Jesús y Dios II

“Padre mío, en tus manos entrego mi alma.”

El espiritismo va ganando terreno, no solo en los corazones, sino también en la conciencia de la Humanidad, en virtud de la lógica de su Doctrina y de la claridad con que estudia y elucida los problemas de la evolución espiritual. Y como los explica con simplicidad, sus adeptos se ven enfrentados cada día a más variadas exigencias, desde las más simples a las más  complicadas.

Se percibe en el hombre moderno, la ansia por el conocimiento. Y como alguien que está sediento, procura naturalmente, quitar su sed y ven en el Espiritismo, bajo la iluminación del Evangelio, a la fuente generosa que a todos ampara, en la sublime misión de servir. Innegablemente, viene siendo la Doctrina Espírita, el pozo de Jacob de la actualidad.

Localizado al margen del camino, ofrece a los viajeros la preciosa linfa del esclarecimiento y el consuelo. Siendo así, crece la responsabilidad de los que abrazan sus ideales renovadores, dado a que se tornan blanco de expresivas indagaciones, inclusive aquellas que se refieren a la personalidad de Jesús, quien, ante el parecer de mucha gente, es el propio Dios.

Aunque dispensando el mayor aprecio a la opinión de quienes así piensan, aceptan y difunden la idea de que Jesús y Dios no son la misma entidad, somos compelidos a abordar, con sincera cortesía, el delicado y trascendental problema. Coloquemos, sin embargo, a guisa de molde, las propias palabras del Maestro. Consultemos respetuosamente al Evangelio del Señor, resguardo de sus lecciones y relicario de sus palabras. Dejemos que las propias enseñanzas del Cristo de Dios hagan luz sobre el asunto, encuadrando el problema que tanto ha avivado la curiosidad de los hombres.

Los pasajes que ordenaremos a continuación, fueron extraídos del Nuevo Testamento. Todos ellos se reportan, con absoluta claridad, al asunto en estudio, dejándonos, por lo menos a nosotros los Espíritas, la convicción de que Jesús es uno, y Dios es otro. Uno es el Padre y otro es el Hijo.

Dios es el Creador del Universo.

Jesús es el Gobernador Espiritual de la Tierra.

El primero es el dador.

El segundo el receptor.

Reflexionemos entonces.

“La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.” – Juan 14:24

“¿Por qué me llamáis bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios.” – Lucas 18:19, Marcos 10:18, Mateo 19:17. –

“Porque he descendido del Cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.”- Juan 6:38

“Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago” – Juan 14:31

“…y cualquiera que me recibe, recibe al que me envió” – Lucas 9:48

“…Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios.” – Juan 8:40

“Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió.” – Juan 7:33

“Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre.” – Juan 14:16

“Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre es mayor que Yo.” – Juan 14:28

“Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa…” – Mateo 26:39

Más adelante, en el versículo 42 continúa la sublime e incomprendida conversación con Dios:

“Padre mío, si no puede pasar de mi esta copa sin que Yo la beba, hágase Tu Voluntad.”

Más adelante, sin embargo, el incisivo, admirable e indiscutido apuntamiento en Lucas 23:46: “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu.”

Jesús declara que la palabra oída no fue suya, sino del Padre.

Que él no es bueno, sino solo Dios lo es.

Que no descendió del cielo para hacer su voluntad, sino la de Aquel que Lo envió.

Que ama al Padre.

Que quién lo recibe, recibe a aquel que lo envió.

Que aprendió la verdad de Dios.

Que a de estar junto a Aquel que Lo envió.

Que rogará al Padre y Aquel nos enviará otro Consolador.

Que si lo amásemos, nos alegraríamos porque el se va al Padre.

Que el Padre es mayor de lo que es Él.

Pide que la copa sea apartada de él, de ser posible.

Que si no es posible, se haga la voluntad del Padre.

Finalmente, entrega en las manos de Dios su Espíritu, su alma.

Martins Peralva
Extraído del libro “Estudiando el Evangelio a la luz del Espiritismo”

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