzar más deprisa podría pedirle a B… que me ayude como médium; ¿qué opinas?

Respuesta – Creo que sería mejor que no te sirvas de él.

P. – ¿Por qué?

R.- Porque la verdad no puede ser interpretada por la mentira.

P.- Aunque el Espíritu familiar de B… fuese la mentira, eso no impediría que un Espíritu bueno se comunicase a través del médium, siempre que no se evocara a ese otro Espíritu.

R.- Sí, pero aquí el médium ayuda al Espíritu, y cuando el Espíritu es embustero, él se presta a auxiliarlo. Aristo, su intérprete, y B… acabarán mal.

Nota – B… era un joven médium escribiente muy maleable, pero asistido por un Espíritu orgulloso, déspota y arrogante, que tomaba el nombre de Aristo, y que halagaba su tendencia natural al amor propio. Las previsiones de Hahnemann se cumplieron. El joven creyó que tenía en su facultad un medio para enriquecerse, ya fuese atendiendo consultas médicas o por medio de inventos y descubrimientos que rindieran utilidades, pero sólo cosechó decepciones y engaños. Transcurrido cierto tiempo nadie más oyó hablar de él.

Allan Kardec
Obras póstumas

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