Calma y auxilio

Trabaja siempre, pero no desprecies la calma en que te recuperas a fin de pensar con acierto. Eso es de la propia naturaleza. El río para mover la usina del progreso exige la represa en que las aguas se estacionan, antes de que se proyecten en el impacto de fuerzas técnicamente organizadas.

Conserva el camino del corazón accesible a todos los compañeros que te rodeen, muchos de ellos afligidos, rogándote concurso y consuelo.

Que tu sonrisa sea el portero de tus sentimientos, encorajándoles las energías.

En torno de ti, abundan los tristes, los torturados, los infelices, los desorientados y todos aquellos que, por falta de fe, se desviaron en el torbellino del desespero.

Repuntan de tu propia casa, de tu grupo de servicio, del barrio en que resides y de la ciudad en que te sitúas. Sé para ellos un refugio de paz y de esperanza.

Aprende a oír con paciencia para que puedas esclarecer con discernimiento y serenidad. Si te afliges con el problema que te traen, entrega la cuestión a Dios y mantente disponible, para que no te prives de la oportunidad de auxiliar.

Guarda la diligencia sin prisa y ofrece a todos los que te busquen el consuelo de lo que necesitan, a fin de que sigan adelante. Así comprenderás, con la bendición de la calma en ti mismo, que proseguirás con la oportunidad de construir incesantemente en el bien de los semejantes, reconociendo que el tiempo, en la vida de cada uno de nosotros, es una donación de preciosa de Dios.

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Guía a los corazones desorientados en las tinieblas.

Espíritu Meimei
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Palabras del corazón”

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